In Memoriam
Maruxa, una vida dedicada a educar y a construir el Colegio ALCA
La comunidad educativa del Colegio ALCA despide con enorme tristeza a María Dolores Durán Rey, nuestra querida Maruxa. Mucho más que una profesora o una jefa de estudios, fue el alma de una forma de entender la educación y una de las personas que contribuyó decisivamente a construir la identidad del colegio desde sus inicios

A la derecha, vista del Colegio Alca. / Cedida
Personal del Colegio ALCA
Hay personas que dejan huella en un centro educativo y otras que forman parte de su propia esencia. Maruxa pertenece, sin duda, a este segundo grupo. Su nombre quedará para siempre unido a la historia del Colegio ALCA, un proyecto educativo que ayudó a hacer crecer desde sus primeros años y al que entregó gran parte de su vida con una dedicación, una generosidad y un compromiso extraordinarios.
Licenciada en Geografía e Historia, encontró en la enseñanza su verdadera vocación. Aunque para varias generaciones será siempre la profesora de Arte y de Geografía e Historia, su legado trasciende las materias que impartió. Fue, sobre todo, una educadora en el sentido más profundo de la palabra.
Desde los primeros años del colegio contribuyó decisivamente a consolidar un proyecto educativo con identidad propia, basado en la cultura del esfuerzo, el respeto, la cercanía, la formación integral y la convicción de que educar es mucho más que transmitir conocimientos. Su trabajo ayudó a dar forma a un estilo propio, a una manera de entender la educación en la que la exigencia académica siempre caminó de la mano de la calidad humana.
Durante décadas desempeñó, además, la responsabilidad de jefa de estudios, una labor a la que se entregó con absoluta dedicación. Coordinó, orientó y acompañó a alumnado, familias y profesorado con una combinación poco frecuente de firmeza, sensibilidad, serenidad y capacidad de escucha. Siempre supo estar donde hacía falta, convirtiéndose en un referente para toda la comunidad educativa y en uno de los pilares sobre los que se fue construyendo el colegio.
Aunque su labor docente estuvo ligada principalmente al alumnado de los cursos superiores, Maruxa nunca entendió la educación por etapas aisladas. Vivió el colegio como un proyecto común y siguió muy de cerca el crecimiento de cada promoción desde Educación Infantil. Conocía a los niños y niñas desde sus primeros pasos en el centro, compartía las alegrías y las preocupaciones de cada etapa y hacía también suyas todas las aulas, aunque no impartiera clase en ellas. Su cercanía al profesorado y su permanente interés por la evolución de cada alumno hicieron que toda la comunidad educativa sintiera que Maruxa formaba parte de cada clase y de cada proyecto educativo.
Su forma de educar combinaba la exigencia con una enorme humanidad. Creía firmemente en la cultura del esfuerzo, en la responsabilidad y en el trabajo bien hecho, pero también en el valor de la empatía, del cariño y del acompañamiento. Poseía una sensibilidad especial para comprender a las personas y una generosidad que la llevaba siempre a compartir su tiempo, su experiencia y su ayuda con absoluta naturalidad.
El alumnado aprendió con ella mucho más que contenidos académicos. Aprendieron valores, compromiso, respeto y una manera de afrontar la vida. Pero Maruxa también dejó una profunda huella en quienes tuvimos el privilegio de trabajar a su lado y en la comunidad educativa del colegio. Su experiencia, su criterio, su capacidad para escuchar, su ejemplo y su forma de entender la educación hicieron de ella una guía constante y una auténtica maestra para todos nosotros.
Maruxa entregó su vida a sus dos grandes pasiones: su familia y el Colegio ALCA. A ambas se dedicó con la misma entrega, el mismo cariño y un compromiso inquebrantable. En el colegio no solo desarrolló una brillante trayectoria profesional; construyó también un segundo hogar y una gran familia con la que compartió proyectos, ilusiones, esfuerzos y desafíos. Vivió cada paso del centro como algo propio, celebrando sus logros y afrontando sus dificultades con la discreción, la lealtad y la generosidad que siempre la caracterizaron.
Hoy el Colegio ALCA pierde a una de sus grandes referentes, pero permanece el legado de una mujer cuya bondad, sensibilidad, generosidad, resiliencia y amor por la educación seguirán vivos en cada rincón del centro. Su autoridad nunca necesitó imponerse, porque nacía del ejemplo, de la coherencia y del profundo respeto con el que siempre trató a quienes la rodeaban. Por todo ello permanecerá para siempre en la memoria de todos nosotros, no solo por el cariño que supo despertar, sino también por la admiración y el respeto que inspiró a generaciones de alumnos, familias y profesionales.
Gracias por tanto, profe Maruxa.
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