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La frutera de Santiago que ha visto crecer Santa Marta: "Lo de apretar el melón para ver si está bien no sirve de nada"

La comerciante cumple un cuarto de siglo en el barrio, en el que empezó cuando aún "no había Mercadona"

Luz María Castiñeiras, en su frutería de Santa Marta.

Luz María Castiñeiras, en su frutería de Santa Marta. / Jesús Prieto

Hace 25 años, Luz María Castiñeiras tomó una decisión que le cambió la vida: cogió todo lo que había aprendido en la frutería del supermercado en el que trabajaba y se lanzó a montar su propio negocio en un barrio, Santa Marta, que por aquel entonces tenía solo "cinco casas" y algunas fincas.

Era un tiempo en el que "no había Mercadona", ni la gente se acercaba a pedir frutas tropicales. "O da moda do aguacate e dos arándanos antes non estaba. Só o pedía algún cliente que estivera fóra, pero agora o consumo é máis variado", cuenta la comerciante, que celebrará a mediados de abril su cuarto de siglo surtiendo a Compostela desde la Froitería A Horta.

Aunque ahora existen varios establecimientos con ese nombre en Santiago, Castiñeiras reivindica la antigüedad de su negocio asentado en Santa Marta de Arriba. "A primeira que houbo con ese nome foi esta. Tiven sorte, porque fun unha das primeiras en instalarme no barrio e, como foi medrando, sempre foron chegando novos clientes".

A muchos los conoce desde pequeños y otros le siguieron desde su anterior puesto entre cajas de manzanas y ciruelas. "Cando vin aquí, xa coñecía a moitos. Primeiro vendinlle aos pais e agora estoulles vendendo aos fillos. Ao final son moitos anos e é o cliente de barrio o que nos fai estar aquí", cuenta.

Froitería A Horta, 25 años y 14 horas diarias para atender a Santa Marta

Aunque son los taberneros los que se llevan el mérito de dar los consejos más valiosos, fruterías como A Horta no se quedan lejos. Castiñeiras, por ejemplo, ha ayudado a varios a derribar alguno de los mitos más extendidos en relación a la fruta, como el truco para saber escoger la mejor pieza.

A pesar de lo que suele decirse, los toques estratégicos en la cáscara no son, necesariamente, una buena idea. "O de apretar o melón para ver se está ben non serve de nada. E, no resto, a pel pode ceder porque xa está mallada", explica la trabajadora, que menea la cabeza cuando ve a un cliente aplicando estos métodos.

El sabor, dice, ya está en realidad decidido cuando la mercancía llega a los expositores. "Se recollen a froita cando está verde, vai madurar como queira. E, probablemente, madure mal, porque non foi collida no seu punto", indica la comerciante. Igual de vital es que sea "o máis fresca posible". "É importante que non esté almacenada en cámaras, como fan os que traballan con grandes producións. Nós imos ao produto fresco e ese é o único xeito que temos de competir coas grandes superficies".

Así, con un producto escogido y "co bo trato", es como A Horta se ha mantenido en pie durante este último cuarto de siglo, envuelta en una vorágine de trabajo que empieza mucho antes de que el primer cliente cruce la puerta. Porque lo cierto es que, cuando Castiñeiras sube la verja a las 9.30 horas de la mañana, ya lleva a sus espaldas más de cuatro horas de deberes.

"Empezo ás cinco da mañá, porque teño un almacén onde está a mercadoría e teño que traela á tenda e colocala toda", cuenta Castiñeiras, que admite que la suya es una labor "moi dura".

En total, cada día es capaz de echar alrededor de unas 14 horas atendiendo su establecimiento, en el que están, a pesar de todo, "moi contentos de ter chegado ata aquí". Para agradecérselo al vecindario -los verdaderos responsables, insisten, del hito-, la próxima semana tendrán "un detalle" con los clientes que se acerquen al negocio, en el que Castiñeiras espera seguir despachando sus naranjas y sus mandarinas "polo menos, ata a xubilación".

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