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Fiestas

Los feriantes reivindican la seguridad de las atracciones del Apóstol: "Llevo 30 años y jamás ha pasado nada"

Las instalaciones de la Alameda deben superar revisiones técnicas, pruebas de funcionamiento y una inspección específica después de cada montaje antes de poder recibir al público

El responsable del montaje de la noria, Diego Sánchez (Norias Sánchez)

El responsable del montaje de la noria, Diego Sánchez (Norias Sánchez) / Eladio Lois

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Eladio Lois

Eladio Lois

Santiago de Compostela

La noria ya se levanta sobre la Alameda de Santiago. Sus 40 metros de altura sobresalen entre los árboles mientras, a sus pies, los operarios ajustan las últimas piezas, comprueban las conexiones y preparan una de las atracciones más reconocibles de las fiestas del Apóstol. Detrás de esa imagen, que cada verano atrae las miradas de vecinos y visitantes, existe un proceso de montaje, mantenimiento e inspecciones con el que los feriantes quieren combatir uno de los temores que todavía acompaña a parte del público: el miedo a que las atracciones no sean seguras.

«Llevo 30 años con el tema de la noria y jamás en la vida, gracias a Dios, me ha pasado nada», afirma Diego Sánchez, responsable de Norias Sánchez y de la gran estructura instalada este año en la Alameda. Tiene 45 años, es andaluz y lleva prácticamente toda su vida recorriendo España entre montajes y desmontajes.

La noria del Apóstol necesita cuatro operarios y alrededor de un día y medio para quedar levantada. Es un montaje especialmente rápido «gracias a su sistema hidráulico», explica Sánchez. Otras estructuras similares requieren bastante más tiempo: la noria que la empresa llevó a Santiago durante las fiestas de la Ascensión tardó aproximadamente una semana en estar preparada.

La rapidez, sin embargo, no implica que pueda comenzar a funcionar inmediatamente. Antes de recibir a sus primeros pasajeros, las atracciones deben presentar la documentación correspondiente y superar las comprobaciones técnicas exigidas. La noria tiene previsto empezar a operar este domingo, 19 de julio.

Revisiones durante el invierno y después de cada montaje

Sánchez explica que el trabajo continúa incluso cuando las atracciones dejan de viajar durante los meses de invierno. Ese periodo se emplea para revisar las instalaciones, efectuar las reparaciones necesarias y someterlas posteriormente al examen de los ingenieros.

«Son muchas revisiones las que tenemos que pasar. En invierno revisamos todas las atracciones y luego vienen los ingenieros para comprobar que todo está correcto. Si no te dan el visto bueno, tienes que volver a empezar», señala.

Diego Sánchez posa delante de su noria

Diego Sánchez posa delante de su noria / Eladio Lois

El responsable de la noria admite que se trata de máquinas y que, como sucede con cualquier instalación mecánica, resulta imprescindible vigilar su estado. Por eso, insiste, los propietarios deben cumplir todas las indicaciones de los técnicos y mantener un control permanente.

«Hay que estar pendiente de las atracciones y de todo su mantenimiento. Si los ingenieros te dicen que algo hay que hacerlo, tienes que hacerlo», resume.

Una de las imágenes que puede sorprender a quienes observan el montaje es la presencia de calzos de madera bajo algunos puntos de la estructura. Sánchez aclara que no se trata de una solución improvisada, sino de un sistema indicado para este tipo de instalaciones itinerantes. La madera absorbe impactos, no resbala y permite nivelar una estructura que debe desmontarse y trasladarse posteriormente. Un anclaje permanente, recuerda, solamente sería viable en una atracción que permaneciese siempre en el mismo lugar.

El Concello comprueba la estructura, la electricidad y la estabilidad

El Concello de Santiago verifica que las atracciones instaladas en la Alameda cuentan con la documentación técnica obligatoria. Las comprobaciones municipales también incluyen el libro de mantenimiento y el registro de revisiones, el estado estructural de las instalaciones y la ausencia de daños visibles. Se inspeccionan, además, los sistemas de sujeción, las barreras, las protecciones y los diferentes dispositivos de seguridad. Además, Antes de autorizar su puesta en funcionamiento, se realizan pruebas en vacío y con carga controlada para comprobar el comportamiento de la atracción.

Este proceso se repite cada vez que las instalaciones cambian de localidad. Guillermo Alcaraz, responsable del 'Gusano Pupo' y de otras atracciones y puestos, explica que el certificado obtenido en una feria no permite comenzar a trabajar automáticamente en la siguiente.

Guillermo Alcaraz supervisa el montaje del 'Gusano Pupo'

Guillermo Alcaraz supervisa el montaje del 'Gusano Pupo' / Eladio Lois

«Si la semana pasada estuvimos en Carballo, se revisó allí; se vuelve a revisar aquí y se volverá a revisar después en Ribeira. El certificado de un montaje no nos vale para otra localidad», indica.

Alcaraz, natural de Sada, nació en 1985 dentro de una familia de feriantes. «Nacimos en la feria», resume al hablar de un negocio que perteneció a sus padres y que posteriormente pasó a sus manos. Durante estas décadas, la familia ha ido renovando las atracciones para adaptarse a las nuevas demandas y evitar quedarse atrás.

Su gusano Pupo, una instalación infantil en la que también pueden subir los padres con sus hijos, necesita alrededor de cuatro horas de montaje. Después llega el turno del ingeniero, que debe comprobar que la instalación está correctamente montada, probarla y certificarla antes de que pueda abrir.

«Llevamos un control muy exhaustivo. Pueden venir a la feria tranquilos porque las atracciones se revisan siempre», defiende Alcaraz, quien asegura que nunca ha sufrido un incidente en sus años de actividad.

Una noria a cinco euros para los adultos

Además de la seguridad, los feriantes afrontan el aumento de los costes y una asistencia que, según su percepción, ha descendido durante los últimos años. Sánchez calcula que instalar la noria puede representar alrededor de 15.000 euros entre la grúa, los trabajadores, el transporte, el generador y el resto de gastos asociados.

La entrada costará este año cuatro euros para los niños y cinco para los adultos, los mismos precios que en anteriores ediciones. El feriante sostiene que su intención es mantener una tarifa asumible, especialmente porque muchos de sus clientes son familias que suben juntas.

«Lo que necesitamos es que venga mucha gente. Cuanto más público tengas, más rentable resulta. No por subir el precio vas a ganar más», argumenta.

Alcaraz coincide en que el sector vivió una recuperación importante después de la pandemia, pero considera que el impulso inicial se ha estabilizado y que la afluencia comienza a disminuir. Entre las posibles causas menciona la aparición de otras formas de ocio y el esfuerzo económico que supone para una familia pasar una jornada completa en el recinto, cenar y subir a varias atracciones.

Pese a las dificultades, ambos continúan recorriendo Galicia y España con unas instalaciones que se levantan y desaparecen en apenas unos días. Tras el montaje visible para el público quedan las revisiones anuales, los certificados específicos y las pruebas que deben repetirse en cada destino. Un proceso que los feriantes reivindican frente a las dudas de quienes todavía contemplan la noria desde abajo con una mezcla de curiosidad y temor.

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