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Llega a Santiago la moda del alquiler de coches entre vecinos: desde 50 euros al día

La tarifa final depende del modelo, la duración de la reserva o los posibles servicios añadidos

La fórmula no es nueva en las grandes ciudades

Zona de aparcamiento en la avenida Xoán XXIII.

Zona de aparcamiento en la avenida Xoán XXIII. / Antonio Hernández

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Eladio Lois

Eladio Lois

Santiago

El coche ya no tiene por qué quedarse parado en el garaje mientras no lo usas. Al menos, no siempre. En Santiago empieza a verse una práctica aún incipiente, pero cada vez más visible en las plataformas digitales de movilidad: particulares que alquilan su propio vehículo a otros usuarios para sacarse un ingreso extra cuando no lo necesitan.

La fórmula no es nueva en las grandes ciudades, pero su presencia en Compostela ya se puede comprobar con una simple búsqueda. En aplicaciones como Amovens o Getaround aparecen coches de vecinos disponibles por horas o por días, con precios que, en los anuncios visibles de Amovens consultados estos días, se mueven aproximadamente entre los 30 y los 70 euros al día. La media de esa oferta ronda los 50 euros diarios, aunque la tarifa final depende del modelo, la duración de la reserva, la disponibilidad, las condiciones del propietario y los posibles servicios añadidos.

La imagen que dejan estas búsquedas es clara: no hay un único perfil de coche. Aparecen utilitarios pequeños, vehículos familiares, SUV, compactos, coches eléctricos e incluso furgonetas. Es decir, la oferta intenta cubrir necesidades muy distintas: desde quien necesita un coche barato para una gestión puntual hasta quien busca más espacio para una escapada, una mudanza pequeña o un viaje con equipaje.

Se trata, en definitiva, de una práctica cuya lógica es sencilla. Muchos propietarios no utilizan su vehículo todos los días, pero siguen pagando seguro, mantenimiento, revisiones, impuestos o plaza de garaje. Estas plataformas permiten convertir ese coche infrautilizado en una fuente de ingresos ocasional. No necesariamente en un negocio, porque hay que descontar comisiones, desgaste, limpieza, kilometraje y posibles obligaciones fiscales, pero sí en una forma de compensar parte del coste de tener coche.

Como Airbnb, pero sobre ruedas

El funcionamiento se parece al de cualquier reserva digital. El usuario busca un coche, elige fechas, envía una solicitud o reserva de forma instantánea si el anuncio lo permite y completa el pago online. Después, según el sistema disponible, puede quedar con el propietario para recoger las llaves o utilizar una modalidad sin contacto.

En Amovens, una de las apps más populares, existe, por ejemplo, la opción «sin llaves», que permite abrir el vehículo desde la aplicación. El usuario recibe la ubicación exacta poco antes de que empiece el alquiler, revisa el kilometraje, comprueba el combustible, hace fotografías del estado del coche y lo devuelve cerca del punto de recogida. En otros casos, el procedimiento sigue siendo más tradicional: propietario y arrendatario se encuentran, revisan el vehículo y hacen el intercambio de llaves.

La plataforma indica que la persona que reserva debe ser quien recoja el coche. También exige que el arrendatario tenga al menos 21 años y que su permiso de conducir haya sido expedido hace un mínimo de dos años. El propietario, por su parte, debe comprobar la identidad y el carné antes de entregar el vehículo.

Una alternativa puntual al coche propio

Para el usuario, el atractivo está en no asumir los costes fijos de tener coche. En una ciudad como Santiago, donde muchos desplazamientos cotidianos pueden hacerse a pie, en bus urbano o en taxi, hay vecinos que no necesitan vehículo a diario. No obstante, sí pueden necesitarlo en momentos concretos: una visita familiar, una excursión, un desplazamiento a un concello mal comunicado, una compra grande o un viaje de fin de semana.

Ahí este modelo encuentra su hueco. Frente al alquiler tradicional, no depende tanto de una oficina física ni de una flota concentrada en estaciones, aeropuertos o zonas turísticas. El coche puede estar en un barrio residencial, en un aparcamiento privado o en una calle cercana al domicilio del propietario.

La tendencia, en cualquier caso, apunta a un cambio de mentalidad. El coche particular deja de ser solo un bien privado que duerme aparcado la mayor parte de la semana y empieza a funcionar, para algunos propietarios, como un recurso compartido. En Compostela, esa transformación todavía no afecta a las empresas de alquiler de vehículos y rentings. Sin embargo, es una conversación que ya comienza a estar en las calles de la capital gallega.

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