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Un siglo dando de comer a Santiago: "Mi abuela sigue llamando para ver si hay clientes"

Cuatro generaciones familiares marcan la historia de este emblemático obrador y casa de comidas, que conquista Compostela desde la Rúa do Hórreo

Victoria Seoane, la hija de la fundadora del establecimiento, posando con una de sus empanadas.

Victoria Seoane, la hija de la fundadora del establecimiento, posando con una de sus empanadas. / Cedida

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A sus 96 años, Victoria Seoane se sigue sintiendo como si estuviera detrás del mostrador. "Me llama todos los días para ver si hubo clientes. La verdad es que se entera de todo, nunca ha sido de quedarse dormida en los laureles", cuenta con ternura su nieto, Ricardo Chorén.

Él es quien ha heredado la gerencia del negocio familiar, que ya lleva cuatro generaciones en la Rúa do Hórreo dando de comer a Santiago. Lo comenzó su bisabuela Rosalía hace más de un siglo, y lo continuó más tarde su hija, cuyo nacimiento inspiró el nombre que, desde aquella, no ha desaparecido del callejero de la ciudad: Victoria 1929.

La protagonista de tales honores está a la altura y continúa acercándose a esta casa de comidas siempre que "se lo permiten las piernas". El recorrido suele repetirse: un par de veces por semana, la nonagenaria cruza el umbral y se da una vuelta por el espacio, observando atentamente cualquier modificación y recordando, quizá, los tiempos en los que aún era solo una lechería.

Hoy, el negocio también ofrece productos gourmet y un servicio de platos preparados hechos in situ, "como los que se comen en casa". Porque en Victoria han cambiado ciertas cosas, pero las principales se mantienen: el amor por la artesanía y un rostro femenino -ahora, "el de la tía María"- para guiar a los visitantes en su viaje gastronómico.

María Victoria Sánchez, en la casa de comidas que fundó su familia hace más de un siglo en Santiago.

María Victoria Sánchez, trabajando en Victoria 1929. / Jesús Prieto

Victoria 1929, un negocio centenario "con alma femenina"

Aunque la historia de Victoria 1929 es un sello de garantía, el olor que se desprende de su obrador es el único reclamo real que necesita el comercio. Especialmente el de su famoso caldo de grelos gallego, que se despacha a decenas durante los meses de más frío, y el de sus albóndigas caseras.

En el terreno de los panificados, este negocio histórico de Compostela es conocido por sus empanadas y por sus tartas de Santiago y de queso. Los productos gourmet -"el único segmento que no dominan aún las grandes operadoras"- también triunfan entre la clientela, a la que atiende desde hace años una de las hijas de Victoria, María Victoria Sánchez.

Porque las mujeres, dice Chorén, siempre han sido las que han sacado adelante este comercio de la Rúa do Hórreo. "El alma de este negocio siempre ha sido femenino. Mi abuela estuvo 60 años trabajando en él, desde la adolescencia, y ahora quien atiende al público es mi tía", explica el gerente.

Aun así, hay quien todavía se refiere a este obrador artesano como "la de Manolito", en recuerdo al marido de la fundadora. Allí tenía un despacho de billetes de autobuses, con los que Rosalía recogía la leche de las aldeas del Ulla para que los productores no tuvieran que desplazarse hasta la capital.

María Sánchez, la hija de Victoria, aún recuerda aquellos días en los que repartían leche "a todo Santiago". "Aquí teníamos a un grupo de mujeres que la llevaban a todas partes, desde al sanatorio hasta a los hoteles. Luego se fueron metiendo a repartir pan y el negocio fue evolucionando", explica sobre el local, que se acabó transformando en una suerte de ultramarinos.

En verano, "cuando las vacas daban más leche" y el calor complicaba su conservación, Victoria se remangaba la camisa para hacer queso. Era, dice Chorén, una mujer "fuerte y con iniciativa", que fue capaz de vadear más de medio siglo de historia adaptándose a los giros de las décadas.

En la actualidad, su misión de alimentar a Santiago continúa, de una forma casi inevitable, de la mano de sus descendientes, que le han tomado el relevo con el mismo espíritu de supervivencia. "La verdad es que es instintivo. Quizá no era mi destino, pero vas encontrando tu camino porque es algo que has visto toda la vida. Al final, la familia y el negocio son casi uno".

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