La cafetería de Santiago con Solete Repsol que roza las 5 estrellas en Google: "Había días que hacía 10 euros de caja"
Hasta 400 personas pasan a diario por este local del casco histórico, donde se sirven dulces artesanales y una mezcla de café única en el mundo

Miguel Martínez y Axel Puchau, propietarios de esta cafetería de especialidad de Santiago de Compostela. / ECG
Durante el primer mes que su cafetería estuvo abierta, no hubo un día en el que Axel Puchau no pensara en echar el cierre. Todo se había hecho con esmero: el local tenía tonos neutros, olía a repostería casera e incluso se había esforzado por encender velas aromáticas.
Las mesas que había colocado con tanto decoro, sin embargo, estaban prácticamente vacías. "Ese periodo fue flojísimo, no me compensaba. Había calculado que tenía que llegar a un mínimo diario para tener un sueldo de 1.000 euros, pero había días que hacía 10 euros de caja", recuerda el propietario del que hoy es uno de los cafés de especialidad más queridos y famosos del casco histórico.
En 2025, el local fue reconocido con un Solete en la Guía Repsol que premiaba su espíritu pet-friendly y este año estuvieron despachando a las más de 100.000 personas que asistieron a O Son do Camiño en colaboración con la entidad. En Google, donde tienen casi 1.000 reseñas, rozan la puntuación perfecta. "Intentamos quitarle importancia a las reseñas, pero se siente bien y estamos muy orgullosos", dice Puchau, que inició Adèlia Café hace ya tres años de la mano de su marido y socio, Miguel Martínez.
Cuenta que fue él quien le animó a abrir algo propio que, en principio, estaba pensado para ser "algo pequeño que pudiera dirigir yo solo". En la práctica resultó imposible, porque, tras esos comienzos tortuosos en el número 6 de la Praza de San Miguel dos Agros, su cafetería de especialidad despegó como un cohete hasta formar colas "de una hora u hora y media".
La gasolina fue una tarta de queso que Martínez elabora personalmente en el obrador y una oferta de bebidas que incluye un café único en el mundo. Porque su blend, una mezcla "70% de Brasil y 30% de Uganda", se prepara en Portugal exclusivamente para este establecimiento compostelano, donde el dueño avisa: "Lo que has probado hoy, no lo vas a probar mañana".
Adèlia Café, el paraíso de los cafeteros para desayunar o merendar en Santiago
Aunque en Adèlia Café se pueden encontrar clásicos, como la cheesecake o los rollos de canela, sus propietarios siempre tienen la vista puesta un poco más allá de lo cotidiano. Con el tiempo han podido armar una lista de proveedores en cierto modo exóticos, que les surten de productos difíciles de encontrar en otros sitios y alimentan esa aura de lugar único.
Por las manos de Martínez -el mago al mando de la cocina-, pasa un queso halloumi que no se derrite con el calor, crostatas rellenas de crema y frutos rojos, y el delicado merengue de una pavlova que hornea con "mil combinaciones". La mayoría son recetas que hay que apresurarse a probar, porque "la carta cambia constantemente" y, de hecho, se prepara ahora para añadir nuevas sorpresas.
"Vamos a meter un brioche de langostino con salsa gochujang, un brioche coreano con jamón dulce y tostadas de tofu y aguacate. Tenemos novedades que nos ha costado mucho conseguir, como un yogur griego que viene de Chipre y que no se puede comprar en los supermercados", explica Puchau con orgullo.
Pero si hay algo que ha convertido esta cafetería en una referencia para tomar un desayuno o un tentempié por la tarde, ese es el café. Además de la mezcla exclusiva, el establecimiento presume de ofrecer grano de orígenes como Brasil o Etiopía, y de un café de filtro "muy aromático, casi como un té" que está pensado "para tomar con calma".
Un ambiente 'hygge' en expansión
No se puede prometer, eso sí, que el café se disfrute en solitario, porque ante el lugar suelen formarse filas en las horas puntas."Yo no lo entiendo, pero hay gente que hace cola para desayunar aquí", apunta el responsable, aún incrédulo por el cambio de rumbo que experimentó aquel negocio que conoció hace tres años.
Por aquel entonces, él trabajaba de Relaciones Públicas y su marido ya se dedicaba a la hostelería. Puchau apenas tenía 22 años, pero fue precisamente la ausencia de responsabilidades propia de la juventud lo que le ayudó a ponerse tras la barra.
Como "no tenía a nadie a mi cargo" y "lo único que podía perder era dinero", abrió junto a Martínez un local de alma hygge, -"un estilo nórdico basado en la sensación bonita que te proporciona un ambiente"-, que ha cambiado un poco con el tiempo y la remodelación en tonos rojos del lugar. A la cafetería le llegó a salir una hermana en la Rúa da Algalia de Abaixo, Adèlia Corner, que tuvo que cerrar porque "faltaba personal y no podías tenerlo abierto".
La experiencia no les ha quitado las ganas de seguir emprendiendo y, por eso, la pareja ya planea nuevas aperturas en otros puntos de Galicia y España. Este año o el siguiente llevarán a Adèlia a Pontevedra y también a Valencia, la ciudad natal de Puchau, aunque a estas alturas Compostela ya se ha convertido en una segunda casa.
Para los santiagueses, esta coqueta cafetería con dulces artesanos también es una suerte de refugio y eso es de lo que más saca pecho la pareja. "Como mínimo, por aquí pasan 400 personas al día y el 90% es gente de Santiago. No se puede elegir a tu público, pero nosotros hemos tenido la suerte de que nuestra clientela sea local y eso nos gusta".
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