Comercio
Setenta años de historia en 10 metros cuadrados: «Queremos dejar huella en lo que hacemos»
Talleres El Arco, fundado en 1957, mantiene viva la reparación de máquinas en plena era del consumo rápido
Su propietario, Alfredo Míguez, también realiza trabajos de restauración y destaca que comercios como el suyo «ya no existen»

Alfredo Míguez, en el interior de Talleres El Arco, en el número 6 de la Praza de Mazarelos, en el casco histórico de Santiago. / Jesús Prieto

Talleres El Arco, ubicado en el número 6 de la Praza de Mazarelos, en pleno casco histórico de Santiago, parece detenido en el tiempo. En apenas diez metros cuadrados, su interior está repleto de máquinas de coser y de escribir, calculadoras o pesas, testigos, en muchos casos, de otra época. Alfredo Míguez continúa hoy el negocio que inició su padre en 1957, y en solo unos meses este emblemático establecimiento cumplirá 70 años de historia.
Ajeno al ritmo de la era tecnológica actual, este pequeño comercio se ha convertido en un lugar casi único en Santiago, donde los objetos no se sustituyen, sino que se reparan y se les da una segunda vida. «Ya no quedan tiendas como esta, este espacio es mucho más que una tienda, por su clientela y por la forma de hacer las cosas», destaca Alfredo Míguez en conversación con EL CORREO, solo unos minutos después de atender a una vecina de Padrón que ha dejado a reparar una máquina de coser.
«Arreglo unas 14 a la semana, además de registradoras, TPV, pesas o calculadoras. Y también me dedico a la restauración», indica O fillo do do Arco, tal y como lo bautizaron desde pequeño, cuando con solo 8 años pasaba muchas horas en el negocio que, en 1957, abrió su padre, también llamado Alfredo Míguez, en este local situado en el histórico arco de Mazarelos.
Escribir, coser, calcular y pesar
«Era maestro de mecánica, y ese año abrió el taller en este pequeño local. Y ya en el año 1974, con el traslado del taller a un local de la rúa Tránsito dos Gramáticos, se convirtió en tienda, bajo el paraguas de todo aquello relacionado con ‘escribir, coser, calcular y pesar’», relata Alfredo, quien asumió el negocio familiar tras el fallecimiento de su padre, en 1993. Maestro de profesión, también trabajó en el negocio de telefonía, entre otras actividades. Además, destaca, orgulloso, que colocó muchas de las balanzas de los puestos de la Praza de Abastos de Santiago, así como en otros puntos de Galicia.
'Picheleiros', turistas...
En cuanto a la clientela que recibe un local de estas características, señala que el perfil es muy variado, desde personas de Santiago de toda la vida a turistas de diferentes países del mundo que deciden entrar para ver todas las joyas que trabaja en la tienda, y hasta muchos jóvenes que acuden, sobre todo, para reparar máquinas de coser. En este sentido, detalla que es habitual la presencia de alumnos de la Escola Mestre Mateo en Talleres El Arco, un negocio que parece ajeno al paso del tiempo, y cuyo propietario tiene clara su esencia: «Queremos dejar huella en lo que hacemos».
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