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El 30% de los migrantes acogidos en Santiago logró establecerse en la ciudad: “É unha aportación moi positiva”

El antiguo colegio Junior's echará el cierre el próximo 30 de junio tras la clausura meses atrás del dispositivo habilitado en Monte do Gozo

El Foro Galego de Inmigración destaca la inserción laboral lograda en sectores como la construcción, la logística o la hostelería

Refugiados africanos acogidos en los centros habilitados en Santiago

Refugiados africanos acogidos en los centros habilitados en Santiago / Jesús Prieto

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Arturo Reboyras

Arturo Reboyras

Santiago

El cierre definitivo del dispositivo de acogida habilitado en el antiguo colegio Junior's el próximo 30 de junio pondrá fin a la presencia en Santiago de los dos grandes centros abiertos en la ciudad durante la crisis migratoria de 2024. Sin embargo, más allá del cierre administrativo y del final de un operativo extraordinario que durante meses concentró la atención política y social, el balance que realizan desde las entidades que trabajaron directamente con estas personas deja un dato especialmente significativo: hasta un 30% de los migrantes que pasaron por estos recursos logró quedarse en Santiago, iniciando procesos de integración laboral y residencial que hoy ya forman parte de la realidad cotidiana de la ciudad. La cifra total resulta difícil de cuantificar debido a la constante rotación de personas entre los distintos dispositivos de acogida.

Así lo explica el presidente del Foro Galego de Inmigración, Miguel Fernández, que considera que una parte importante de las personas acogidas consiguió estabilizar su situación gracias al trabajo conjunto de entidades sociales, administración local y tejido empresarial. “Os que quedan están asentados na cidade”, resume Fernández, que insiste en que muchas de estas personas “xa viven, xa residen e xa están aquí”, después de haber iniciado su estancia en Galicia dentro de los programas estatales de acogida derivados de la llegada masiva de migrantes a Canarias.

Los dos grandes dispositivos habilitados entonces en Santiago —el de Monte do Gozo y el del antiguo colegio Junior's— llegaron a concentrar a decenas de personas dentro del sistema estatal de protección internacional. Monte do Gozo fue el primero en cerrar y ahora será Juniors el que baje definitivamente la persiana a finales de junio, culminando así un proceso que desde el principio las organizaciones sociales consideraban temporal. “Parecía que ía ser algo permanente, pero nós xa sabiamos que non o era. Estes centros van cambiando”, explica Fernández, recordando que el funcionamiento habitual de este tipo de programas implica aperturas, traslados y cierres progresivos en función de la evolución de los expedientes de asilo y de la situación administrativa de las personas acogidas.

Según señala el representante del Foro Galego de Inmigración, el dispositivo de Junior's llegó a albergar unos ochenta migrantes, aunque la cifra ha ido reduciéndose en los últimos meses. Las ONG que gestionan estos recursos, como Rescate, prevén que aquellas personas que continúan pendientes de la resolución de sus solicitudes de asilo o que todavía forman parte del programa estatal sean trasladadas a otros centros disponibles en Galicia. “As persoas que queden pendentes da solicitude de asilo ou coa solicitude concedida e sexan susceptibles de seguir no programa, o que veñen facendo habitualmente é trasladalos a outro lugar”, explica Fernández, que recuerda que las entidades disponen todavía de otros dispositivos activos en territorio gallego.

Integración social y laboral

Más allá de la gestión administrativa del cierre, el Foro Galego de Inmigración pone el foco especialmente en el proceso de integración social y laboral que se produjo durante estos meses. Fernández considera que esa era precisamente la principal aspiración que defendían desde el inicio de la llegada de migrantes a Santiago: que parte de esas personas pudieran establecerse en Galicia, acceder a empleo y convertirse en nuevos vecinos de la ciudad. “Era un pouco o que nós demandábamos ao principio, que ao final fosen persoas que se quedan a vivir aquí, que se converten tamén en traballadores e que incorporen a súa riqueza”, señala.

La inserción laboral se concentró especialmente en sectores con dificultades para encontrar mano de obra. La construcción fue uno de los principales ámbitos de contratación, después de que numerosos migrantes participasen en cursos de formación específicos. También hubo incorporaciones relevantes en el ámbito de la logística, la almacenaje y los trabajos vinculados al polígono industrial del Tambre. En menor medida, parte de las personas acogidas encontraron salida en la hostelería o en actividades desarrolladas en entornos rurales gallegos. “Van cubrindo un pouco os sectores e as necesidades que ofrece a cidade de Santiago”, resume Fernández.

El representante del Foro destaca además la colaboración desarrollada por empresas compostelanas y entidades sociales para facilitar estos procesos de inserción. Entre los ejemplos que menciona figura la participación de varios migrantes en programas formativos vinculados a empresas del Tambre, que posteriormente acabaron derivando en contrataciones laborales. “Houbo unha boa disposición por parte tamén da sociedade en xeral e da administración”, sostiene Fernández, aunque matiza que durante los primeros momentos de la crisis existieron también deficiencias organizativas por parte de la Delegación del Gobierno, especialmente en relación con la atención a personas que quedaban fuera del sistema de acogida.

Evitar casos de desprotección

Precisamente esa sigue siendo una de las principales preocupaciones del colectivo. Fernández insiste en la necesidad de evitar que personas cuya solicitud de asilo es denegada terminen quedando desprotegidas o sin alternativas residenciales. “O que esperamos é que non quede xente colgada por aí”, advierte. Durante estos meses, algunas de estas personas tuvieron que recurrir a recursos de emergencia o dispositivos pensados inicialmente para otros perfiles de exclusión social, una situación que las organizaciones sociales llevan tiempo reclamando corregir.

Junto al impacto laboral y residencial, desde el Foro Galego de Inmigración también subrayan el efecto social y cultural que ha dejado la llegada de estos nuevos vecinos a Santiago. Fernández pone como ejemplo las actividades interculturales organizadas por la entidad, donde el año pasado ya comenzaron a incorporarse propuestas gastronómicas de distintos países africanos elaboradas precisamente por personas que habían iniciado su proceso en los centros de acogida de la ciudad. “Son persoas destas que se foron quedando por aquí, que empezaron a traballar, que se foron formando. É unha aportación moi positiva”, explica.

El cierre del centro de Juniors supondrá así el final visible de uno de los episodios más relevantes vinculados a la acogida migratoria reciente en Santiago. Pero para una parte de quienes llegaron entonces a Galicia, el final del dispositivo no representa una salida, sino el comienzo definitivo de una nueva vida ya integrada en la ciudad.

El ejemplo del Tambre

La inserción laboral de parte de los migrantes acogidos en Santiago tiene ejemplos concretos en iniciativas impulsadas desde el tejido empresarial compostelano. Uno de ellos es el de uno de los últimos cursos de formación organizados por la Asociación de Empresarios del Tambre, en los que participaron recientemente ocho jóvenes africanos procedentes de los dispositivos de acogida habilitados en la ciudad.

Según explica el presidente de la entidad, José Fernández Alborés, los ocho participantes acudieron “responsablemente todos los días” a las sesiones formativas y tres de ellos ya consiguieron trabajo en empresas de construcción, reparación de bicicletas y materiales. Los otros cinco continúan realizando prácticas, principalmente en compañías vinculadas al sector de la construcción, con opciones de incorporarse posteriormente a las plantillas. Fernández Albores destaca además que cerca del 70% de las personas que participan en estos programas de inserción acaba encontrando empleo.

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