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La Policía Nacional defiende su actuación contra el trapicheo en Santa Marta: “No basta con saberlo, hay que demostrarlo"

Asegura que mantiene patrullas constantes y operativos encubiertos mientras los vecinos denuncian falta de resultados

Los agentes subrayan que las investigaciones contra el tráfico de droga requieren tiempo y pruebas

Coches de la Policía Nacional y Local en la avenida de Barcelona, en el barrio de Santa Marta de Santiago.

Coches de la Policía Nacional y Local en la avenida de Barcelona, en el barrio de Santa Marta de Santiago. / Antonio Hernández

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Arturo Reboyras

Arturo Reboyras

Santiago

La Policía Nacional ha reforzado su presencia en el barrio compostelano de Santa Marta ante las denuncias vecinales por tráfico de drogas, especialmente en el entorno del conocido como Banco del Pobre. Así lo han confirmado fuentes policiales, que aseguran que se han incrementado las patrullas y que se están desarrollando tanto labores de prevención como investigaciones específicas contra la venta de sustancias estupefacientes al por menor.

“Se aumentaron las frecuencias de las patrullas por la zona y también se está incidiendo con grupos camuflados”, explican desde la comisaría, en referencia a dispositivos policiales no uniformados que actúan principalmente en horario nocturno. Estas unidades se centran en la identificación y control de personas vinculadas al consumo o posible distribución de droga, con el objetivo de recabar pruebas que permitan actuaciones posteriores de mayor alcance.

Desde la Policía subrayan que este tipo de intervenciones no ofrece resultados inmediatos, ya que requieren un trabajo prolongado en el tiempo. “No basta con saberlo, hay que demostrarlo”, indican. En este sentido, detallan que el procedimiento habitual pasa por la elaboración de actas por consumo o tenencia de drogas, así como la acumulación de indicios que permitan a los grupos de estupefacientes avanzar en la investigación. “Cuando hay un volumen suficiente de pruebas, se finaliza el operativo con entradas y registros autorizados judicialmente”, explican.

En relación con uno de los puntos señalados por los vecinos, el inmueble conocido como Banco del Pobre, las mismas fuentes aclaran que el hecho de que se trate de una propiedad privada no supone un obstáculo para la actuación policial. “En el momento en que el juez autoriza una entrada y registro, da igual que sea una vivienda en propiedad”, precisan, insistiendo en que todo depende de la solidez de las pruebas recabadas durante la investigación.

Respecto a la supuesta existencia de nuevos métodos de distribución, como el uso de “mochileros” que trasladarían droga a otras zonas de la ciudad, la Policía se muestra prudente. “En situaciones así, cualquier movimiento que los vecinos consideran extraño lo asocian directamente con el trapicheo, pero muchas veces no tiene nada que ver”, señalan, sin confirmar de forma explícita ese cambio en el modelo de distribución denunciado por la plataforma vecinal.

Presión policial constante

Pese a ello, desde la comisaría insisten en que la presión policial se mantiene constante. “No se ha aflojado en ningún momento”, aseguran. Según explican, además de las patrullas uniformadas, los agentes de paisano realizan controles selectivos sobre personas conocidas en el ámbito delincuencial. “Se va sumando información, se realizan intervenciones cuando es posible y todo eso alimenta las investigaciones del grupo de estupefacientes”, añaden.

Estas declaraciones llegan después de que la plataforma vecinal Santa Marta Segura denunciara públicamente que, un año después de sus movilizaciones, el tráfico de drogas continúa activo en el barrio, aunque con cambios en su funcionamiento. Los vecinos sostienen que la actividad persiste en puntos concretos como el Banco del Pobre y la denominada 'casa de la palmera', y critican la falta de resultados visibles pese a la colaboración ciudadana.

Mientras la Policía defiende que el trabajo operativo sigue en marcha y responde a los tiempos propios de la investigación judicial, el malestar vecinal continúa creciendo ante una situación que consideran enquistada. Dos visiones contrapuestas que reflejan la complejidad de un problema que, por el momento, sigue sin una solución definitiva.

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