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La joven de Santiago que inmortaliza recuerdos en resina: "Hay encargos que empiezas con lágrimas"

Sara Blanco, conocida en redes como Atesourada, transforma las flores más especiales de sus clientes en joyas para toda la vida

La artesana Sara Blanco, creadora de Atesourada, posa con algunas de sus joyas hechas con flores en Santiago.

La artesana Sara Blanco, creadora de Atesourada, posa con algunas de sus joyas hechas con flores en Santiago. / ECG

En el momento en el que aterrizan en las manos de Sara Blanco, las flores empiezan a vivir para siempre. Y, con ellas, los recuerdos a los que van asociados: un aniversario de boda, la primera cita con un gran amor o, incluso, las rosas de esa corona con la que se despide a los que más se quiere.

En ocasiones, el ejemplar entero llega al cuarto de esta creadora gallega dentro de una caja de zapatos, o en forma de un simple pétalo que debe convertir, a la primera, en un colgante de resina y acero. "A veces solo tengo una oportunidad y, en esos casos, intento tranquilizarme y que no me tiemblen las manos. Pero siempre me ha salido bien. Al final, los encargos con retos son los que más me gustan", asegura la joyera, que inició hace cinco años la firma Atesourada.

El proyecto, que ya supera los 50.000 seguidores en redes sociales, se fragua de lunes a domingo en una habitación "de tres metros cuadrados". En los picos de mayor actividad, puede haber más de un centenar de pedidos desafiando las leyes de la física en largas torres desde el suelo o incluso conquistando, si se les abre la puerta, otras estancias de su hogar en Compostela.

Con el Día de la Madre a la vuelta de la esquina y unos 200 encargos que convertir en joyas, la lucha contra los lirios y las orquídeas por algo de espacio ya es un caso perdido. "Tengo la casa llena de flores. ¡Las tengo hasta en la cocina!", cuenta entre risas la artesana, que comenzó experimentando con el epoxi por afición y acabó convirtiéndolo en una empresa con la que ya triunfa tanto dentro como fuera de Galicia.

Fue hace poco más de dos años cuando decidió apostar al completo por una idea que, en principio, parecía una locura. "Antes hacer joyas con flores no era nada común y mis padres se asustaron cuando les dije que iba a dejar el trabajo. Pero yo lo usé como una forma de tener más fuerzas para demostrar que podía. Me dije: ¿No confían? ¡Pues van a confiar!", recuerda la joven.

Sara Blanco, con un iris enmarcado en resina.

Sara Blanco, con un iris enmarcado en resina. / ECG

Por aquel entonces, Blanco -filóloga de profesión- trabajaba en una academia de francés y trataba de hacer sus joyas en los huecos que deja un horario de oficina. Pero los pedidos fueron en aumento y lo tuvo claro: "Si nunca das el paso y tu trabajo son 8 horas al día, no tendrás energía para dedicarle a tus proyectos. Al final, todo es el esfuerzo que le pongas".

Atesourada, la firma que colabora con Zara desde una habitación de Santiago

En el poco tiempo que lleva con su firma, Blanco ya ha colaborado con marcas de la talla de Zara Kids. Apenas llevaba un año con Atesourada cuando le contactaron desde la firma de Amancio Ortega para crear unos pines, un encargo que se repitió de nuevo hace un mes. "Tardé mucho en procesarlo, no me lo esperaba para nada", asegura la diseñadora, que ideó doce unidades con pequeñas flores para una sesión de fotos.

Algunos de los pines diseñados por Sara Blanco para Zara Kids.

Algunos de los pines diseñados por Sara Blanco para Zara Kids. / ECG

Para realizarlos, la joven no dudó en dirigirse a Galeras, su parque de confianza cuando se trata de recoger material para sus colecciones de joyas. A la hora de crear sus anillos y colgantes también cuenta con la ayuda de una floristería vecina -su "contacto", apunta entre carcajadas-, que la avisa de los últimos especímenes que llegan a su escaparate.

Con los ejemplares recogidos, llega el momento de secar las flores una a una -un proceso que tarda al menos siete días-, y estudiar cómo plasmar en su mayor viveza sus colores y texturas. Entremedias, Blanco se reparte entre las clásicas tareas de la vida de una autónoma: contestar mensajes, grabar vídeos para sus redes y preparar pedidos, algunos de los cuales llegan con cartas de esas que hacen que respirar resulte, de repente, un poco complicado.

"Hay encargos que empiezas con lágrimas. Muchas de las flores que me mandan son de funerales y eso es muy fuerte, como el pedido de unas amigas que perdieron a una chica del grupo hace poco", explica la joven.

Otras veces, las historias describen instantes de felicidad, aunque también presentan desafíos técnicos que requieren templanza. "Con el pedido con el que más tensión pasé fue con una chica que me pidió hacer un anillo con el pétalo de una cita. Lo había tenido en la funda del móvil durante años. ¡Imagínate cómo estaba eso!", dice Blanco, que sabe que no trabaja solo con naturaleza.

El valor real de sus joyas, asegura, no está en los materiales ni en el trabajo artesanal, sino en las vivencias que conserva en resina cuando la flor ya está engarzada. Un pedazo de cariño que, a partir de entonces, sus protagonistas podrán llevar consigo a todas partes, para no olvidar nunca los momentos más importantes de su vida.

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