Inclusión social
Sembrar un huerto para cosechar integración
El programa Agarimo Espacio Familiar de Cáritas estrenó el pasado mes de marzo en Carreira do Conde su huerto urbano. Una iniciativa para niños y niñas en situación de vulnerabilidad.

Lucía, Ana y Mar posan junto a los participantes de 'Sembrando valores' en su huerto urbano / Antonio Hernández

Mientras el debate político actual se concentra en una batalla dialéctica más que nada electoralista alrededor de la regularización de migrantes, en la Carreira do Conde se esconde un oasis de verdadera integración y acogida. Se trata del huerto urbano que desde el mes de marzo se cultiva en el patio interior del local de Cáritas Diocesana de Santiago y en el que participan 18 niños y niñas de familias migrantes.
Agarimo Espacio Familiar, integrado en Aura, desarrolla allí los miércoles y los jueves su proyecto 'Sembrando valores', una iniciativa en la que participan niños y niñas que ya forman parte de los talleres de Cáritas y que se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad. Nueve pequeños que cursan Primaria (de 6 a 12 años) y otros tantos jóvenes de Secundaria (de 13 a 18) cultivan los jueves y los miércoles, respectivamente, sus fresas, sus lechugas o sus acelgas dentro de este programa.
EL CORREO GALLEGO compartió con ellos una de estas jornadas, junto a Ana (voluntaria) y Lucía (en prácticas) y a la educadora Mar Gómez. "Tratamos de transmitir el cuidado y el autocuidado", explica Mar Gómez de 'Sembrando valores', "es algo simbólico, es un espacio vivencial y experiencial en el cual lo que tratamos es, no sólo de cuidar lo que es la naturaleza y el espacio, sino de trasladarlo hacia nosotros mismos".
Una forma de cuidarse y aprender, pues también hay paneles explicativos sobre los tipos de plantas que están cultivando, como las acelgas, o las flores, como las margaritas. En el patio interior se distribuyen las jardineras con lechugas, fresas, acelgas... Cada una de ellas leva el nombre de uno de los niños, aunque como cuenta la monitora "el trabajo es siempre colectivo".
Por todas partes podemos ver carteles con palabras como respeto, autocuidado, creatividad. Cada uno de los niños no sólo tiene un pequeño huerto, sino que también escogió una de esas palabras y así, el grupo trabaja el significado de estos conceptos. "El primer día yo elegí es palabra: Empatía", cuenta espontáneamente una de las niñas, mientras dos de las más pequeñas se afanan por enseñar su propio huerto y lo bien que crecen sus fresas.
El ambiente en este patio de Carreira do Conde es activo, bullicioso, divertido... Las niñas mayores preguntan a la educadora si el próximo curso podrán volver a participar de esta actividad. Síntoma de que uno de los objetivos de 'Sembrando valores' ya está conseguido: crear un clima familiar y colaborativo donde el niño se sienta seguro.
El otro objetivo, lograr unas riquísimas lechugas, acelgas y fresas también se está logrando, y en los últimos días los niños han podido llevar a sus casas lo que ya han cosechado, y disfrutar en familia del producto de su trabajo.
Conciliación
La procedencia de estos jóvenes horticultores es venezolana, peruana y colombiana y llevan en Santiago algunos más de un año, otros tan sólo cuatro meses. Muchos forman parte de familias que aquí son monoparentales, emigra la madre y se queda el padre, y los niños en este caso se reúnen con su progenitora al cabo de algún tiempo.
La situación laboral de una madre migrante es todavía menos compatible con la conciliación que la de una madre compostelana, lo que en muchos casos las obliga a dejar a los niños sólos en casa. "Con este huerto también luchamos contra la soledad", recuerda Mar Gómez, además de favorecer que estas madres tengan un lugar donde sí poder conciliar.
Además, Agarimo cuenta con una psicóloga de terapia emocional, que ayuda a los niños y a las familias a expresarse y cuidarse, y afrontar mejor una vida en un país nuevo, un nuevo colegio, una nueva ciudad y horas de espera a que mamá vuelva del trabajo.
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