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Refugiados

Antón Leis García, director de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID): «En Galicia, marchar es una memoria que tenemos muy viva»

El compostelano sucederá a Raouf Mazou, de la República del Congo, como Alto Comisionado Adjunto para Operaciones de ACNUR

Antón Leis García en campo con AECID

Antón Leis García en campo con AECID / Cedida

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Belén Bertonasco

Belén Bertonasco

Santiago

Antón Leis García (Santiago de Compostela, 1981), actualmente director de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), sucederá, el próximo 15 de agosto, a Raouf Mazou, de la República del Congo, como Alto Comisionado Adjunto para Operaciones del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Llega a ACNUR en un momento en el que el desplazamiento forzoso alcanza cifras históricas. ¿Cuál cree que será el mayor desafío de los próximos años: la falta de recursos, la complejidad de los conflictos o el descredito de la comunidad internacional por su falta de acción?

Estamos en un momento de crisis sistémica superpuesta. Los conflictos son una de ellas. Hay más de 130 conflictos en todo el mundo y esta, además, es la principal causa de desplazamiento y también de necesidades humanitarias en el mundo. Pero hay otras crisis que se superponen. Las consecuencias de la crisis climática, con conflictos mayores, desastres naturales, añade la dispersión sobre el sistema humanitario. Hay alrededor de 300 millones de personas que necesitan ayuda humanitaria en estos momentos y estas son las crisis que se afrontan desde un sistema que tiene desafíos muy importantes. Uno de ellos es el desafío de la financiación porque algunos grandes donantes han reducido sus contribuciones en estos últimos años, y el desafío que tiene el sistema de alguna manera es evitar retroceder 20 o 30 años en su eficacia o su efectividad para resolver estas crisis, porque el riesgo de tener menos recursos es hacer una ayuda que genere una mayor dependencia en vez de lo contrario, que es buscar que las personas sean más autónomas.

En Europa, el debate sobre los refugiados parece oscilar entre la solidaridad de la sociedad civil y el endurecimiento de las políticas migratorias por parte de los Estados. ¿Le preocupa que el discurso político termine condicionando el derecho de asilo?

En estos momentos hay países que están apostando, en el caso de España, por políticas migratorias abiertas, hacer de la migración un fenómeno que enriquece a los países de origen, a los países de tránsito y también a los países de destino. Y en relación con las personas refugiadas, hay una convención internacional que recibe claramente los derechos de estas personas y de alguna manera el desafío aquí es asegurar la protección de estas personas, con los derechos de la convención y los propios Derechos Humanos, y sobre todo asegurarse de que reciben la ayuda. Pero sobre todo que contribuyen al desarrollo económico y social de sus países.

España ha sido tradicionalmente un país de emigrantes antes que de acogida. ¿Cree que esa memoria histórica todavía influye en la forma en la que entendemos hoy el asilo y la protección internacional?

Creo que en España la memoria, no solo de la inmigración, sino también la memoria del asilo y del refugio están muy presentes. De hecho, España es el principal contribuyente de sector privado a fondos de ACNUR, no per cápita, sino en términos absolutos, lo cual es bastante importante.

En Galicia se conoce bien lo que significa marcharse para buscar un futuro mejor. Usted además es compostelano. ¿Cree que haber crecido en una tierra marcada por la emigración aporta una estabilidad distinta a la hora de afrontar un cargo como este?

Creo que sí, esto es una memoria que tenemos muy viva. En Galicia, claramente, creo que es difícil encontrar a alguien que no haya tenido por lo menos un abuelo o una abuela que no haya emigrado en algún momento. Y al mismo tiempo, también esos vínculos históricos con tierras que son un poco lejanas. Todos somos migrantes, yo he pasado una gran parte de mi carrera profesional en el extranjero y siempre me he sentido migrante. Es verdad que las condiciones en las cuales la gente se mueve son la clave. La historia de la humanidad es una historia de mucha movilidad humana y el gran desafío, y al mismo tiempo la gran oportunidad, es conseguir que esos movimientos humanos sean positivos para las personas. Obviamente el caso de los refugiados es bastante particular, porque son personas que se ven obligadas a abandonar su hogar.

En los últimos años hemos visto como la invasión rusa en Ucrania provocó una respuesta inmediata, mientras que otras crisis, como las de Sudán o República Democrática del Congo, reciben mucha menos atención. ¿Por qué se dan estas diferenciaciones en la agenda internacional?

Creo que durante los últimos cinco años que he dirigido la AECID se han respondido a las crisis en la medida de nuestras posibilidades. Y los principios humanitarios que nos obligan, entre otros, está el principio de imparcialidad, neutralidad. Nuestra misión es salvar vidas y proteger a estas vidas. Estamos en un momento en el que hay tantas crisis superpuestas que es muy difícil también para la opinión pública internacional mantener el foco en todas aquellas.

¿Qué rol cumplen los medios de comunicación en las mal llamadas «crisis de refugiados»?

Creo que los medios muchas veces responden a la atención de cada momento. Es difícil mantener la atención en crisis que muchas veces se olvidan.

Viene de dirigir la AECID. ¿Qué le ha enseñado esta etapa que cree que será especialmente útil ahora en su nuevo cargo en ACNUR?

Te diría dos cosas. La primera, la necesidad de dar un paso al frente. En estos momentos de tantos desafíos globales, creo que España la ha dado por medio de la cooperación a través de nuestra agencia. Hemos seguido reforzando los presupuestos de cooperación en tiempo de crisis. Creo que esto tiene mucho que ver con el apoyo de la sociedad española y el hecho de que tenemos una situación geográfica que nos sitúa geográficamente cerca de estas crisis. Y por otra parte, la necesidad de reforma. Venimos de un periodo de cinco años de cambio, de reformas, de adaptarse a un mundo que ya no es lo que era.

Cuando termine su mandato y mire atrás, ¿qué le gustaría que pudieran decir de su paso por ACNUR las personas refugiadas, más allá de titulares e informes oficiales?

Me gustaría que pudieran decir que contribuí a hacer de los refugiados un motor de cambio y de prosperidad, y no únicamente personas que necesitan apoyo y asistencia. De alguna manera, colectivamente hemos contribuido a que pudieran hacer algo grande y a que desplegaran todo lo que tienen que aportar a sus comunidades, a sus países y a la humanidad.

Antes de marcharse a Ginebra, ¿hay algún rincón de Santiago al que le guste volver para recordar de dónde viene y tomar perspectiva antes de asumir un reto como este?

Siempre que puedo, paseo por el Casco, por supuesto, y salgo con amigos de la infancia a tomar unos vinos por el Franco.

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