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La Humildad protagoniza la Semana Santa compostelana entre tradición y relevo generacional

Fundada en 2008, la hermandad vive un momento de crecimiento con fuerte presencia juvenil y asume este año el cartel y la propuesta del pregonero

De inspiración sevillana, consolida su identidad con traslados procesionales, ensayos desde enero y una intensa vida interna

Con más de 200 miembros, combina tradición, familia y esfuerzo colectivo en una Semana Santa cada vez más viva

Tres cofrades de la Humildad realizan preparativos previos en la imagen en la iglesia parroquial de Vite.

Tres cofrades de la Humildad realizan preparativos previos en la imagen en la iglesia parroquial de Vite. / Antonio Hernández

Arturo Reboyras

Arturo Reboyras

Santiago

En apenas tres lustros de vida, la Cofradía de la Humildad ha pasado de ser un proyecto incipiente a convertirse en una de las hermandades con mayor vitalidad de la Semana Santa de Santiago. Fundada en 2008 y con su primera salida procesional en 2009, esta cofradía de raíz relativamente reciente asume este 2026 un papel central: protagoniza el cartel oficial y ha propuesto el pregonero de una celebración que, como recuerda su presidente, «no es de una sola cofradía, sino de todos».

Al frente se encuentra Rubén Marcuño León, que encara su segundo año como presidente con una mezcla de orgullo y responsabilidad. La designación, explica, ha sido recibida «con gratitud y emoción», pero también con la conciencia de que supone representar a toda la Semana Santa compostelana. «Tienes que buscar una imagen y un cartel que no piense solo en Humildad, sino en el conjunto», señala sobre un proceso en el que la cofradía ha trabajado de la mano con la junta permanente. El resultado, obra de Adrián Villa, ha sido, a su juicio, «un muy buen cartel» para la ciudad.

Clara inspiración sevillana

La historia de la hermandad está marcada desde sus inicios por una clara inspiración sevillana. Su imagen mariana, adquirida a un imaginero de Sevilla y llegada a Santiago en 2012, define buena parte de su identidad estética y procesional. Ese sello se refleja también en detalles como el traslado de la Virgen, una práctica poco habitual en la ciudad que la Humildad ha recuperado frente a la tradición de transportar las imágenes en vehículos. «Creemos que es más apropiado que la gente pueda verla y disfrutar de una pequeña procesión», explica Marcuño.

Tres cofrades de la Humildad realizan preparativos previos en la imagen en la iglesia parroquial de Vite.

Tres cofrades de la Humildad realizan preparativos previos en la imagen en la iglesia parroquial de Vite. / Antonio Hernández

Ese traslado, que tendrá lugar este Sábado de Pasión (28 de marzo), conecta dos espacios clave en la vida de la cofradía: la parroquia de San Juan, donde la imagen reside durante el año, y Santa María do Camiño, epicentro de su actividad en Semana Santa. No es un simple movimiento logístico, sino un rito en sí mismo, una antesala que anticipa la intensidad de los días grandes.

120 cofrades en la procesión del Miércoles Santo

La dimensión humana de la cofradía es otro de sus rasgos distintivos. Actualmente cuenta con entre 220 y 230 miembros, de los cuales alrededor de 120 participarán en la procesión del Miércoles Santo (1 de abril), con una notable presencia de jóvenes y niños —entre 30 y 40— que garantizan el relevo generacional. «Al final arrastramos a los nuestros», reconoce el presidente, en referencia a ese carácter familiar que impregna la hermandad, donde padres, hijos y hermanos comparten compromiso y tradición.

Ese compromiso se traduce en un trabajo constante que comienza meses antes de la Semana Santa. Desde enero, los 21 portadores del trono ensayan las llamadas chicotás y coreografías, en un proceso que combina esfuerzo físico, coordinación y sensibilidad musical. «Todo tiene un previo ensayo, escuchar las marchas, preparar los movimientos… hay un trabajo duro detrás», subraya Marcuño.

La logística, sin embargo, va mucho más allá del desfile procesional. Montar el trono, trasladar materiales o preparar la imagen exige jornadas maratonianas. «En un día es inviable», admite. De hecho, los trabajos previos pueden prolongarse hasta altas horas de la madrugada y se distribuyen en varias fases: desde el montaje inicial hasta el exorno floral final, pasando por el delicado proceso de vestir la Virgen y disponer la candelería.

Compromiso colectivo

Todo ello se sostiene sobre una estructura colectiva en la que la implicación de los cofrades resulta fundamental. La organización recae en la junta de gobierno, pero se apoya en una red de hermanos que colaboran activamente. «Sin la ayuda de toda la gente sería muy complicado sacar algo así adelante», reconoce el presidente.

El aspecto económico constituye, precisamente, uno de los mayores desafíos. Las cuotas de los cofrades son la base de la financiación, pero no resultan suficientes, lo que obliga a la hermandad a recurrir a rifas, eventos y otras iniciativas para cubrir gastos. «Es lo que más cuesta y lo que más hay que trabajar», admite.

Pese a ese contexto, la cofradía atraviesa un momento de crecimiento. Lejos de la tendencia general de secularización, la Humildad no percibe un alejamiento de los jóvenes, sino todo lo contrario. «Cada año somos más», afirma Marcuño, quien ve en este fenómeno una señal de esperanza. «Parece que la juventud se está volviendo a acercar; creo que tenemos cancha de mejora».

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