GUÍA PRÁCTICA TRAS CUATRO AÑOS ACAMPANDO
Cómo 'sobrevivir' al camping de O Son do Camiño: esto es lo que necesitas (y lo que nadie te cuenta)
Calor, colas, insomnio, vecinos ruidosos... pero acampar en el festival tiene algo que hace que siempre acabes volviendo

Cómo sobrevivir al camping de O Son do Camiño: lo que necesitas y lo que no sabes que necesitas / Lucía Martínez

Si eres de los que piensa que para vivir la experiencia completa de un festival hay que acampar sí o sí —mi mantra—, hoy es tu día de suerte. Para incomprensión de muchos amigos que no entienden cómo, viviendo en Santiago, siempre acabo acampando en O Son do Camiño, espero tener la potestad suficiente para reivindicar el porqué tienes que hacerlo y, de paso, dejar una guía práctica de lo que debes llevar (y de lo que no sabes que debes llevar).
Si bien el año pasado hubo momentos en los que me replanteé mi existencia mientras no paraba de llover, no teníamos carpa ni lona —aquí lo primero que tienes que llevar y, si no llueve, para el sol; créeme, lo agradecerás— y acabamos completamente empapados, este año vuelvo a tropezar con la misma piedra. Así, con todo. Y ni lo dudé. Ya lo dice mi madre: "Ti, ata que aprendas coa túa cabeciña...".

Bajo una carpa ajena durante el festival del año pasado / Lucía Martínez
Este año, y según los mensajes diarios de mi amiga Alba -que se ha propuesto ser la meteoróloga oficial del grupo y que cada año asegura que solo va al festival "por el camping"—, parece que llover no va a llover. O eso dice la aplicación del tiempo del iPhone. Para futuras quejas y reclamaciones, ya sabéis a quién culpar.
Y si ya de por sí es horrible el calor dentro de una tienda de campaña, este año promete ser todavía peor. Otra recomendación: las tiendas con tecnología Fresh & Black de Decathlon que, en teoría, son más frescas y oscuras. "Di adiós al calor dentro de tu tienda y descansa a pesar del sol", dicen ellos. Y no, no me llevo comisión.
Pero antes de seguir con todo lo que necesitas, debes saber que el camping de O Son empieza mucho antes de llegar, cargados como mulas, al Monte do Gozo. Comienza el día que compramos las entradas y continúa semanas antes del festival, cuando revive el grupo de WhatsApp y empiezan las listas... los "¿tienes tú la tienda?", los "¿y al final compramos una lona?", los repartos de coches y las cuentas imposibles para meter cinco mochilas, tres tiendas, cuatro sacos y una nevera en solo un maletero. O ese carro con ruedas que llevas jurando comprar los últimos dos años.
Pero también es cuando vuelven los recuerdos: la lluvia inesperada, la bomba de humo, la ex, el borracho de turno a las tantas, alguna que otra pullita o el vecino que no te deja dormir de lo mucho que ronca. He aquí otro imprescindible si tienes el sueño ligero y quieres descansar algo: unos buenos tapones.
Kit de supervivencia
Si has llegado hasta aquí, vamos con el verdadero kit de supervivencia. Porque sí, la tienda es importante, la lona es obligatoria y los tapones serán tus nuevos mejores amigos, pero hay más cosas que acabarás agradeciendo.
1. Una silla plegable
Parece una tontería hasta que llevas ocho horas de festival, vuelves al camping y descubres que todo el mundo tiene silla menos tú. Error de novato. Y sí, vale la de la playa.
2. Protector solar
Y más este año, que la previsión apunta a que el calor va a apretar. Nadie piensa en él hasta que el segundo día tienes el mismo color que la camiseta de la selección y ya es demasiado tarde.
3. Una batería externa
Tres días de fotos, vídeos, ubicación compartida, historias de Instagram y mensajes de "¿dónde estáis?". Y ya ni hablar de todas las fotos que sacarás para que tus amigos encuentren el punto exacto donde estás. Así que, salvo que te pilles un locker —que tampoco es mala idea—, lleva batería portátil. Y una linterna.
4. Agua. Mucha agua
Ya lo dicen por ahí: hay que hidratarse. Y con este calor, todavía más. Y aunque parece evidente, alimentarse exclusivamente de cerveza durante horas no cuenta como hidratación.
5. Una sudadera (y un chubasquero)
Porque volver a la tienda a buscar cualquier cosa llegado un momento del festival implica una caminata que, dependiendo de dónde hayas conseguido hueco, poco tiene que envidiar a una etapa del Camino de Santiago. En cuanto al chubasquero, un claro ejemplo de un por si acaso.
6. Colchón hinchable
Da igual lo que hagas porque dormir lo que se dice dormir, no vas a dormir mucho. Pero agradecerás no despertarte con una piedra clavada en la espalda en las horas robadas que consigas descansar. Como consejo extra acuérdate de llevar un hinchador y una mantita, porque a la noche siempre refresca.
7. El martillo para las piquetas
Sin duda, es ese elemento que nadie recuerda hasta que llega al camping. Siempre hay alguien que lleva uno y acaba convirtiéndose en el más popular de la parcela.
8. Una mesa plegable
No parece imprescindible hasta que desayunas agachado, juegas a las cartas en el suelo o intentas preparar cualquier cosa haciendo equilibrios imposibles.
9. Cartas, un balón o cualquier excusa para perder el tiempo
Porque en el camping también hay horas muertas. Y porque algunos de los mejores momentos ocurren precisamente en ellos. Improvisa.
10. Papel higiénico
No voy a entrar en detalles porque ya sabemos todos cómo va la cosa. Eso sí: cuando lo necesites, agradecerás haberlo llevado.

Unos vecinos del camping se montaron una pista de pickeball improvisada / Lucía Martínez
11. Un altavoz
Te diría que lo uses con moderación y respetando a los demás. Pero todos sabemos cómo acabará la cosa.
12. Una nevera
Llena de comida sana y buenas intenciones. Pero, veinticuatro horas después, solo tendrá hielo, cerveza y acabarás comiendo en algún puesto de dentro del festival. O mejor, en alguno de los puestos de bocadillos que se ponen junto a la entrada del recinto.
13.Toallas
Parece evidente, pero siempre hay alguno que se olvida de ellas. También recomiendo llevar bikini o bañador para las duchas. Agradecerás llevar algo cómodo para no hacer malabares con la ropa, la toalla y el neceser.
14.Bolsas de basura
Ocupan poco, pesan menos, mantienes tu parcela limpia y todos contentos.
15.El carrito
Se acaba convirtiendo en un miembro más del grupo. Especialmente cuando llegas al Monte do Gozo y te cuesta subir la cuesta. Para los que discrepan, os dejo la cara de felicidad de mi amiga Alba.

Alba paseando el carrito, su nuevo mejor amigo / Lucía Martínez
Lo que solo entiendes si acampas
Cuando les digo a mis amigos —los que no acampan ni aunque les paguen— que el camping es casi como vivir otro festival dentro del festival, siempre me dicen que exagero. Pero mientras escribo esto no puedo evitar sonreír al recordar que, la mayoría de las veces, las mejores anécdotas ni siquiera pasan delante de un escenario viendo a tu artista favorito. Que sí, que los conciertos son increíbles. Pero también lo es acabar hablando con gente que no conocías de nada dos horas antes porque necesitabas un martillo, una silla o un trocito de sombra.
O cuando aparece alguien con un altavoz alrededor del que se forma una fiesta improvisada. O esa amistad inesperada. O ese “solo unos besos” y un “lo que pasa en el Son se queda en el Son” que acaba finalmente convirtiéndose en una relación de más de medio año. Y qué relación.
El camping es como una ex: siempre vuelves
Porque al final el camping tiene algo difícil de explicar. O puede que yo lo romantice demasiado. O quizás las dos cosas.
Recapitulemos. En el camping hace calor. Mucho calor. Hay colas. Y tiene baños que acaban siendo territorio hostil.
Tiene vecinos que roncan más que tu padre y otros que consideran una buena idea poner música a las cinco de la mañana. O que se tiran encima de tu tienda (literalmente). Y si no los tienes, es que eres tú.
El camping también significa dormir poco o nada, muchas caminatas y momentos en los que te preguntas seriamente qué haces allí. Que sí, que puede llover. Que para montarlo vas cargado como una mula (he aquí otro consejito: sube el día antes en tu coche a montar todo. Hay menos gente y podrás llegar en coche hasta arriba de todo). Que apenas descansas. Que acabas echando de menos tu cama.

El camping es casi como vivir otro festival dentro del festival / Lucía Martínez
Pero también es verdad que pocas cosas se parecen a vivir tres días con tus amigos, codo con codo, mientras bajo la lluvia o un sol de justicia estáis reunidos en torno a una mesa, arreglando el mundo de resaca, conociendo gente nueva y creando momentos que, sin ser conscientes, seguiréis reviviendo durante meses.
Y si tienes FOMO, ya ni te cuento. Porque siempre habrá una historia absurda que acabará formando parte del repertorio de anécdotas del grupo durante años. Y aunque en algún momento de la experiencia te prometas que el año que viene te quedarás en casa, cogerás un hotel o cualquier cosa que incluya un colchón de los de verdad y ducha propia, cuando salgan las entradas ya sabemos que va a pasar. Y pensarás, ¿dónde he guardado la tienda?
Porque el camping de O Son do Camiño es un poco como esa ex que juraste no volver a ver. Te hace sufrir. Te quita horas de sueño. Y te acabas preguntando por qué has vuelto. Pero pasan los meses, solo recuerdas las risas, las historias y ese algo hace que olvidemos todo lo malo. Y acabas cayendo otra vez. Así que nada, este miércoles nos vemos en el camping.
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