Iniciativa solidaria
Rostros que humanizan la soledad no deseada en el hospital
Una docena de voluntarios, con Romina Molina al frente, acompañan a mayores de residencias de Santiago que no cuentan con una red de apoyo cuando deben ir a Urgencias, a una consulta con el especialista o son ingresados por enfermedad

Voluntarios con el párroco de San Fernando, José María Pintos, y Romina Molina, delante con chaqueta gris / cedida

La soledad no deseada inherente al mundo en el que vivimos empieza a ser considerada como un problema con notables efectos perjudiciales para quien la sufre, y ante el que como sociedad debemos responder adecuadamente. Un problema que incide muy especialmente en personas de edad avanzada que han ido viendo cómo su círculo de amistades va mermando, ya sea porque se ven obligadas a trasladarse por falta de autonomía o porque se van muriendo.
¿Y qué pasa con esos mayores que viven en residencias y que no cuentan con ninguna red de apoyo cuando tienen que ser hospitalizados? Pues que ven aún más agudizada esa vulnerabilidad por la falta de una mano cercana que les ayude a desenvolverse durante todo ese proceso o que, simplemente, les acompañe para hacerles el ingreso más llevadero.
Contra esta realidad, desgraciadamente mucho más extendida de lo que de puertas hacia fuera de los centros hospitalarios se pudiera pensar, llevan ya casi dos años luchando en Santiago una docena de personas, agrupadas en torno al grupo Voluntariado de Acompañamiento Hospitalario, impulsado por Romina Molina y la hermana Lourdes Hernández.
Romina relata a EL CORREO GALLEGO que la idea surgió casi de forma espontánea, en una comida en la que «llamaron a una persona para decirle que había una mujer mayor hospitalizada que no tenía a nadie y si alguien podría acompañarla, y me ofrecí yo, aunque no la conocía de nada».
Recuerda que «pese a no ser muy mayor, su condición física estaba bastante afectada y necesitaba ayuda para comer», y que al ver que solo una de las otras dos pacientes que compartían habitación estaban acompañadas, «hablé con la hermana Lourdes porque entendí que si eso pasaba en una sola habitación, la magnitud de esta situación real en un hospital sería mucho mayor».
Fue así como se decidió a preparar «un protocolo para actuar en estos casos», dentro de una iniciativa que, como aclara, «aunque no es una actividad parroquial, sin el apoyo del párroco de la iglesia de San Fernando, José María Pintos, hubiese sido mucho más difícil». De hecho, a través de él entraron en contacto con las tres residencias de Santiago con las que colaboran. Señala que «cuando se lo planteamos, nos dijeron que adelante porque no hay nadie que se encargue de esta labor».
Con el visto bueno de las residencias, explica que el siguiente paso fue buscar voluntarios y se consiguió formar a doce personas para desarrollar una actividad que llevan acometiendo desde junio de 2024, y que arranca con la notificación por parte de esas residencias de que se precisa su ayuda porque, como aclara, «nosotros no podemos entrar en el hospital a ofrecer nuestra ayuda sin más».
Casi dos años en los que habrán prestado acompañamiento en una decena de traslados a urgencias, así como en siete ingresos hospitalarios y cuarenta consultas médicas. Todo ello con ese voluntariado de doce personas, si bien admite que en la actualidad de forma activa puede contar con siete.
Con un perfil muy variado en cuanto a edades, sexo y profesión de quienes han decidido sumarse a esta solidaria iniciativa, confiesa que no siempre es fácil y que «en los últimos meses me he planteado más de una vez si tenía sentido continuar con este proyecto porque somos pocos y no llegamos a atender todas las demandas ». De hecho, estima que habrán dejado sin atender hasta siete solicitudes por falta de voluntarios.
No obstante, recalca siempre a esos voluntarios durante las formaciones que «hacemos falta y los servicios que hemos realizado demuestran que lo hacemos bien».
De ahí que resalte la necesidad de contar «con una red consistente de gente comprometida» a la que, además de tiempo y ganas de desempeñar esta función, le pide principalmente «compromiso porque yo no puedo pensar que cuento con una veintena de personas y a la hora de la verdad solo me respondan cinco». Y añade que los interesados en sumarse qpueden contactar con este colectivo a través del whatsApp 676 729380 o en https://www.instagram.com/vaho_voluntarios/.
A punto de constituirse en asociación, que espera les otorgue una identidad propia y «nos abra más puertas», explica para quien se cuestione por el sentido de esta iniciativa lo gratificante que resulta «cuando te preguntan por qué estás perdiendo el tiempo con ellos, les contestas que estás ahí para acompañarlos y hasta se les saltan las lágrimas». «Puede parecer que no hacemos nada porque estamos sentados en una silla, a su lado, pero ese acompañamiento, ese mimo en una mano cuando lo están pasando mal, para ellos no tiene precio», subraya.
Desde el año pasado también han empezado a realizar ese acompañamiento con personas ingresadas con problemas psiquiátricos, con las que realizan salidas de dos horas para charlar o tomar un café fuera del recinto residencial, y han llevado a cabo charlas sobre salud mental en niños y adolescentes, así como en adultos, con el apoyo de profesionales de Psiquiatría del CHUS.
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