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La cantera de la que salió la piedra para el Hostal dos Reis Católicos en 1501: a 300 kilómetros de distancia en el corazón de Portugal

Un estudio del CSIC ha rastreado hasta cerca de Coímbra los terrenos de la piedra de Ançã, utilizada para los pilares del emblemático edificio compostelano

Así es la piedra caliza de Ança en la zona de Castanhede

Así es la piedra caliza de Ança en la zona de Castanhede / Rotadabairrada

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Martín García Piñeiro

Martín García Piñeiro

Santiago

Un viaje imposible de más de 300 kilómetros por río, mar y tierra fue el que hizo posible que el Hostal dos Reis Católicos de Santiago se levantase sobre unos pilares de piedra llegados del corazón de Portugal. Un desafío logístico que cobra todavía mayor dimensión si se tiene en cuenta que era el siglo XVI, con todas las limitaciones de la época. Hoy, 525 años después, un estudio del investigador del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) y del CSIC David Martín Freire-Lista ha localizado las canteras originales de las que salieron esas rocas.

Y no se trata de una piedra cualquiera, sino de la piedra de Ançã, conocida como la piedra blanca de Coímbra y que acabó inmortalizada en la estructura que sostiene uno de los edificios más emblemáticos de Compostela y de toda Galicia.

Según desvela el CSIC, el geólogo Freire-Lista, junto a Fernando Figueiredo y Maria Helena Henriques, recorrieron no solo el rastro de las canteras sino también la red de caminos que la llevaron hasta Santiago.

Así, el estudio expone que en el subsuelo del municipio de Cantanhede, a unas leguas de Coimbra, se encontraba una caliza jurásica, formada en mares antiguos, donde las aguas quietas permitieron que los lodos más finos se depositaran. Con el paso de los milenios, aquella materia se compactó hasta adquirir una estructura "homogénea, porosa y suave al trabajo", que son las principales características de esta roca caliza.

Hostal dos Reis Católicos, levantado como hospital en el siglo XVI

Hostal dos Reis Católicos, levantado como hospital en el siglo XVI / Jesús Prieto

De Figueira da Foz a Arousa

En las canteras de Ançã, Portunhos, Pena, Vila Nova o Fornos los canteros arrancaban los bloques a golpe de herramienta. Esa era la parte fácil del trabajo, ya que a partir de ahí, cada sillar iniciaba un viaje en carro hasta los puntos de embarque, de los que partía en barcas por canales y ríos, siguiendo el curso del Mondego hasta alcanzar el mar en lo que hoy es Figueira da Foz.

De esta forma llegaban por vía marítima la ría de Arousa, desde donde pequeñas embarcaciones remontaban el río Ulla hasta el puerto fluvial de Padrón, según reconstruyen los investigadores. Desde ese punto, los bloques continuaban por tierra, avanzando hasta la ciudad donde los Reyes Católicos habían ordenado levantar un hospital en piedra.

Entre 1501 y 1511, bajo la dirección de Enrique y Antón Egas, se erigió el Hospital Real, símbolo del Renacimiento y de la presencia de la Corona en Santiago. La piedra de Ançã fue utilizada para crear los pilares calados del crucero del edificio, que son parte de los soportes sobre los que se asienta la estructura.

Un descubrimiento con dos casualidades

Aunque Coimbra resulta de sobra conocida en Galicia, el pequeño municipio de Cantanhede donde se encuentra la cantera histórica no lo es. Sin embargo, la casualidad quiso que algunos compostelanos sí ubiquen este pueblo en el mapa, ya que este mismo mes una delegación de un centenar de trabajadores municipales lusos de Cantanhede peregrinaron al Obradoiro, donde fueron recibidos de forma oficial en Raxoi. Al final, la relación histórica de ambos pueblos va mucho más allá de esta visita xacobea.

Pero el descubrimiento de estas canteras originales y de la ruta que siguió la piedra desde tan lejos para acabar en la Praza do Obradoiro se produce además en plena polémica por la obra de restauración del edificio, en concreto por la intervención sobre las gárgolas de su tejado, ya que fueron modificadas con tubos metálicos de alto impacto visual que han generado un reguero de quejas vecinales e incluso alguna pequeña crisis institucional. Ahora convendría investigar si la piedra de esas gárgolas, al menos de alguna de ellas, también tiene ADN portugués.

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