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El empate, el peregrino y la ciudad que soñaba con una victoria: así vivió Santiago el debut de España en el Mundial

Los bares de Santiago se llenaron de aficionados para acompañar el estreno mundialista de España, en una tarde marcada por la ilusión, los pronósticos y las camisetas de la selección

Mientras Cabo Verde resistía cada ataque español, Robert, un peregrino inglés recién llegado desde Sarria, descubría una forma distinta de vivir el fútbol y se sorprendía con las diferencias entre Compostela y su país

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Santiago

La tarde del estreno mundialista de España comenzó en Santiago con los bares llenándose poco a poco de aficionados que buscaban disfrutar de un gran encuentro de estreno de su selección. Había ilusión, expectativa y ese optimismo prudente que acompaña siempre a los comienzos. Camisetas, alguna bandera colgada sobre los hombros y conversaciones cruzadas sobre alineaciones y posibles resultados componían el paisaje de una ciudad dispuesta a acompañar a su selección en el primer paso del torneo.

Entre las mesas se mezclaban generaciones

Los más jóvenes vivían el encuentro con la emoción propia de quien todavía cree que cada Mundial puede convertirse en una historia inolvidable. Los veteranos, en cambio, apenas habían escuchado el himno cuando ya analizaban esquemas tácticos, corregían decisiones del seleccionador y lanzaban pronósticos con la seguridad que solo conceden décadas de fútbol acumuladas en la memoria.

Así vivió Santiago el debut de España en el Mundial

Así vivió Santiago el debut de España en el Mundial / Jesús Prieto / Jesús Prieto

Robert, España y una tarde de fútbol en Santiago

Y entre todos ellos destacaba una figura singular. Robert, un peregrino inglés llegado a Santiago el día anterior desde Sarria, observaba la escena con la curiosidad de quien descubre una costumbre nueva. Había terminado el Camino, pero parecía dispuesto a emprender otra experiencia: vivir un partido de la selección española rodeado de aficionados locales.

Le fascinaba el ambiente. «Es muy diferente al de Inglaterra», comentaba con una sonrisa. Acostumbrado a escenarios más ruidosos y tensos, encontraba en aquel bar una forma distinta de entender el fútbol. La gente discutía, celebraba las ocasiones y sufría los errores, pero todo parecía transcurrir con una tranquilidad casi festiva. «Aquí se nota que disfrutan de verdad», recalcaba mientras seguía las jugadas.

Así vivió Santiago el debut de España en el Mundial

Así vivió Santiago el debut de España en el Mundial / Lucía Martínez

Su conversación saltaba del fútbol a la actualidad. Todavía mostraba su sorpresa por la noticia del día en su país: la aprobación de una ley que impedirá a los menores de 16 años acceder a las redes sociales. La medida le parecía difícil de imaginar y no ocultaba cierto asombro mientras comparaba aquella realidad con la despreocupación que reinaba alrededor de las pantallas donde se seguía el encuentro.

La inexpugnable Cabo Verde

Sobre el césped, sin embargo, la emoción no acababa de llegar. España lo intentó una y otra vez. Tuvo la posesión, buscó los espacios y generó varias oportunidades que parecían destinadas a romper el empate. Pero Cabo Verde había decidido convertir la resistencia en un arte. Ordenada, disciplinada e inexpugnable, la selección africana fue levantando una muralla que los españoles no lograron derribar.

Así vivió Santiago el debut de España en el Mundial

Así vivió Santiago el debut de España en el Mundial / Jesús Prieto / Jesús Prieto

Los minutos fueron consumiéndose entre suspiros, comentarios y alguna que otra exclamación colectiva que moría antes de convertirse en gol. El esperado estreno mundialista acabó dejando más sensación de esfuerzo que de espectáculo.

Robert, ajeno a la angustia de los aficionados locales, vivió el desenlace con serenidad. No era su selección la que estaba en juego. Mientras los españoles lamentaban las ocasiones desperdiciadas, él seguía observando el ritual que se desarrollaba a su alrededor. Quizá el partido no había sido memorable, pero para el peregrino inglés la experiencia sí lo fue. Había llegado a Santiago buscando el final de un camino y terminó encontrando otra historia que contar: la de una ciudad reunida ante una pantalla para compartir noventa minutos de esperanza.

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