Un Ensanche con 130 persianas bajadas: de la desaparición de los locales más emblemáticos a un relevo que nunca llega
Los altos alquileres, el auge del comercio electrónico y las cada vez más populares grandes superficies explican la elevada cifra de bajos comerciales sin actividad en la zona

La discoteca Central Perk, en rúa Nova de Abaixo, una de las arterias con más establecimientos inactivos. / Eladio Lois

Hay calles del Ensanche en las que el paseo se ha convertido, casi sin ruido, en una sucesión de escaparates apagados. Persianas bajadas, carteles de alquiler, negocios históricos que bajaron la reja por jubilación, antiguos restaurantes que no encontraron relevo, discotecas que fueron emblema de la noche compostelana y locales que, pese a estar en ubicaciones privilegiadas, llevan años sin actividad visible. El fenómeno no es nuevo, pero sí se ha vuelto cada vez más evidente en una de las zonas más céntricas y reconocibles de Santiago.
Los datos más recientes facilitados por el Concello, correspondientes a 2023, reflejaban 553 establecimientos inactivos, con un matiz relevante: 120 de ellos nunca habían tenido uso. El propio estudio incluye bajo esa categoría locales de uso comercial en sentido amplio, no solo tiendas tradicionales. Ahí entran actividades muy diversas: alojamiento y restauración, alimentación, ópticas, clínicas, farmacias, oficinas, peluquerías y otros servicios. Es decir, no todo lo que aparece en el censo responde a la imagen clásica del comercio de escaparate, pero sí permite tomar la temperatura de un fenómeno urbano que se aprecia a pie de calle.
En el Ensanche, la estimación que manejan portales inmobiliarios sitúa en alrededor de 130 los bajos disponibles para compra o alquiler. La cifra ayuda a explicar una sensación compartida por vecinos, comerciantes y antiguos empresarios de la zona: el corazón comercial de Santiago mantiene actividad, tránsito y valor inmobiliario, pero también acumula demasiados huecos sin cubrir.
De Plaza de Galicia a Alfredo Brañas: nombres propios de un cierre prolongado
El fenómeno se extiende por algunas de las ubicaciones más cotizadas del Ensanche. En Plaza de Galicia, uno de los ejemplos más simbólicos es el antiguo local de Confecciones Onbre, un establecimiento que forma parte de la memoria comercial de Santiago. Abrió en mayo de 1949 y bajó la persiana definitivamente en 2019 por la jubilación de Manolo Loimil Loureiro. Desde entonces, su ausencia pesa especialmente por la ubicación: un gran local en uno de los puntos de mayor visibilidad de la ciudad.
En Alfredo Brañas, otra de las calles centrales del Ensanche, permanecen sin actividad bajos vinculados a negocios de largo recorrido. La antigua Jamonería Ferro, que dejó la actividad en 2009 tras 17 años, se ofrece por unos 1.300 euros al mes. Justo al lado, el antiguo espacio de la zapatería Chiqui se anuncia por 2.600 euros al mes para una superficie de 155 metros cuadrados.

La zapatería Chiqui y la jamonería Ferro llevan años sin encontrar relevo / Eladio Lois
La lista continúa en otros puntos del barrio. En San Pedro de Mezonzo sigue vacío el local que ocupó Game Stop, la emblemática tienda de videojuegos que abandonó la capital gallega cuando la cadena internacional dejó de operar en España. Su ubicación, en el cruce de una de las principales arterias de la ciudad, convierte el cierre en uno de los más visibles para quienes atraviesan a diario el Ensanche.

Local que antiguamente ocupaba la tienda Game Stop, antes de abandonar el mercado español / Maps
En Plaza de Vigo, el histórico Cambalache es otro caso de peso: un restaurante de 330 metros cuadrados por el que actualmente se piden unos 4.000 euros al mes. La cifra resume una de las claves del problema: locales grandes, bien ubicados y con potencial, pero con rentas que no siempre encajan con la rentabilidad real que puede alcanzar hoy un negocio.
Rúa Nova de Abaixo, el símbolo de una época que ya no vuelve
Si hay una calle que resume el cambio, esa es rúa Nova de Abaixo. Durante décadas fue una de las grandes arterias del ocio nocturno compostelano, hasta el punto de rivalizar con el Franco en movimiento estudiantil. Vecinos de la zona recuerdan que, al caer la noche, los coches apenas podían pasar por la cantidad de gente que ocupaba la calle. Hoy, en cambio, la imagen es muy distinta: prácticamente por cada dos locales abiertos, uno se encuentra cerrado.
El caso más representativo es el del Central Perk, una discoteca emblemática que permanece cerrada y que, pese a su ubicación y dimensiones, actualmente no se encuentra ni en venta ni en alquiler. Fuentes internas vinculadas a la anterior gerencia y propiedad explican que el cierre respondió a una suma de factores: “Hubo muchos problemas internos relacionados con la infraestructura que, sumados a otras cuestiones, obligaron a cerrarlo”.

La emblemática discoteca Central Perk lleva años cerrada, pero no se encuentra a la venta / Eladio Lois
Pero el problema va más allá de un local concreto. La misma fuente apunta a un cambio profundo en la rentabilidad de la calle: “Fue una calle emblemática en los 80 y 90 que dejó muchísimo dinero a todos los que supieron gestionar bien su negocio. Sin embargo, de esa época dorada ya no queda nada, y los dueños de los negocios siguen teniendo esa percepción y por eso siguen pidiendo alquileres exorbitados para la rentabilidad que pueden tener en el presente”.
La falta de terrazas también pesa. “Hoy en día lo que mandan son las terrazas, y es una calle en la que no hay espacio para ellas. Por eso, de cara a hostelería, no es una buena zona”, sostiene. A ello suma la lentitud de las licencias y un cambio generacional en la forma de consumir ocio: “Ya no hay el estilo de vida que había antes. En los 90 y comienzos de los 2000, la gente podía salir de fiesta y dejarse un montón de dinero cada fin de semana y no les repercutía a su economía. Hoy no hay poder adquisitivo para hacer eso”.

Rúa Nova de Abaixo ofrece un alto porcentaje de locales cerrados / Eladio Lois
A escasos metros del Central Perk permanece también cerrado desde hace años el antiguo local de Afrequete, otra de las discotecas icónicas de aquella etapa. En este caso, sin embargo, el futuro parece más claro: según ha podido saber EL CORREO GALLEGO, el bajo se encuentra actualmente alquilado y está prevista la apertura de un nuevo negocio.
Los precios que se manejan
No todos los bajos vacíos responden al mismo motivo. Algunos están en venta, otros en alquiler, otros no se ofrecen en el mercado y otros tienen ya un nuevo proyecto previsto. Esa diversidad obliga a huir de una explicación única.
El antiguo Vía 13, reconvertido después en Matrix por tres emprendedores veinteañeros, permanece cerrado pese a haber abierto en 2024. Por este local de 155 metros cuadrados se piden ahora unos 1.700 euros al mes, una cifra razonable para un establecimiento de estas características. También en el ámbito del ocio nocturno destaca la antigua Discoteca Ruta, que fue un negocio muy rentable durante la pasada década y que hoy se vende por unos 160.000 euros, un precio atractivo que se explica por sus problemas relacionados con licencias.
En Doutor Teixeiro, las antiguas oficinas de La Caixa y Caja Madrid se anuncian por unos 3.900 euros al mes. Se trata de un bajo de 270 metros cuadrados, en esquina y con gran visibilidad. En la rúa do Hórreo, el local situado bajo el centro cristiano —que ocupa la entreplanta— fue en su día Galident, un negocio de útiles odontológicos. Ahora se ofrece por unos 2.500 euros al mes para una superficie de 370 metros cuadrados. Es uno de los ejemplos más claros de los grandes locales vacíos que se concentran en esa calle, a los que se suma el antiguo espacio de Sacosa, uno de los más amplios del Hórreo, que lleva años sin uso y aparece habitualmente cubierto de papelería y folletos.

Antiguo local de Galident, debajo del Centro Cristiano / Eladio Lois
Calles con movimiento, pero también con huecos
La paradoja del Ensanche es que muchos de estos cierres se producen en calles que siguen teniendo tránsito. La rúa da Rosa, próxima a paradas de autobús y a zonas de paso, acumula varios ejemplos. Allí están cerrados Vacaloura y Entre Fogones, este último dedicado a comida casera para llevar. También se encuentra sin actividad el espacio que ocupó la consultoría Gallega de Consulting. En la misma calle figura otro nombre con historia: Rosa Sport Santiago, una tienda de deportes conocida por generaciones de compostelanos.

A pesar de su movimiento, la rúa da Rosa es una de las que más porcentaje de locales vacíos tiene en el Ensanche / Eladio Lois
En Santiago de Chile, el cierre de Nolotire, negocio de compra y venta de productos, deja otro escaparate apagado en una zona de tránsito. La marca mantiene franquicias en otras ciudades, como Vigo, pero el local compostelano ya no funciona. En Montero Ríos, después de casi un año en liquidación, la cadena de decoración Tevas & Co deja otra baja visible en una de las calles más reconocibles del Ensanche.

Tevas & Co echó el cierre definitivamente después de meses en liquidación / Eladio Lois
También hay cierres en cadena en puntos muy transitados. En la cuesta de la Camelia, subiendo hacia la Praza Roxa, permanecen sin actividad dos locales contiguos: Toxo Telecom y C de Cine. En República de El Salvador, el cierre de Richard Zapatos deja otro hueco en la memoria comercial del barrio.

La cuesta de la Camelia confirma la tendencia a la baja del comercio local / Eladio Lois
No todo son cierres: algunos bajos ya tienen relevo
El mapa de locales sin actividad no es completamente estático. En algunos casos, el cierre ha sido una fase intermedia antes de la llegada de nuevos negocios. En Frei Rosendo Salvado, el antiguo local de Emilio Iglesias tiene prevista la apertura de una tienda de ropa y complementos outlet que ya cuenta actualmente con otro establecimiento en Montero Ríos. Unos metros más abajo, donde hasta hace poco estaba Pedra e Auga, se prevé la inauguración de un negocio de takeaway de tartas de queso.

Emilio Iglesias tendrá relevo próximamente / Eladio Lois
También está prevista actividad en el antiguo local de Galopín Cantina, en Fernando III o Santo. Allí, los propietarios de The Capital Latin Bar preparan la apertura de un nuevo negocio. La noticia, sin embargo, ha generado preocupación entre residentes del edificio número 1 de la calle, en un contexto más amplio de debate vecinal sobre ruido, ocio nocturno e inseguridad en distintas zonas de Santiago.
Estos casos muestran que el Ensanche sigue atrayendo proyectos. El problema es que la velocidad de reposición no siempre compensa la acumulación de cierres visibles, especialmente cuando algunos bajos permanecen años sin uso o directamente fuera del mercado.
Grandes superficies, compras por internet y falta de aparcamiento
Desde la Asociación Comercio Punto Compostela, su vicepresidente, José Antonio Alvite, no sitúa el foco principal en una queja generalizada por los alquileres, aunque admite que el comercio del Ensanche sufre varios factores al mismo tiempo. “Si hai moita influencia das grandes superficies que levan todos os clientes”, señala. A ese fenómeno suma también el peso creciente de las compras por internet: “Tamén as compras por internet”.
Para Alvite, una de las claves está en la comodidad. “Non hai lugares onde aparcar”, explica. Y en un momento en el que “a xente busca a máxima comodidade”, esa carencia “afecta moito”. Su diagnóstico conecta con una realidad visible: muchos consumidores se desplazan a grandes superficies con aparcamiento fácil o compran directamente desde casa, mientras el comercio tradicional de centro compite con costes más elevados, menos facilidades logísticas y cambios de hábitos muy difíciles de revertir.

Tienda de Primark en el centro comercial As Cancelas / cedida
El representante de Comercio Punto Compostela añade además otro problema cotidiano que, a su juicio, desgasta la zona: “Todos os días hai que limpar a beirarrúa porque, da noite anterior, queda todo feito un asco”. La frase apunta a otra dimensión del debate: la convivencia entre comercio, hostelería, ocio nocturno y residentes en un barrio que concentra actividad económica, vivienda y vida social.
Una cuestión estructural
Los bajos vacíos no son solo un problema para quien quiere abrir un negocio. También afectan a la imagen urbana. Un escaparate apagado transmite menos seguridad, menos dinamismo y menos vida de calle. Cuando esos cierres se concentran, la percepción se multiplica. El Ensanche sigue siendo uno de los grandes pulmones comerciales de Santiago, pero la acumulación de locales sin uso genera una sensación de pérdida difícil de ignorar.
La cuestión de fondo es qué tipo de actividad puede sostener hoy estos espacios. Para Rosa Cardeso, secretaria general de la Cámara de Comercio de Santiago, el fenómeno responde a una suma de factores que se retroalimentan. Uno de ellos es el precio. Algunos propietarios, explica, calculan alquileres demasiado altos, lo que puede resultar prohibitivo para proyectos que ya nacen con costes elevados y márgenes estrechos. A eso se añade que los comercios trabajan cada vez con menos margen debido a la subida de los suministros, los costes laborales, las materias primas y otros gastos vinculados a la actividad diaria.
La transformación digital también ha cambiado el tablero. La revolución del comercio electrónico ha hecho que, para determinados negocios, el local físico ya no sea imprescindible o, al menos, no tenga el mismo peso que antes. Muchos nuevos proyectos prefieren estructuras más flexibles, oficinas compartidas o espacios de coworking, antes que asumir el coste fijo de un bajo comercial tradicional. Esa tendencia reduce la demanda de locales a pie de calle, especialmente en actividades que pueden funcionar sin escaparate.
Cardeso apunta además a otro factor menos visible, pero decisivo: la falta de relevo generacional. Hay negocios que podrían seguir siendo viables, pero no continúan porque no aparece nadie dispuesto a cogerlos. Ocurre con comercios familiares, establecimientos históricos o actividades muy vinculadas a una persona concreta.

Antiguo local de Nolotire en la calle Santiago de Chile / Eladio Lois
En esa lectura encaja lo que la secretaria general de la Cámara define como el efecto escaparate vacío: cuando en una misma zona se ven varios bajos cerrados, se pierde atractivo para nuevos inversores. El cierre de un local perjudica al siguiente, y la falta de actividad termina alimentando un círculo vicioso.
El resultado es un mapa desigual: locales históricos que no encuentran sucesor, antiguos bares y discotecas que no encajan con el nuevo modelo de ocio, bajos muy bien situados pero caros, espacios que requieren obras importantes y persianas que permanecen cerradas durante años. Entre medias, algunos proyectos sí consiguen entrar y renovar la actividad. Pero la pregunta sigue abierta: cuántos de esos bajos volverán realmente al mercado y cuántos seguirán formando parte del paisaje silencioso del Ensanche.
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