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Anécdota del temporal

Los foodtrucks, únicos beneficiados de la tormenta en O Gozo Fest: "O parón favoreceunos nas vendas, a xente aproveitou esas horas para comer"

La caída de sistemas informáticos y el temporal obligaron a suspender conciertos, pero los puestos de comida se convirtieron en refugio y negocio

El temporal de lluvia y granizo interrumpe O Gozo Festival

Eladio Lois

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Eladio Lois

Eladio Lois

Santiago de Compostela

Lo sucedido el pasado sábado en el Monte do Gozo es difícil de describir. Problemas en los accesos debido a la caída de los sistemas informáticos, cancelación y retrasos de conciertos, seguridad desbordada y, en definitiva, un cóctel de imprevistos que, para buena parte del público, conformó una experiencia con muchas más sombras que luces. No obstante, hubo quien hizo de la necesidad virtud y terminó la jornada con un balance incluso más positivo que la previsión inicial. Es el caso de los foodtrucks, que sirvieron como refugio para el granizo y la lluvia. En ellos se amontonaron decenas de personas que buscaban protegerse del temporal.

Uno de ellos era Chichalovers, la hamburguesería especializada en la modalidad takeaway que, como lleva un par de ediciones haciendo, montó su propio puesto en el evento. Su responsable, Graciela Castro, explica que “na nosa foodtruck temos dúas ventás que, ao abrilas, funcionan como toldos. Moita xente resgardouse debaixo e tratamos de axudar como puidemos”.

Personas resguardadas de la lluvia en los autoservicios de cerveza

Personas resguardadas de la lluvia en los autoservicios de cerveza / Eladio Lois

La intensidad del chaparrón llevó a los responsables del puesto a buscar soluciones de emergencia. Entre ellas, repartir bolsas de basura para que los asistentes pudieran cubrirse mientras esperaban a que amainase la tormenta.

“Había xente refuxiada nos baños, onde os colectores ou debaixo de calquera superficie que atopase. Nós repartimos unhas cantas bolsas de lixo para que puidesen taparse”, recuerda Castro. Dentro de una situación complicada, admite, también quedaron algunas escenas pintorescas: improvisados chubasqueros, grupos completamente empapados y asistentes tratando de encontrar un hueco bajo cualquier saliente.

Hamburguesas para recuperarse de la granizada

La granizada comenzó alrededor de las 19.30 horas, obligando a detener temporalmente las actuaciones. La organización comunicó que los conciertos permanecerían suspendidos hasta que la tormenta abandonase la zona, lo que provocó un parón de cerca de dos horas en la programación.

La interrupción alteró por completo la dinámica habitual de los puestos de comida. En lugar de permanecer frente a los escenarios, una parte considerable del público aprovechó la espera para cenar algo antes de tiempo. Lo que inicialmente parecía que podía convertirse en una tarde ruinosa para los negocios terminó provocando largas colas en los foodtrucks.

O parón beneficiounos nas vendas. En condicións normais, a xente estaría pendente dos concertos, pero durante esas dúas horas moitos aproveitaron para comer”, explica la responsable de Chichalovers.

También regresaron como clientes algunos de los asistentes que se habían protegido previamente bajo el toldo de su puesto. “Toda a xente que acollemos debaixo da foodtruck acabou vindo comprarnos. Despois non paramos e creo que no resto dos postos ocorreu algo semellante, porque había colas para comer en todas partes”, señala.

Larga cola formada después de que terminase el temporal, desde la perspectiva del foodtruck

Larga cola formada después de que terminase el temporal, desde la perspectiva del foodtruck / Cedida

La tormenta estaba anunciada, aunque inicialmente las previsiones situaban las precipitaciones antes del comienzo del grueso de la programación. Sin embargo, el temporal se retrasó y terminó descargando en el peor momento, cuando el festival ya estaba en marcha y miles de personas se encontraban en el recinto.

Recompensa imprevista

“Estas cousas pasan cando organizas un evento. Podes controlar moitos aspectos, pero o tempo é imposible de controlar”, reconoce Castro. La empresaria también muestra comprensión hacia la organización de O Gozo Festival, obligada a reaccionar en pocos minutos ante una situación meteorológica especialmente adversa.

“Cando preparas algo desta magnitude e tes toda a carne no asador, que suceda unha cousa así é unha auténtica faena. Pero a tormenta chegou e houbo que parar temporalmente”, resume.

Tras el chaparrón, los conciertos pudieron retomarse y el público fue abandonando progresivamente los refugios improvisados. Para los puestos de restauración quedó una de las jornadas más extrañas de su experiencia en eventos: primero protegieron a los asistentes de la lluvia y, apenas unos minutos más tarde, tuvieron que atender una avalancha de pedidos.

El temporal trastocó los horarios, empapó a buena parte del público y dejó imágenes poco habituales en un festival de estas características. Sin embargo, para Chichalovers, la solidaridad espontánea bajo el toldo terminó teniendo recompensa.

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