Lavacolla entra en 'modo avión': así fue el primer día de obras y sin vuelos en el aeropuerto de Santiago
La terminal, sin pasajeros pero con personal de mantenimiento y servicios mínimos, contrasta con la intensa actividad en la pista
Solo una cafetería permanece abierta mientras el resto de negocios baja la persiana por el cierre de 35 días
Cientos de operarios y maquinaria pesada trabajan ya en la renovación del pavimento

El aeropuerto de Santiago amaneció este jueves en ‘modo avión’, es decir, sin su sonido habitual. Ni colas en los mostradores, ni anuncios de embarque, ni el trasiego constante de pasajeros arrastrando maletas. En su lugar, un silencio extraño, poco habitual en una infraestructura acostumbrada al movimiento continuo, marcaba el inicio del primer día de cierre total de Lavacolla. Una imagen inédita que, sin embargo, no equivale a inactividad: mientras la terminal permanece prácticamente vacía, la pista ya es un hervidero de maquinaria y operarios trabajando a pleno rendimiento.
Nada más cruzar las puertas del aeropuerto, la sensación es la de un espacio detenido, aunque no abandonado. No hay viajeros, pero sí presencia de personal. Trabajadores de mantenimiento, operarios y empleados de servicios continúan con su actividad en un entorno que ha cambiado radicalmente de ritmo. En la zona de salidas, una grúa eléctrica rompe la imagen de normalidad: varios operarios realizan trabajos en los techos del área de facturación, aprovechando el parón para avanzar en tareas que, en condiciones normales, serían mucho más complejas de ejecutar.
La vida en la terminal se reduce ahora a mínimos. Solo una cafetería permanece abierta, dando servicio al personal que sigue trabajando en el aeropuerto y a los equipos vinculados a la obra. El resto de locales ha echado el cierre. En alguno de ellos, como en otra cafetería cercana, la actividad se limita ya a las últimas labores antes del parón: inventario, limpieza y preparación para una reapertura que no llegará hasta finales de mayo. En el quiosco, la imagen es aún más elocuente: las revistas y la prensa todavía en el suelo junto a la persiana evidencian que la actividad comercial se ha detenido por completo desde el primer día.

Jesús Prieto
En la única cafetería operativa, el ambiente es funcional, muy lejos del bullicio habitual. Carmen, encargada de la limpieza del local, explica que este periodo se aprovechará para tareas internas: “Aproveitarase para atender aos clientes que veñan e facer limpeza a fondo e cousas así”. La actividad se reduce a lo esencial, con una clientela formada casi exclusivamente por personal del propio aeropuerto y trabajadores de las obras. “Os clientes son os poucos que hai estes días no aeroporto: persoal, servizos mínimos, subcontratas…”, añade, al tiempo que confirma que la plantilla se ha reorganizado para afrontar el parón: “Vacacións e ERTE”.
El modelo se repite en prácticamente todos los negocios de la terminal. La mayoría de empresas ha optado por fórmulas mixtas para su plantilla, combinando periodos de vacaciones con expedientes de regulación temporal de empleo. Un parón obligado por la ausencia total de clientes que deja a estos trabajadores en una situación de pausa durante las próximas semanas.
Formación para la nueva ruta a Nueva York
Aun así, no todo es cierre o inactividad. Entre los pocos movimientos que se registran en el interior, destacan perfiles poco habituales en un aeropuerto sin vuelos. Es el caso de varias tripulantes de tierra que estos días permanecen en Santiago en plena formación. “Estamos en formación porque, con la apertura, vienen compañías nuevas”, explica una azafata de la empresa South. La preparación está directamente vinculada a la llegada de nuevas rutas internacionales, entre ellas la conexión con Nueva York. “Viene United y llevamos una formación de tres semanas. Es todo: check-in, embarque… hay que prepararse para ellos”, detalla. Mientras tanto, la plantilla se adapta como puede a la situación: “La gente o va a ERTE, o va a A Coruña a trabajar, o se queda en formación”.
En paralelo, ya se dejan ver signos del futuro inmediato. En la terminal ha quedado instalado el mostrador de atención de United Airlines, que operará la ruta directa con Nueva York tras la reapertura. Un contraste llamativo en un aeropuerto que, de momento, permanece sin pasajeros. En otros servicios, la actividad continúa con relativa normalidad. Es el caso del parking, donde los trabajadores seguirán operando durante todo el periodo de cierre, centrados en tareas de mantenimiento. También el personal técnico de Aena permanece en activo, encargado de garantizar el funcionamiento y la conservación de la infraestructura durante estas semanas sin vuelos.
Maquinaria en funcionamiento
Pero más allá de la terminal, es en el exterior donde se percibe con mayor claridad el cambio de escenario. En las inmediaciones del aeropuerto, especialmente en la zona próxima a los accesos y a la gasolinera, la imagen es la de una gran obra en marcha. Camiones, excavadoras, bulldozers, maquinaria de asfaltado y vehículos de todo tipo se acumulan en las explanadas, mientras decenas de operarios esperan instrucciones o se preparan para iniciar su jornada. Entre ellos, trabajadores de distintas procedencias, incluidos equipos de empresas subcontratadas, algunas de ellas portuguesas.
La actividad se intensifica aún más en la pista. En la zona sur, la más próxima al municipio de Boqueixón, las máquinas ya trabajan sin descanso en las primeras fases de la intervención. El levantamiento del asfalto antiguo ha comenzado y el movimiento es constante: vehículos entrando y saliendo, operarios desplazándose y equipos avanzando en una obra que moviliza a cientos de trabajadores. La sensación es la de una transformación acelerada, como si el aeropuerto, detenido en su función habitual, se hubiera convertido en un gran espacio industrial.
Peregrinos desorientados
En medio de este nuevo paisaje, también hay lugar para la desorientación. Algunos viajeros se acercan todavía hasta la terminal sin ser plenamente conscientes del cierre. Es el caso de dos peregrinas alemanas que, tras llegar el día anterior, buscaban esta mañana un autobús hacia Sarria desde el aeropuerto, o de varios caminantes que intentaban alquilar un vehículo en los pocos mostradores aún operativos. Escenas puntuales que reflejan el contraste entre la planificación del cierre y su impacto real sobre quienes llegan sin información suficiente.
Así transcurre el primer día sin vuelos en Lavacolla: con una terminal en pausa, actividad mínima en servicios y una obra que avanza a gran velocidad. Un escenario que se mantendrá durante 35 días y que deja una imagen poco habitual del aeropuerto de Santiago, transformado por completo en un espacio donde el ruido de los aviones ha sido sustituido, al menos por ahora, por el de la maquinaria pesada.
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