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Controversia científica

Un físico de la USC y otro de Sevilla refutan un estudio estadounidense que atribuía al cambio de hora graves riesgos para la salud

Los profesores Jorge Mira y José María Martín, de la Universidade de Santiago y de la de Sevilla, respectivamente, apuntan que los resultados de la investigación de Stanford son "una ilusión matemática"

El catedrático de la USC Jorge Mira refuta en una carta junto al profesor José María Martín un estudio estadunidense sobre los efectos negativos en la salud del cambio de hora.

El catedrático de la USC Jorge Mira refuta en una carta junto al profesor José María Martín un estudio estadunidense sobre los efectos negativos en la salud del cambio de hora. / Iago Lopez

Koro Martínez

Koro Martínez

Santiago

"Lo que el mundo leyó como una evidencia científica contra el cambio de hora ha resultado ser una ilusión matemática”. Así de contundentes se muestran José María Martín Olalla y Jorge Mira sobre un artículo en el que se relacionaba el cambio de hora estacional con riesgos para la salud, tanto de sintomatología aguda -ya sea infartos o accidentes cerebrovasculares- como crónica, como puede ser la obesidad.

La investigación a la que hacen referencia, dada a conocer el otoño pasado y cuya autoría es de Lara Weed y Jamie M. Zeitzer, de la Universidad de Stanford, fue publicada en la misma revista PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences), en la que ahora el profesor de la Universidad de Santiago Jorge Mira y el de la de Sevilla José María Martín firman una carta en la que apuntan que las conclusiones de aquel estudio no están soportadas por indicios reales.

Con una gran repercusión a nivel mundial por lo que suponía lo que afirmaban Weed y Zeitzer, ambos utilizaron la base de datos Places (Population Level Analysis and Community EStimates), realizada por el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) y que contiene información sobre la prevalencia de 29 síndromes o enfermedades a nivel local. Los datos de Places fueron contrastados con un modelo circadiano que desarrollaron los autores.

Grave error en sus bases metodológicas

Para Martín Olalla y Mira, el estudio de los estadounidenses incurre en un grave error en sus bases metodológicas, puesto que el modelo original computa la diferencia entre el ritmo del reloj biológico -ritmo circadiano, determinado por la hora a la que la temperatura corporal es mínima- y el ritmo de la rotación terrestre. Esta diferencia representa el “ajuste circadiano necesario para mantener la sincronización con el mundo exterior”, según los autores del trabajo original. Los efectos globales en la salud de las personas se infieren de la suma anual de estos reajustes diarios, pero al hacer este cómputo los autores acumulan siempre la magnitud del reajuste, con independencia de si ese fue positivo o negativo. “El uso de reajustes absolutos y no reajustes reales es el error crítico”, subrayan los dos físicos españoles , que muestran que esta metodología solo proporciona el ruido del modelo y, por tanto, no puede predecir efectos netos en la salud.

Conclusiones sin sentido

El catedrático de la USC Jorge Mira explica que “lo que hacen los autores no tiene mucho sentido; es como si al conducir, registrásemos los pequeños reajustes que se hacen moviendo el volante a un lado y otro, y que ayudan a mantener el coche en el carril, para computarlos todos en el mismo sentido y reportar un valor grande, en vez de compensarlo", y añade que "con su cómputo sería lo mismo mantener un rumbo fijo haciendo pequeños reajustes con el volante a un lado y otro (lo que ocurre realmente), que desviarte poco a poco girando y girando en un mismo sentido hasta acabar yendo en sentido contrario", por lo que "solo esto refuta las conclusiones del estudio".

Contra el cambio de hora

El profesor Martín Olalla incide en que “analizamos las tripas del modelo y vimos que el reajuste diario era pequeño, similar a la precisión temporal del modelo, y fluctuante: unos días en un sentido, otros en el contrario; sin una tendencia global que lleve a una desincronización significativa, todo como corresponde realmente a un reajuste". Entiende que "en consecuencia, el acumulado anual de estos reajustes era cero, incluso con cambio de hora", y señala que "la métrica que usan parece escogida con la intención de que la política actual del cambio de hora obtenga los peores resultados porque los reajustes que traen el cambio de primavera y el de otoño contribuyen en el mismo sentido, en vez de compensarse". Considera que "los resultados del estudio parecen una autoprofecía cumplida", ya que ·el reajuste acumulado absoluto que reportan es unas 20 horas al año, pero no es más que un promedio de unos 3 minutos por día, unas veces en un sentido y otras en otro; con la información aportada en el estudio se hace difícil entender cómo este valor tan débil, un 0.3%, puede relacionarse epidemiológicamente con la prevalencia de enfermedades".

Cuestionan las expectativas previas de los autores

Al finalizar su carta, los profesores Martín Olalla y Mira formulan una pregunta fundamental: ¿qué expectativas previas tenían los autores del trabajo original cuando pensaron en asociar aspectos sociosanitarios globales con el ruido de su modelo? “No vemos ninguna hipótesis previa o ningún nexo causal que justifique el análisis que se realiza en el estudio original. Esto invalida la metodología del estudio y, por tanto, las consecuencias que reportaron: sus autores no pueden concluir que la eliminación del cambio de hora traería una disminución de la prevalencia de la obesidad o de los ataques agudos”, afirman.

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