María José, vecina de Mallou que perderá su casa por el nuevo barrio: "Es una tomadura de pelo y vamos a pelear"
Los propietarios cuestionan las condiciones de compensación ofrecidas por la Xunta
El nuevo eje viario del barrio obligará al derribo de al menos dos viviendas en la zona de As Cancelas

Una de las casas de Mallou que serán expropiadas y derribadas para la construcción del nuevo Ensanche Norte de Santiago / Antonio Hernández

El futuro desarrollo del denominado Ensanche Norte de Santiago, que contempla la construcción de unas 3.600 viviendas tras la reciente aprobación inicial del PIA por parte de la Xunta, empieza a tener ya nombres y direcciones concretas. En la calle Mallou de Abaixo, a escasos metros del campo de fútbol de As Cancelas, dos viviendas de considerables dimensiones se perfilan como las primeras afectadas por el derribo para poder llevar a cabo el proyecto urbanístico.
Ambos inmuebles, situados frente a frente, se encuentran directamente en el trazado previsto para una de las principales vías estructurantes del nuevo barrio. Esta arteria conectará la avenida de Asturias con el área de As Cancelas, configurándose como uno de los ejes clave de movilidad interna del desarrollo.
Una de las casas permanece actualmente deshabitada —en su día albergó un restaurante—, mientras que en la otra habita la familia propietaria, que construyó la vivienda hace aproximadamente tres décadas. Es en esta última donde reside una de las voces que ya han comenzado a expresar su malestar por las condiciones planteadas en el proceso de expropiación.
María José confirma a EL CORREO que ya han sido notificados de la expropiación y derribo de su casa y que incluso han mantenido contactos recientes con responsables autonómicos. Según explica, este mismo martes acudieron a una reunión en la Xunta junto a otros afectados por el desarrollo urbanístico, en la que también había vecinos de otras zonas incluidas en el ámbito del plan. El director del Instituto Galego de Vivenda e Solo (IGVS), Heriberto García, situó en ocho el número total de viviendas afectadas, un extremo que los propios vecinos corroboran, aunque matizan que el impacto inmediato en esta zona concreta se centra en dos casas, que según el proyecto, desaparecerían directamente del mapa.
Parcela con edificabilidad equivalente a la de la vivienda actual
Sin embargo, más allá de las cifras, la principal preocupación de los propietarios gira en torno a las condiciones de compensación. “Nos darían suelo, pero no nos pagarían una nueva vivienda”, resume María José, quien reconoce que las explicaciones recibidas hasta el momento son vagas y generan incertidumbre. Según relata, la propuesta pasaría por adjudicarles una parcela en la zona con una edificabilidad equivalente a la de su actual vivienda, aunque sin asumir el coste de construcción.
“Los metros que tenemos edificados nos los darían para edificar, pero no se sabe cómo”, explica. Una fórmula que, en la práctica, considera insuficiente. “Por la casa nos pagarían, pero ¿a qué precio? No nos va a compensar nada”, añade, cuestionando tanto la tasación como el alcance real de la indemnización.
La familia asegura que era consciente desde hace años de que su vivienda estaba incluida en el ámbito del desarrollo —“ya contábamos con que esto iba a pasar”—, pero no esperaban que el proceso se resolviese en estos términos. “Pensábamos que iba a ser de otra manera”, lamenta, calificando la situación de “tomadura de pelo”.
El principal escollo, subraya, es la imposibilidad de reproducir las condiciones actuales de vida con las compensaciones planteadas. La vivienda afectada es de grandes dimensiones, lo que complica cualquier alternativa. “No nos pueden dar una casa de 140 metros”, señala María José, apuntando que ni siquiera se les ha ofrecido una solución basada en la entrega de varias viviendas o pisos en sustitución, pese a que el director del IGVS ha apuntado que sí se compensará una vienvienda a quien pierda la actual.
La incertidumbre es, a día de hoy, total. “Está todo en el aire”, resume la afectada, insistiendo en que no hay claridad sobre si la compensación se materializaría en suelo, en viviendas o en otro tipo de fórmula mixta. Mientras tanto, la familia mantiene una postura firme: no aceptará las condiciones actuales sin negociación. “Vamos a pelear”, afirma.
El desarrollo del nuevo barrio de Mallou avanza así en paralelo a las primeras tensiones con los vecinos directamente afectados, en un proceso que, previsiblemente, irá sumando más casos a medida que el planeamiento avance hacia su aprobación definitiva. Lo que por ahora es un gran proyecto urbanístico de ciudad empieza, sobre el terreno, a traducirse en historias concretas de pérdida, incertidumbre y negociación.
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