Caseros a la caza del universitario en las colas ante las inmobiliarias: "Vinieron tres personas a ofrecernos pisos"
Ante las dificultades para encontrar vivienda, los propietarios ofrecen alquileres directamente en las colas de las inmobiliarias. Sin embargo, la desconfianza entre los estudiantes persiste

Colas de estudiantes buscando piso de alquiler en Santiago ante una inmobiliaria a principios de este mes / Jesús Prieto
Diego Mosteiro Riveiro
No hay las colas de decenas de estudiantes que fueron noticia hace semanas, pero sí un continuo trasiego de jóvenes que entran y salen de la inmobiliaria ubicada en Conxo. Son las nueve de la mañana del martes, faltan solo unas horas para que se difundan las notas de corte, e Ismael finaliza por fin su búsqueda de piso tras haber probado suerte en muchas otras agencias. Aliviado pero también exhausto por un proceso que se ha alargado durante semanas, celebra la firma del contrato para la casa que compartirá con dos amigos.
La llegada de julio marca el pistoletazo de salida para miles de estudiantes en busca de una vivienda. A todos estos universitarios, que ya tienen un pupitre asegurado en Santiago, se suman los novatos, alumnos de primer año que acaban de comprobar el 7 de julio si han entrado o no en las carreras que deseaban. Mientras, las dificultades para acceder a una vivienda siguen acrecentándose, sobre todo para los universitarios. El precio medio de un piso con cuatro habitaciones y dos baños -la opción más demandada entre los estudiantes- ronda los 1.200/1.300 euros. Una cantidad prohibitiva para la mayoría.
Ante esta coyuntura, las aceras de la capital gallega se han convertido en puntos de negociaciones improvisados. Algunos propietarios de pisos han visto una oportunidad: ofertas alquileres más económicos que las agencias a las puertas de las inmobiliarias. "Los caseros se pasan por las colas para ofertar pisos. A nuestros amigos y a mí también nos pasó” asegura Ismael, estudiante de tercer año.
Esta opción podría ser una vía de alquiler beneficiosa para ambas partes: los estudiantes conseguirían alquileres más baratos y el casero no dependería de terceros que les cobran comisión. Pero cuando preguntas a Ismael, esta alternativa también tiene sus defectos. “Sin una inmobiliaria no nos fiamos”, dice. De hecho, los caseros que prueban esta vía suelen obtener la misma respuesta por parte de los inquilinos: “No”. Las condiciones del piso o del contrato que se prevén al firmar sin inmobiliaria no dan seguridad a los jóvenes.

Cola de estudiantes ante una inmobiliaria de Santiago en busca de un piso para el próximo curso. / Jesús Prieto
El hecho de que los estudiantes no se fíen provoca que acepten pisos de inmobiliarias que están en peores condiciones de lo que esperaban. Dentro de los presupuestos que manejaban Ismael y sus compañeros, de 200 a 300 euros al mes cada uno, han encontrado “poco y jodido”. Por ello se han agarrado a la primera opción que “encajaba por precio” a pesar de que el piso no cumplía con sus expectativas.
"Vinieron tres personas a ofrecernos pisos, pero no nos fiamos"
Los propietarios de los pisos toman esta vía alternativa para esquivar la comisión que les cobran las inmobiliarias, que en muchos casos ronda el 21% por la gestión de los inmuebles, su publicidad y la sensación de seguridad que ofrecen para ambas partes. En la práctica esto se traduce en 210 euros para un piso alquilado en 1.000 euros.
La situación que ha atravesado Ismael no es un caso aislado. En la misma inmobiliaria en la que él ha encontrado piso, tres chicas estudiantes de primer año buscan una vivienda. Su primera experiencia en Santiago se convierte en un trago amargo al verse envueltas en largas colas para alquilar piso. A ellas les han ofrecido pisos particulares mientras hacían cola, hasta en tres ocasiones. “Vinieron tres personas a ofrecernos pisos, pero no nos fiamos”, explican.
No obstante, es un método que cada vez se ve más en la práctica: alquileres sin saber el precio hasta no ver el piso o incluso alquileres sin contrato. Condiciones que, con inmobiliarias como intermediarias, no sucederían, pero para ello se verían obligados a aceptar unos precios más altos. Quizá este contexto se da por un cúmulo de situaciones que desembocan en que encontrar un piso en buenas condiciones y con un precio asequible para los bolsillos universitarios es casi una misión imposible. Las zonas más solicitadas coinciden tanto en el caso de Ismael como en el de las tres estudiantes: áreas cercanas a los campus universitarios de la USC (Universidade de Santiago de Compostela), ya sea la zona que rodea Praza Roxa, cercana al Campus Sur, o la zona del casco histórico, más cercana al Campus Norte.
Mientras las colas avanzan lentamente ante las inmobiliarias, la acera se ha convertido en una agencia improvisada, donde los caseros solo necesitan decir "tengo un piso en alquiler" para que no pocos estudiantes muestren interés, fruto de la desesperación que genera buscar una aguja en un pajar.
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