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El batallón de Lavacolla: 400 operarios trabajan contrarreloj en la nueva pista del aeropuerto de Santiago

La renovación del pavimento moviliza a cientos de trabajadores y maquinaria en una actuación clave para la seguridad aérea

La obra, valorada en más de 26 millones, debe ejecutarse en solo 35 días de cierre total

Hoteles y restaurantes del entorno absorben parte del impacto con la llegada de operarios y subcontratas

Operarios y maquinaria trabajando sobre la pista de aterrizaje del aeropuerto de Santiago.

Operarios y maquinaria trabajando sobre la pista de aterrizaje del aeropuerto de Santiago. / Jesús Prieto

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Arturo Reboyras

Arturo Reboyras

Santiago

Mientras el aeropuerto de Santiago permanece cerrado al tráfico aéreo y la terminal acusa el impacto económico de la ausencia de pasajeros, en la pista se despliega una actividad frenética que funciona a modo de contrapeso. Allí, donde hasta hace apenas unos días aterrizaban y despegaban aviones de forma continua, trabajan ahora cerca de 400 personas en una operación que no admite retrasos. Es el otro lado del cierre: un auténtico batallón de operarios movilizado para ejecutar en apenas 35 días una obra de enorme complejidad técnica y estratégica.

La intervención, centrada en la renovación del pavimento de la pista, constituye la fase más crítica de un proyecto más amplio impulsado por Aena y valorado en más de 26,6 millones de euros. El calendario es tan exigente como inamovible: el aeropuerto debe permanecer cerrado hasta el 27 de mayo para permitir la retirada completa del asfalto antiguo y su sustitución por una nueva capa que garantice la operatividad futura de la infraestructura. Se trata, en la práctica, de una obra contrarreloj en la que cada jornada cuenta y en la que cualquier desviación podría comprometer los plazos de reapertura.

Planta de asfalto instalada temporalmente dentro del aeropuerto de Santiago

Planta de asfalto instalada temporalmente dentro del aeropuerto de Santiago / Aena

Para afrontar este reto, las empresas adjudicatarias —Padecasa Obras y Servicios, Infraestructuras Conelsan y la gallega F. Gómez y Cía— han desplegado un dispositivo de gran escala en el que participan no solo sus plantillas, sino también numerosas subcontratas. Sobre el terreno, esta estructura se traduce en una presencia constante de maquinaria pesada, vehículos de obra y equipos humanos que se reparten por distintas zonas de la pista en turnos coordinados. La imagen es la de una gran infraestructura industrial en funcionamiento continuo.

Parte de estos trabajadores proceden de fuera de Galicia. En los primeros días de obra ya se ha podido constatar la presencia de operarios de empresas portuguesas, con vehículos desplazados hasta el entorno del aeropuerto para participar en los trabajos. Esta diversidad responde a la necesidad de concentrar en un corto espacio de tiempo todos los recursos disponibles para ejecutar una actuación de gran volumen.

Las cifras dan cuenta de la dimensión del proyecto. La intervención contempla el uso de unas 73.000 toneladas de nuevo pavimento, que será producido dentro del propio recinto aeroportuario en plantas provisionales instaladas específicamente para la obra. Esta solución permite garantizar el suministro continuo de material y reducir los tiempos de transporte, un factor clave en una operación donde la rapidez es determinante. Además, en determinadas zonas de la pista se alcanzarán profundidades de actuación de hasta 1,28 metros, lo que evidencia el alcance estructural de los trabajos.

Arenera instalada en el aeropuerto de Santiago

Arenera instalada en el aeropuerto de Santiago / Antonio Hernández

La actuación no se limita al reasfaltado. Incluye también la renovación del sistema de balizamiento, la mejora del drenaje en el campo de vuelos y la adecuación de las áreas de seguridad a ambos lados de la pista. Todo ello con un objetivo claro: prolongar la vida útil de la infraestructura y garantizar las condiciones de seguridad necesarias para la operativa aérea.

Reservas en hoteles cercanos a la obra

Este despliegue técnico y humano contrasta con el impacto económico que el cierre está provocando en la terminal, donde comercios y negocios afrontan pérdidas millonarias por la desaparición de pasajeros. Sin embargo, la obra también genera un efecto indirecto en el entorno más próximo al aeropuerto. La llegada de cientos de trabajadores ha incrementado la ocupación en hoteles de la zona de Lavacolla y en áreas próximas como San Lázaro, donde se han registrado reservas vinculadas a los equipos desplazados.

El sector de la restauración también percibe este movimiento. Aunque el flujo de viajeros ha desaparecido, bares y restaurantes cercanos al aeropuerto mantienen actividad, especialmente en horario de mediodía, dando servicio a los operarios que participan en la obra. Un volumen de clientes muy distinto al habitual, pero que amortigua parcialmente el impacto del cierre.

Todo este dispositivo responde a una premisa básica: la obra no puede fallar. La calidad del resultado final está directamente vinculada a la seguridad de las operaciones aéreas una vez el aeropuerto reabra. De ahí la concentración de medios, la coordinación entre empresas y la intensidad de los trabajos desde el primer día.

Durante estas semanas, Lavacolla vive así una transformación total. Sin vuelos ni pasajeros, el aeropuerto funciona como un gran centro de obra donde cada jornada acerca un poco más la reapertura. Detrás de ese objetivo, un ejército de 400 trabajadores avanza a ritmo constante sobre el asfalto, en una carrera contra el tiempo que marcará el futuro inmediato de la principal infraestructura aeroportuaria de Galicia.

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