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Un café que se hace en una hora: el secreto del bar de la Rúa da Senra para resistir desde 1931

Este local de Compostela mantiene desde hace 95 años el ritual de su café, elaborado con la receta original de su fundador

Manuel Torreira, camarero veterano de esta cafetería histórica de Santiago de Compostela, en el local.

Manuel Torreira, camarero veterano de esta cafetería histórica de Santiago de Compostela, en el local. / Jesús Prieto

Mesas de madera, sillas de un rojo vistoso en forma de corazón y una barra que ha visto pasar la vida de Compostela. Así es uno de los bares más longevos de urbe, al que los santiagueses se acercan desde que la ciudad tiene memoria para empezar el día con un desayuno o coronarlo con un buen café.

Porque es este néctar negro, tostado y elaborado con la receta original del fundador, lo que más les hechiza de este local de la Rúa da Senra. "Llevamos haciéndolo igual desde hace mucho. Es de Sabora y 100% natural", cuenta Manuel Torreira, uno de los camareros más veteranos del bar El Muelle.

El negocio en el que despacha a diario lleva 95 años en pie y puede que, por eso, esté más que curtido frente a cápsulas o prisas. Para llenar sus tazas, lo más importante que se precisa es la paciencia, ya que todo el proceso parte de una mezcla de grano molido que lleva "su tiempo".

Prepararla, supone, de hecho, "una hora", pero su éxito entre el público compensa cualquier esfuerzo invertido. "Se tarda un rato, pero ese es el secreto", asegura el empleado, que ha pasado más de 20 haciendo desfilar su bandeja por este rincón histórico de Compostela.

El Muelle, el bar que conquista Santiago desde hace casi un siglo

Fue en 1931 cuando El Muelle dio sus primeros pasos en la urbe. En aquella época, el sombrero fedora y los trajes de chaqueta se mezclaban por las calles con los clochés, los pañuelos y las faldas de paño, configurando un Santiago muy distinto del que hoy recorren los estudiantes.

También el bar de la Rúa da Senra era diferente al de entonces, aunque no difería tanto del que ya existía en los años 50. "Lleva prácticamente igual desde el 56, cuando tiraron lo que antes era una planta y un sótano y montaron todo el edificio", cuenta el camarero, que recuerda que los dueños "tuvieron que vender uno de los pisos para sufragar el gasto".

Se refiere a los abuelos de Pablo Iglesias, el actual propietario y tercera generación de un establecimiento que lleva prácticamente un siglo en manos de la misma familia. Al padre, "el señor Antonio", ya lo conoció en su día Torreira, que lo tiene grabado en la memoria como "un cacho de pan", pese a que tuviera, admite, cierto "carácter".

"La verdad es que me trataron como a un hijo. El día que cumplí 10 años en el bar me hicieron una fiesta y, a los 20, me organizaron otra", cuenta el trabajador, que está especialmente orgulloso de ser "el veterano de la zona junto a Juan el del Maycar".

Los clientes a los que atendía en sus inicios son "los mismos de hace 50 años", aunque, en los últimos tiempos, ha visto cómo la juventud ha empezado a sentarse a sus mesas. "Eso antes era una cosa más complicada, pero uno de los detalles por los que quiere apostar el jefe es la cultura y la música. Ahora la tenemos todo el día y también se tapea más que antes y hacemos cosas veganas", explica el empleado.

Así, los visitantes de hoy pueden disfrutar de opciones ante las que los primeros usuarios de El Muelle habrían enarcado las cejas sorprendidos, como un taco vegano de heura, una hamburguesa "de galo celta" o un kebab gallego. Pero también de repostería clásica como la tarta de Santiago y de sus aclamados churros, que convierten este negocio de la Rúa da Senra en un buen lugar en el que sobrellevar la ausencia del desaparecido café Paradiso.

Aunque la carta y el ambiente hayan sufrido ciertas modificaciones, parece que el público continuará teniendo la constante de su café centenario y del propio Torreira, que pretende seguir despachando en el negocio hasta su jubilación. "Solo me iría por dinero", apunta entre risas, mientras no deja de preparar las comandas de esta cafetería emblemática de Compostela.

En apenas unos años, el local cumplirá la friolera de un siglo y tanto él como el equipo de El Muelle ya empiezan a imaginar cómo van a celebrarlo. Aunque la meta, a un lustro vista, aún parece lejana. "Seguro que habrá mogollón de cosas culturales. Pero todo está en el aire todavía, primero tenemos que llegar ahí", concluye.

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