Área Sanitaria de Santiago y Barbanza
Dentro de la unidad de rehabilitación cardíaca del CHUS: «Algunos pacientes dicen que nunca se habían sentido mejor en su vida»
La evidencia científica demuestra que este ejercicio terapéutico lograr reducir al 3% los reingresos en el primer año y al 1% la mortalidad a tres
Con una media de edad de 61 años, el tabaquismo está relacionado en siete de cada diez pacientes de los tres mil atendidos en una década
Cuenta con sedes en el Clínico, el Barbanza, A Estrada y Lalín

El responsable de la Unidad de Rehabilitación Cardíaca del CHUS, Carlos Peña (de verde), junto a parte del personal de Enfermería. / Cedida

«El ejercicio terapéutico de forma pautada no es una recomendación; si uno quiere cuidar su salud y minimizar los riesgos de un evento cardíaco, tiene que entender el concepto de ejercicio terapéutico como si estuviéramos hablando de un fármaco». Así de contundente se muestra el responsable de la Unidad de Rehabilitación Cardíaca del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago, Carlos Peña, sobre los beneficios de un programa que lleva ya una década en marcha en el Área Sanitaria de Santiago y Barbanza, donde en este período de tiempo se ha atendido a unos tres mil usuarios.
Con cuatro sedes en la actualidad –en el Clínico compostelano, el Hospital da Barbanza y los centros de salud de A Estrada y Lalín–, el cardiólogo incide en que «desarrollar el hábito del ejercicio terapéutico es muy importante para mejorar el promedio de supervivencia de los pacientes y cambiar determinados patrones porque al final la gente se alimenta mejor, cuida más su composición corporal, deja de fumar...». Y es que, como subraya en conversación con EL CORREO GALLEGO, «el ejercicio físico es una palanca para ese cambio de hábitos», llegando incluso a haber «pacientes que han sufrido un infarto y que con la rehabilitación dicen que nunca se habían sentido tan bien en su vida».
Respaldo de la evidencia científica
Más allá de las sensaciones, Carlos Peña pone el acento en los resultados basados en la evidencia científica, puesto que asegura que «estos programas de rehabilitación cardíaca han demostrado que mejoran el pronóstico, que hay menos recaídas por infartos y menos muertes cardiovasculares». «Hay evidencia científica de que este enfoque holístico, con un equipo de cardiólogos, enfermeras, médicos rehabilitadores, psicólogos y fisioterapeutas, mejora el pronóstico de quien acude». De hecho, cifra en «menos del 3% la tasa de reingresos en el primer año» de estos usuarios, «cuando antes estaba en el 9%», con una mortalidad cardiovascular a los tres años del 1% y, aunque admite que «esto no significa que las enfermedades se curen, sí ayuda a retrasar los eventos y a ese mejor pronóstico», con la consiguiente ventaja, tanto para la salud de la propia persona como en cuanto a la optimización de recursos, ya que además «facilita la reincorporación laboral».
Prevalencia del tabaquismo
Respecto al perfil, señala que en su mayoría son personas que han tenido un infarto o una revascularización quirúrgica, con una media edad de 61 años y predominantemente hombres, tres de cada cuatro de los posibles usuarios, ya que «si bien es cierto que el 85% de las personas a las que se lo proponemos responden afirmativamente, las mujeres participan menos, en parte porque todavía pesa sobre ellas el rol de los cuidados y las obligaciones familiares, lo que conlleva que se cuiden menos».
"Tres de cada cuatro usuarios son hombres; las mujeres participan menos, en parte porque todavía pesa sobre ellas el rol de los cuidados y obligaciones familiares"
Comparten los participantes en la rehabilitación cardíaca una característica común alarmante, el tabaquismo. Carlos Peña explica que «los 61 años de media significan que hay muchos infartos en gente joven, con una alta prevalencia de tabaquismo activo o pasivo». De hecho, calcula que es algo presente en siete de cada diez pacientes atendidos en esta unidad del CHUS, dato que extendería a la casi totalidad de los infartados menores de 55 años.
De ahí que considere que «aunque con la ley antitabaco parecía que se había superado, el tabaco es aún hoy un serio problema», al que se sumaría la obesidad en un 30% de los casos.
Ergoespirometría a todos los usuarios
Sobre la forma en la que cada usuario se integra en el programa, señala que «el personal trabaja mucho la motivación para el cambio de hábitos en su vida y en su entorno», con un inicio en el que se realizan «analíticas, análisis de composición corporal, estudios de ecocardiograma para ver el estado del corazón y ergoespirometría». Una prueba funcional de esfuerzo con consumo de gases que «desde hace dos años ya realizamos al 100%, y es algo novedoso que nos diferencia porque somos de los pocos centros de España que lo hacemos tanto en cardiopatías isquémicas como en valvulopatías o insuficiencia cardíaca».
Interrogado sobre la información que les aporta esta herramienta, señala que «objetiva la capacidad funcional del paciente, cuál es la capacidad máxima de su sistema cardiovascular ante el ejercicio», lo que a su vez permite diseñar las pautas de entrenamiento, la frecuencia a la que debe llevarlo a cabo.
24 sesiones en dos meses
Recuerda que en Santiago la rehabilitación cardíaca comenzó con síndromes coronarios, a los que se fueron sumando cardiopatías isquémicas, valvulares, insuficiencias cardíacas, fibrilaciones auriculares y ablaciones, además de cáncer de mama en tratamientos de quimioterapia.
La media es de unas 24 sesiones en dos meses para adquirir las bases de un entrenamiento que los usuarios deben continuar toda la vida, dentro de un proceso en el que la intervención de enfermería resulta fundamental. Para ello, además de las enfermeras, cuentan con cardiólogos, médicos rehabilitadores y fisioterapeutas, así como el apoyo de psicología, endocrinología y neumología, sin olvidar tampoco la labor de . Para ello, cuentan con cardiólogos, enfermeras, médico rehabilitador (Dra. Bibiana Villamayor), y fisioterapeutas; el apoyo de psicología, endocrinología y neumología, sin olvidar «el importante papel de los médicos de familia en los centros de salud donde se hace».
Aunque habrán prestado rehabilitación a distancia a entre 150 y 200 pacientes, especialmente tras el covid, subraya que «no tiene el efecto terapéutico del grupo presencial, de pacientes con pacientes que comparten su propia experiencia, y es algo que los profesionales sanitarios no les podemos aportar».
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