El parón de Lavacolla golpea al alquiler de coches: cierran dos empresas y el sector prevé pérdidas de hasta el 95%
El sector atribuyen la decisión a la caída de pasajeros y al cierre temporal del aeropuerto; y ya anticipa un desplome casi total del negocio durante más de un mes

Uno de los últimos aviones que aterrizó este miércoles en el aeropuerto de Santiago antes de su cierre definitivo durante 35 días por las obras en la pista. En primer plano, la arenera que se ha improvisado junto a la infraestructura para la reposición del pavimento. / Antonio Hernández

El impacto del cierre del aeropuerto de Santiago y de la caída sostenida de pasajeros comienza a extenderse más allá de la terminal y deja ya sus primeras consecuencias visibles en el tejido empresarial vinculado a la actividad aérea. Dos compañías de alquiler de vehículos que operaban en el entorno de Lavacolla, Record Go y Drivalia, han cesado su actividad en las últimas semanas, en un movimiento que el sector interpreta como un síntoma adelantado del escenario al que se enfrenta el aeropuerto compostelano.
Según ha podido saber este periódico, ambas empresas echaron el cierre hace aproximadamente un mes, en un contexto marcado por la pérdida de tráfico en la terminal y la inminente interrupción total de la actividad durante 35 días por las obras de la pista. Aunque las dos compañías no operaban directamente dentro del edificio aeroportuario, su negocio dependía en gran medida del flujo de viajeros, al ofrecer servicio de recogida mediante transporte lanzadera desde el aeropuerto hasta sus instalaciones, situadas en las inmediaciones de la antigua carretera de Lavacolla.
Su salida se produce en un momento especialmente delicado para el aeropuerto de Santiago, que arrastra una caída de pasajeros cercana al 30 % en los últimos meses, en buena medida tras el cierre de la base de Ryanair y la consiguiente reducción de rutas. A esta tendencia se suma ahora el cierre total del aeródromo desde este jueves y hasta el 27 de mayo, un parón que elimina por completo el tránsito de viajeros y, con él, la base de actividad de buena parte de los negocios vinculados al aeropuerto.
Pese a este escenario, el resto de compañías de alquiler de vehículos —nueve en total— mantendrán su actividad durante el periodo de cierre, aunque con una previsión de desplome casi total de la demanda. Fuentes del sector consultadas por este diario señalan que la caída del negocio durante estas cinco semanas se situará entre el 70 % y el 95 %, un margen que refleja la dependencia directa de este tipo de empresas respecto al tráfico aéreo.
La continuidad de estas compañías se explica, en parte, por la diversificación de su actividad. Muchas de ellas operan también en el ámbito del renting o trabajan con aseguradoras ofreciendo vehículos de sustitución, lo que les permite sostener una mínima actividad al margen del aeropuerto. Aun así, el volumen principal de ingresos seguirá desapareciendo mientras no haya vuelos.
En el plano laboral, la situación reproduce el patrón ya observado en otros negocios vinculados a la terminal. Las empresas han optado mayoritariamente por fórmulas mixtas que combinan periodos de vacaciones con reducciones de actividad o medidas temporales de regulación de empleo. Según trasladan fuentes del sector, buena parte de los trabajadores aprovechará estas semanas para realizar tareas de mantenimiento de flota, reorganización del parque de vehículos y preparación de cara a la campaña de verano, en la que se espera un repunte significativo de la actividad con la recuperación de las operaciones aéreas.
Este ajuste anticipado en el sector del 'rent a car' se suma al impacto ya previsto en la actividad comercial del propio aeropuerto. Las estimaciones apuntan a que el cierre de Lavacolla provocará pérdidas superiores a los cinco millones de euros en tiendas y establecimientos de restauración de la terminal, al desaparecer durante 35 días el flujo de cerca de 300.000 pasajeros. Una cifra que no incluye los efectos indirectos sobre negocios externos como los de alquiler de vehículos, cuyo modelo depende igualmente de ese tránsito constante de viajeros.
El cierre de Record Go y Drivalia evidencia, en este sentido, cómo la contracción del tráfico aéreo no solo afecta a la infraestructura en sí, sino que se traslada a todo el ecosistema económico que gira en torno al aeropuerto. Empresas que, aunque no estén físicamente dentro de la terminal, dependen de ella como principal fuente de clientes y que ven cómo la combinación de caída de pasajeros y cierre temporal reduce drásticamente su viabilidad.
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