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Celebrar con TEA

"Lo que para unos es fiesta, para otros puede ser insoportable": el Apóstol de las personas autistas

La imprevisibilidad de los ruidos y la intensidad de los estímulos son los principales escollos para personas neurodivergentes en eventos festivos

Cristina Couto, responsable del área de programas de Federación Autismo Galicia

Cristina Couto, responsable del área de programas de Federación Autismo Galicia / Federación Autismo Galicia

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Eladio Lois

Eladio Lois

Santiago de Compostela

Mientras miles de personas cuentan los días para celebrar la fecha grande de las fiestas del Apóstol, otras familias consultan el programa con una preocupación muy distinta. No buscan solamente saber a qué hora comienza un concierto o por dónde pasarán los cabezudos. Necesitan conocer cuándo sonarán las bombas de palenque, dónde habrá más gente o qué actividades incluirán luces intermitentes y ruidos fuertes.

Para algunas personas autistas, la música, los gritos, los petardos, la pirotecnia o las aglomeraciones no forman parte simplemente del ambiente de una fiesta. Pueden convertirse en estímulos difíciles de procesar, causar una angustia intensa e incluso provocar dolor.

“No todas, pero muchas personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) pueden tener dificultades para disfrutar de una fiesta”, explica Cristina Couto, responsable del área de programas de la Federación Autismo Galicia.

La experta insiste en que no se puede generalizar. Hay personas autistas que disfrutan de estímulos intensos y otras que presentan una sensibilidad elevada al ruido, a las luces, a los olores o al contacto físico. Para estas últimas, una celebración multitudinaria puede convertirse en un entorno prácticamente inaccesible.

Cuando el ruido puede llegar a doler

Una persona neurotípica puede sobresaltarse ante el estallido inesperado de un petardo, taparse los oídos o sentir una molestia momentánea. En determinadas personas autistas, la intensidad de esa experiencia puede ser mucho mayor.

Según explica la especialista, diferencias en el procesamiento sensorial hacen que algunos sonidos, luces u olores se perciban de una manera especialmente intensa. "Lo que para la mayoría es ruido de fondo puede resultar insoportable", relata.

En las fiestas, además, los estímulos se acumulan. A la música se suman las conversaciones, los gritos, los aplausos, las luces de las atracciones, los olores de los puestos, la pólvora y la cercanía física de otras personas.

Una persona autista puede estar procesando simultáneamente el murmullo del público, la megafonía, el parpadeo de los focos y sonidos que para otros asistentes pasan casi inadvertidos. Esa acumulación puede provocar una sobrecarga sensorial y terminar en un colapso.

En algunos casos, la persona consigue permanecer durante la actividad, pero después necesita retirarse y descansar durante horas. La responsable de Autismo Galicia lo compara con la sensación de llegar a casa tras una jornada especialmente dura y necesitar silencio, sin conversaciones ni televisión. La diferencia es que algunas personas autistas pueden experimentar esa saturación de manera habitual.

La angustia de no saber qué va a ocurrir

Junto a la intensidad de los estímulos, existe otro factor especialmente problemático: la imprevisibilidad. "Unos fuegos artificiales organizados tienen, al menos, un horario. Sin embargo, los petardos, los cohetes o las bombas que suenan durante la jornada pueden producirse sin aviso", señala Couto. La persona no sabe cuándo llegará la siguiente explosión ni cuánto tiempo continuará el ruido.

Esa incertidumbre puede mantenerla en un estado constante de tensión. Las dificultades aumentan cuando tiene problemas para comprender la información disponible, explicar lo que le ocurre o pedir ayuda. “No saber qué va a pasar, qué tienes que hacer o qué puedes hacer crea angustia”, apuntan desde Autismo Galicia.

La falta de anticipación afecta también a actos aparentemente menos agresivos. Conocer el recorrido de los cabezudos, los horarios de los pasacalles o las calles en las que se espera una mayor concentración de personas permite preparar la experiencia o decidir no acudir.

“Al final, lo que les das a las personas es la capacidad de decidir si quieren estar o no”, resume la especialista.

Medidas sencillas que pueden abrir las fiestas

Desde la Federación Autismo Galicia trabajan con administraciones y entidades culturales para introducir medidas de accesibilidad en celebraciones y eventos. Muchas de las soluciones, explica Couto, son sencillas y no obligan a eliminar las actividades tradicionales.

La primera sería detallar en el programa todos los actos que puedan generar ruidos fuertes o aglomeraciones. No bastaría con anunciar la hora de los fuegos artificiales. También convendría informar de las bombas de palenque, los petardos organizados, las pruebas de sonido, los desfiles, los pasacalles o los recorridos de cabezudos.

Otra posibilidad sería establecer franjas horarias adaptadas en las atracciones. Durante esas horas podría reducirse el volumen de la música y de la megafonía, limitar los efectos sonoros y rebajar la intensidad o el parpadeo de las luces.

Los puntos de información podrían, además, disponer de cascos de cancelación de ruido para prestarlos a quienes los necesiten. Esta medida beneficiaría no solo a personas autistas, sino también a niños pequeños, mayores y ciudadanos con otras sensibilidades.

Cascos de cancelación de ruido

Cascos de cancelación de ruido / Federación Autismo Galicia

“Son medidas muy sencillas que hacen una fiesta para todas las personas”, sentencia la experta.

Menos estruendo y más alternativas

La pirotecnia es uno de los elementos más difíciles de conciliar con las necesidades de quienes presentan hipersensibilidad auditiva. Entre las alternativas se encuentra la pirotecnia de baja intensidad sonora, que mantiene parte del componente visual reduciendo el impacto de las explosiones.

Los espectáculos con drones o las proyecciones de luz son otras opciones. El regreso del videomapping sobre la Catedral durante estas fiestas del Apóstol reduce el protagonismo del estruendo, aunque puede seguir siendo muy estimulante visualmente.

En cualquier caso, la clave vuelve a estar en la información. Un espectáculo de luces también puede resultar incómodo si incluye destellos o cambios rápidos. Explicar previamente cómo será permite que cada persona decida si puede acudir y qué medidas de protección necesita.

Durante las jornadas grandes del Apóstol, Santiago cambia su ritmo. Las calles se llenan, la música se escucha desde distintos puntos y los cohetes anuncian actos compartidos por generaciones. Pero la celebración no se vive igual desde todos los cuerpos.

Para algunas personas, aquello que representa alegría colectiva se convierte en dolor, miedo o agotamiento. Una fiesta abierta no es únicamente aquella en la que cualquiera puede entrar. Es la que permite saber qué va a ocurrir, encontrar un espacio seguro, protegerse del ruido y decidir libremente si participar.

Cuando Santiago se llena de música, luces y pólvora, no todos viven la fiesta del mismo modo. Hay quienes se dejan llevar por el bullicio y quienes necesitan observarlo desde más lejos, con los oídos cubiertos o buscando una calle tranquila. También ellos forman parte del Apóstol, aunque su manera de sentirlo sea más silenciosa.

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