La visión de un comerciante sobre la caída de visitantes en Santiago
La odisea de mantener un puesto de recuerdos en la Quintana: "Hay días en los que no vendo nada"
Con la autoridad de quien tiene una dilatada experiencia a sus espaldas, Moncho dibuja un panorama sombrío para su sector. "De noviembre a febrero hay gente que no saca para cubrir los gastos", dice

El puesto de recuerdos de Moncho en la praza da Quintana de Santiago / El Correo Gallego
La semana pasada, el Instituto Nacional de Estadística publicaba los datos de la ocupación hotelera en Santiago durante el mes de febrero. Fue un nuevo jarro de agua fría para el sector turístico de la ciudad: si en enero se confirmaba una caída de once puntos respecto a 2025, el mes pasado la diferencia se elevó hasta los doce, pasando de un 46,9% al 34,9%. Un declive que no solo afecta a los hoteles de la capital de Galicia, como evidencia el caso de Moncho, un compostelano que regenta un puesto de recuerdos en la Quintana. "Hay días en los que no vendo nada", confiesa.

Una joven compra un recuerdo de Santiago en el puesto de Moncho en la Quintana / El Correo Gallego
Este veterano vendedor, que lleva cinco años en la emblemática plaza y 25 en las calles de Santiago, tiene "la piel curtida" pero, como recuerda a EL CORREO GALLEGO, para poder montar su puesto cada día debe abonar una tasa anual y estar dado de alta como autónomo. Unos gastos a los que se suma la competencia que generan las grandes franquicias de tiendas de souvenirs, cuyo número ha aumentado considerablemente en la zona vieja compostelana.
"Vendemos los mismos productos porque los proveedores son los mismos", explica Moncho, para quien "el visitante de Santiago viene buscando la sota, el caballo y el rey... quieren rosarios, conchas, imanes o la imagen de la Catedral". También incide en que, a pesar de que su puesto está ubicado en un sitio privilegiado de la ciudad, el turista "compra donde le cuadra".
En cuanto a la caída en las cifras de turistas que reflejan los últimos datos del INE, el vendedor recalca que actualmente el turismo se reparte más durante el año. Moncho recuerda el Santiago de hace dos décadas: "De aquellas, en septiembre, cuando empezaban los colegios, ya no había ningún turista. Ahora hay gente hasta octubre y a partir de Semana Santa también se empieza a notar que llegan más visitantes. Habitualmente, enero y febrero siempre han sido meses muertos y si sacas para pagar los autónomos aún bueno".

Dependiendo de la époce del año, hay días que los vendedores de recuerdos en Santiago no sacan para cubrir gastos / El Correo Gallego
Con la autoridad de quien tiene una dilatada experiencia a sus espaldas, Moncho explica que en su sector "de noviembre a febrero hay gente que no saca para cubrir los gastos". Para poder subsistir, "hay que meter más horas... yo a veces hago hasta doce diarias 30 días al mes, si no no compensa". Regentar un puesto como el suyo en Compostela, "no es como trabajar en una oficina con una nómina a final de mes... vienes aquí y aunque sea verano, si está lloviendo, a lo mejor ese día no vendes nada y no haces un duro", lamenta.
La visión de Moncho
Tras la caída de doce puntos en la ocupación hotelera en Santiago el sector ya ha apuntado a causas estructurales. Moncho tiene otra visión: sostiene que los altos precios de los hoteles, sumados a la limitación de la oferta de pisos turísticos en Santiago, reduce el número de visitantes que llegan a la ciudad: "Lo que no veo que favorezca es lo de (limitar) los pisos turísticos. Yo tengo dos hijos, y con mi mujer y conmigo somos cuatro. Con lo que gano aquí no puedo permitirme el lujo de irme a Tenerife y alojarme en un hotel de cinco o cuatro estrellas, porque es un dineral... pero si hay un piso turístico donde puedo hacerme la comida aunque un día vaya a algún restaurante, ya es otra cosa", opina.

Turistas en Santiago cargando con sus maletas por la prza do Obradoiro / Antonio Hernández
Moncho argumenta su postura a favor de los pisos turísticos de la siguiente manera: "Yo sé que los que mandan dicen que los pisos turísticos limitan la vivienda para los de aquí, pero pienso que eso no es cierto. Aunque no haya pisos turísticos, tanto en el casco viejo como el Ensanche las viviendas son inalcanzables, porque un trabajador que gana 1.500 euros... ¿Cómo va a comprar un piso de 400.000 euros o de un millón como los que están haciendo en Romero Donallo? Esto no es cuestión de los pisos turísticos, es cuestión de que la vivienda está desorbitada".
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