Relevo en la base
Luis Borque, nuevo jefe del Aeródromo Militar de Santiago: "Tenemos un papel fundamental en la lucha contra los incendios"
El coronel sevillano toma el relevo de Juan Pedro Velázquez-Gaztelu en una unidad que combina defensa aérea, representación institucional y, sobre todo, "apoyo logístico contra los fuegos"

El coronel Juan Pedro Velázquez-Gaztelu, jefe saliente del Aeródromo Militar de Santiago, y su sucesor, el coronel Luis Borque Torres, lanzan un mensaje a los compostelanos / Eladio Lois / Jesús Prieto

El calor golpea distinto junto a una pista de aterrizaje. No hay árboles, no hay sombra y el asfalto devuelve la luz como si fuese una segunda fuente de sol. En la base del Aeródromo Militar de Santiago, al lado mismo de Lavacolla, la sensación térmica parece más dura que la que marca cualquier termómetro. Allí, en ese espacio habitualmente invisible para la mayoría de los santiagueses, se prepara estos días el relevo en una de las instalaciones militares con más valor estratégico de Galicia.
A la entrada recibe a EL CORREO GALLEGO el suboficial mayor Manuel Rico, que saluda militarmente y acompaña la visita hasta la pista. Allí esperan el coronel Juan Pedro Velázquez-Gaztelu, jefe saliente del Aeródromo Militar de Santiago, y su sucesor, el coronel Luis Borque Torres, que tomará posesión este miércoles. El relevo llega en plena campaña estival, con Galicia pendiente un año más del riesgo de incendios forestales. Y ahí, explica el nuevo jefe, el aeródromo militar tiene una función que no siempre se ve desde fuera, pero que resulta esencial.
“Actualmente está basado el Grupo 43 de Fuerzas Aéreas, que se encarga de hacer apoyos de lucha antiincendios”, señala Borque. La unidad compostelana no combate directamente el fuego desde los despachos, pero sostiene una parte fundamental de la operación: alojamiento, apoyo logístico, mantenimiento, medios y capacidad para que los aviones y las tripulaciones puedan trabajar.
Borque lo define sin rodeos: “Tenemos un papel fundamental en la lucha contra los incendios, ya que damos todo el apoyo logístico”. Esa es la palabra clave en Lavacolla: "apoyo". Detrás de cada vuelo contra el fuego hay una estructura que permite que los medios estén listos: “Les damos sus necesidades logísticas, alojamiento, mantenimiento de sus equipos...”, resume el coronel.
Esa función encaja con la misión principal del aeródromo. Al preguntarle qué objetivo se marca como nuevo jefe, Borque no plantea grandes golpes de timón. Habla de continuidad y de mantener el nivel alcanzado en los últimos años. “Cumplir la misión que tiene asignada este aeródromo, que básicamente es darle apoyo a todas las necesidades tanto del Ejército del Aire como de otros ejércitos”, explica. Su tarea, añade, será “darle el apoyo necesario a todo el que lo requiera, siempre que esté dentro de nuestras posibilidades, y mantener el mismo nivel, al menos, que tiene durante estos últimos años”.

Un Airbus A400M en el Aeródromo Militar de Santiago / Antonio Hernández
El Aeródromo Militar de Santiago es, por tanto, una instalación de servicio permanente. Su trabajo no se limita a los meses de incendios, aunque en verano esa función gane visibilidad. Durante el año, la base recibe aeronaves y entrena a su personal para estar preparada ante distintos escenarios. Borque lo explica con un término técnico: “Hacemos mucho lo que llamamos cross servicing, unos ejercicios en los que recibimos cualquier tipo de aviones para mantener a nuestro personal entrenado”.
La idea se repite en distintas respuestas: estar preparados para cuando haga falta. Lavacolla puede parecer, desde fuera, una presencia silenciosa junto al aeropuerto civil, pero para el Ejército del Aire y del Espacio es un punto de apoyo en Galicia y en el noroeste. “Somos base de despliegue, así que tenemos una gran importancia en el concepto de defensa aérea”, afirma Borque. Y concreta: “Si hay que desviar aviones aquí en un momento dado, es un punto estratégico muy importante”.
Su ubicación, próxima al Atlántico y colindante con el aeropuerto de Santiago, refuerza ese valor. La base actúa como una puerta militar en el noroeste peninsular, preparada para recibir unidades, apoyar operaciones y sostener despliegues cuando sea necesario.
Un cargo más allá del Ejército
Borque asume también una segunda responsabilidad: la representación institucional del Ejército del Aire y del Espacio en Galicia. “Además de dar esos apoyos, el comandante del aeródromo también es el representante institucional del Ejército del Aire en toda Galicia”, explica. Eso implica acudir a actos, visitas oficiales o situaciones en las que las Fuerzas Armadas deban estar presentes. Su intención, dice, es continuar la línea de su antecesor: “Quiero seguir con el trabajo que ya ha hecho el coronel Gaztelu haciendo presencia del Ejército en toda la sociedad gallega y, por supuesto, dar apoyo a todas las necesidades del Estado”.
Durante el recorrido por las instalaciones, el nuevo jefe explica también cómo se decide una designación de este tipo. “La designación de cualquier jefe de unidad se hace a través del Consejo Superior del Ejército del Aire”, detalla. Según expone, “se reúnen los generales con sus asesores y, en función de méritos y antigüedad, proponen al candidato más idóneo para este puesto”.
A su lado, el suboficial mayor Manuel Rico introduce una lectura más personal de ese nombramiento. Mira a Borque y advierte de que el coronel no lo dirá por modestia, pero que alcanzar una responsabilidad así exige una trayectoria muy cualificada. “Para llegar ahí hay que estar extremadamente cualificado”, apunta. Y lo traduce al lenguaje civil con una comparación directa: “Solamente llegan a ese puesto las personas más preparadas. Es algo así como el CEO de una gran empresa”.
Tras la visita inicial, la entrevista continúa en la cafetería de la base. Allí, lejos del reflejo abrasador de la pista, Borque pone cifras a su nuevo mando. Tendrá bajo su responsabilidad directa a 56 personas, aunque esa cifra puede variar en función de las necesidades operativas. “Como muchas veces atendemos las necesidades del Ejército del Aire y las Fuerzas Armadas, puede ser que en algún momento se incremente mucho ese número de personas”, precisa.

Aviones de combate en el Aeródromo Militar de Santiago el pasado verano. / Antonio Hernández
El nuevo jefe cree que la sociedad gallega valora cada vez más el papel de la base. Cuando se le pregunta si los santiagueses y la ciudadanía civil conocen y reconocen suficientemente el trabajo que se hace en el aeródromo, responde con claridad: “Sinceramente, creo que sí. Y además ha aumentado”. Después añade una idea que considera central: “Al final, estamos para apoyar a la sociedad, de la que, por supuesto, también somos miembros”.
Esa relación con la ciudadanía tuvo una muestra reciente en las actividades de apertura del aeródromo al público. Sobre la posibilidad de repetir iniciativas similares, Borque no anuncia nada inmediato, pero tampoco cierra la puerta. “No están previstas, pero seguramente se puedan estudiar”, señala.
Una vida en el aire
El coronel llega a Santiago con una carrera enteramente ligada al Ejército del Aire. Se alistó con 19 años y, a sus 53, no ha trabajado nunca fuera de la institución militar. Antes de este destino estuvo en la Dirección de Enseñanza, en Sevilla, su ciudad de origen. Previamente, pasó cuatro años como teniente coronel en el Grupo 11, en Morón, vinculado a la aviación de caza y al Eurofighter. También ha estado destinado en el extranjero y en ciudades como Zaragoza o Torrejón.
De esa trayectoria operativa dice traer a Santiago una enseñanza principal: la gestión. “Me ha tocado desde siempre la parte operativa, pero en todos los casos acabas gestionando personal”, explica. Para Borque, esa experiencia será útil en Lavacolla porque dirigir una unidad no consiste solo en conocer procedimientos, sino en saber leer equipos, necesidades y márgenes de mejora. “Es muy importante para ver en qué se puede crecer y mejorar”, añade.
Su mandato tendrá, previsiblemente, dos años de duración. Cuando se le pregunta cómo le gustaría que se recordase su paso por Santiago, distingue entre lo profesional y lo personal. En el primer plano, quiere dejar mejoras tangibles. “Profesionalmente, me gustaría mejorar todo el tema de infraestructura, personal y que se adquieran nuevas capacidades”, afirma. En el segundo, busca algo menos medible: “Personalmente, quisiera que me vieran como un reflejo y que me recuerden con cariño”.
También habla de los jóvenes que puedan plantearse entrar en las Fuerzas Armadas. Borque defiende la carrera militar como una opción exigente, pero con una fuerte proyección formativa y vital. “Es algo que te da una experiencia brutal”, sostiene. Asegura que permite formarse, viajar y adquirir estructura profesional desde edades tempranas: “Sales con títulos civiles, viajas, conoces mundo, te da una estructura laboral muy rápido y después te permite proyectarte a la vida civil”. Por eso, concluye, “es una opción muy interesante”.
El aterrizaje personal en Compostela también forma parte de esta nueva etapa. Borque conoce algo la ciudad porque ya hizo el Camino de Santiago, aunque admite que todavía le queda mucho por descubrir. Se instalará en la capital gallega con su mujer, también sevillana. Cuando se le dice que la ciudad suele conquistar a quien llega, contesta con humor: “Si consigo llevar bien lo del agua, seguro que sí”.
Su predecesor, a Estados Unidos
Velázquez-Gaztelu, todavía jefe saliente, escucha esa adaptación inicial con la complicidad de quien ya pasó por ese mismo proceso. Él sí sabe lo que Santiago puede dejar. Por eso, le desea a su sucesor una etapa de éxito, pero también de disfrute. “Tendrá la oportunidad de disfrutar muchísimo, porque hay veces que el trabajo se mezcla con la vida personal y se llega a disfrutar mucho de ambas cosas”, afirma. Y le lanza una promesa casi gallega: “Este tiempo que va a estar en Galicia podrá disfrutar mucho más de lo que ha disfrutado en toda su vida”.

El coronel Juan Pedro Velázquez-Gaztelu, jefe saliente del Aeródromo Militar de Santiago, y su sucesor, el coronel Luis Borque Torres / Jesús Prieto
El coronel saliente se irá ahora destinado a Virginia, en Estados Unidos. Define ese nuevo puesto como un reto distinto al de Santiago: “Será una labor mucho más técnica, más administrativa”. Pero también lo entiende como una responsabilidad de alto nivel: “También es un gran reto y es una buena forma de demostrar la capacidad que tiene España a una organización como es la OTAN”.
En Lavacolla, mientras tanto, el relevo queda preparado. Cambia el jefe, pero no la misión. El Aeródromo Militar de Santiago seguirá siendo una instalación discreta para buena parte de la ciudad, aunque con una función decisiva cuando Galicia necesita respuesta: una base de despliegue, un punto estratégico del noroeste y, especialmente en verano, una plataforma logística para que la lucha aérea contra los incendios pueda sostenerse. Como resume Borque, el objetivo es claro: “Dar apoyo a todas las necesidades del Estado”.
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