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El restaurante de Santiago para comer caldo, raxo y tarta por menos de 20 euros: un icono de 95 años que nació de una historia de amor

Este histórico establecimiento resiste desde hace casi un siglo en la Rúa do Franco, donde ofrece menús del día y recetas clásicas

Thales Valeriani (padre) y Thales Graña (hijo), en el interior del histórico restaurante que dirigen en Santiago de Compostela.

Thales Valeriani (padre) y Thales Graña (hijo), en el interior del histórico restaurante que dirigen en Santiago de Compostela. / ECG

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La Rúa do Franco es una de las mecas gastronómicas de Santiago. A ella acuden tanto compostelanos como peregrinos para refugiarse frente a una taza de caldo o un pulpo bañado en aceite y pimentón, cuidadosamente elaborados siguiendo recetas tradicionales.

Algunas de ellas llevan ofreciéndose durante décadas, como ocurre con los platos humeantes que salen de las cocinas del número 57 de esta arteria del casco antiguo. Allí se encuentra uno de los restaurantes más vetustos de la capital gallega, que cumple este 2026 la friolera de 95 años apostando por la gastronomía clásica, menús del día de tres platos por menos de 20 euros, y por algo incluso más sagrado que el punto exacto de cocción de los grelos: el amor.

Porque El Bombero, como se bautizó a este negocio casi centenario en 1931, no se llama así por casualidad. "La primera dueña le puso ese nombre en homenaje a su marido, que tenía esa profesión. De hecho, aquí todavía tenemos las fotos de dos bomberos y uno es él", explica el actual propietario, Thales Graña.

El letrero de la entrada del restaurante El Bombero, en Santiago de Compostela, donde se indica su fecha de creación en 1931.

El letrero de la entrada del restaurante El Bombero, en Santiago de Compostela, donde se indica su fecha de creación en 1931. / ECG

El joven lleva cerca de 4 años al frente del establecimiento, que abrió con su familia poco después de aterrizar en Santiago desde Brasil. Llegó aquí con una beca para estudiar Periodismo, pero la hostelería se cruzó en su ruta y vio la oportunidad: montar un local propio con su familia en una urbe por la que pasan más de 500.000 peregrinos al año y donde los residentes también le son fieles a aquellos negocios que los acompañan desde que tienen memoria.

Mesón El Bombero, menús de tres platos para degustar la gastronomía gallega

El Mesón El Bombero es, precisamente, uno de esos locales emblemáticos de Compostela, con el caldo, los pimientos de Padrón, el pulpo á feira o la mítica tarta de Santiago entre las opciones a elegir. A pesar de estar en una zona turística, ofrece un menú del día económico que incluye primero, segundo, bebida y postre o café por 19,90 euros, y platos estrella como su untuoso raxo al roquefort.

Acostumbrados como estaban a la gastronomía del otro lado del Atlántico, tanto Graña como su padre y su hermano tuvieron que familiarizarse con los sabores y las técnicas de los fogones gallegos. La que más se le resistió, confiesa el propietario, fue el codillo, cuya "salsa en reducción de vino Mencía" fue para Thales un verdadero quebradero de cabeza.

El famoso codillo con reducción de Mencía que se prepara en El Bombero.

El famoso codillo con reducción de Mencía que se prepara en El Bombero. / ECG

Dice que los primeros días dirigiendo este emblemático mesón de Santiago fueron instantes "de bastante ansiedad", a pesar de que "empezamos en temporada baja para poder hacer ajustes" y contaron con ayuda. Si surgía alguna duda frente a los hornillos o se torcía la técnica para preparar el caldo, solo tenían que descolgar el teléfono y tirar de sus raíces, que se asientan en Galicia.

"Mi tía es de Melide y nos ha ayudado, y mi abuela era gallega. Ellas ya hacían caldo y tortilla, así que algo ya sabíamos, aunque el primer mes se quedó el anterior propietario como cocinero para echarnos una mano", explica Graña, para el que llevar un negocio con tanta historia es una suerte de "desafío".

Tras la jubilación de 'La Bombera' -como se conocía en Santiago a la creadora del mesón-, llegó "el señor Juan" en los 70 y luego Jorge, que llevaba 25 años hasta que la familia de Graña le dio el relevo. Un largo periodo en el que a muchos les dio tiempo a crear recuerdos y a tratar de recrearlos mucho tiempo después.

"Hay clientes que vinieron hace 50 años, que se casaron y comieron aquí, y que quieren rememorar eso. Pero el restaurante cambia. Ya no tenemos lacón con grelos, por ejemplo, aunque la propuesta gallega sigue", explica el responsable.

Del otro lado de la balanza, está la ventaja de ser conocido y contar con una cocina "que gusta" desde hace mucho. Tanto, que hay comensales que han convertido la visita a este restaurante de comida típica de Galicia en una auténtica tradición anual. "Hay una clienta, Teresa, que viene una o dos veces al año con sus amigos desde Asturias. Nos van recomendando unos a otros. Es muy bueno".

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