Un Apóstol sin festejos
No todos los santiagueses disfrutan de sus fiestas: "Son unos días muy estresantes para nosotros"

Javier Rosende Novo
Saínza Seoane
Para los compostelanos, el día del Apóstol es, por excelencia, la fecha en la que te reúnes con tu familia y amigos para recorrer las calles de Santiago. Aprovechas para tomar unos vinos en algún bar, ver a los Gigantes y a los Cabezudos con los más pequeños o ir a la ofrenda en la Catedral de Santiago. Sea cual sea el plan, está claro que es un día que todos los compostelanos tienen marcado en el calendario. Pero para que unos puedan disfrutar sin preocupación de las fiestas del Apóstol, otros trabajan para sea posible.
Camareros, personal del servicio de limpieza, bomberos, policías... se preparan para que en los días grandes del Apóstol todo salga como está planeado. Alrededor de 200 policías nacionales se organizan con semanas de antelación a las fiestas para no dejar nada en manos del azar. Santiago Reboyras es inspector jefe de la Policía Nacional y Jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana de la Comisaría de Santiago de Compostela. Desde hace años, se encarga de la seguridad durante las fiestas de la capital gallega y este año no es menos.

El inspector de la Policía Nacional Santiago Reboyras, Jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana en la comisaría compostelana / Javier Rosende Novo
Reboyras cuenta que lo que caracteriza al día del Apóstol es la simultaneidad de la parte festiva y de los actos institucionales. El Día de Galicia reúne en las calles a compostelanos, peregrinos y vecinos de comarcas cercanas disfrutando de las fiestas, pero también acoge eventos civiles y religiosos. Todos estos acontecimientos necesitan de la atención de los agentes por sí solos, pero más todavía cuando en un mismo periodo de tiempo se concentran varios de ellos. Para que estos días transcurran sin ningún incidente, los agentes preparan un Centro de Coordinación en comisaría que está activo las 24 horas del día durante el 24 y 25 de julio. Desde este dispositivo, la Policía Nacional se coordina con Protección Civil, el cuerpo de Bomberos de Santiago y la Policía Local. Reboyras compara los cuerpos de seguridad con una orquesta: "Lo importante es que toquemos todos al unísono y sin desafinar".
El jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana de Santiago destaca que una de las cosas más importantes durante estos dos días de julio es tener la información muy actualizada. En el Centro de Coordinación reciben imágenes aéreas a tiempo real del estado de las calles de Santiago. Estas imágenes permiten a los cuerpos de seguridad actuar según las necesidades de la ciudad y adaptar el plan según cómo se presente la situación. Fue lo que les pasó durante el Día de Galicia de 2025. Los Cabezudos y los Gigantes se retrasaron en su recorrido y, como consecuencia, cuando una de las manifestaciones más multitudinarias de las fiestas, la del Bloque Nacionalista Galego, se acercaba a la plaza de la Quintana, las familias y la comparsa seguían ahí. Con las imágenes de los drones y de los helicópteros, desde el CECOR identificaron el posible peligro y reaccionaron de manera inmediata para evitar un mal mayor. Los agentes desalojaron de la plaza a los niños, a los Gigantes y a los Cabezudos para que así el recorrido de la manifestación pudiera continuar sin ningún incidente.
Para Santiago Reboyras, los días que requieren mayor concentración por parte de la Policía Nacional son el 24 y 25 de julio: "A partir del 25 de julio reina la paz". Desde otro sector, el de la hostelería, también coinciden en que la fecha de más carga de trabajo son el día de Galicia y su víspera.
Valeria Estévez tiene 20 años y, desde hace casi dos, es camarera en el bar Riquela. Desde que empezó a trabajar en este establecimiento cubre los festivos de la ciudad de Santiago, incluyendo las fiestas del Apóstol y de la Ascensión. La joven camarera coincide con el policía en el día de mayor exigencia, pero para ella se condensa incluso más: "Entre la 1 y las 2 de la mañana, de repente viene todo el mundo al bar".

Valeria Estévez, camarera del Riquela Club. / Javier Rosende Novo
Los festivos en Santiago son duros para los camareros. De noches en las que apenas hay clientes a una hora en la que parecen necesitar 8 brazos para atender a todos los que vienen a consumir. Aun así, al contrario que en el caso de los policías, para Valeria es peor el día de la Ascensión. En verano hay más turistas, pero las fiestas de la Ascensión, al caer durante el curso escolar, están repletas de gente que sale "a la manera española". Por eso, aunque se prepare para afrontar una de las noches más intensas del verano, Valeria Estévez no la espera como a la noche grande de la otra festividad santiaguesa.
Para la camarera del Riquela, una de las peores cosas es la alta concentración del trabajo en unas horas concretas, pero también lo es lidiar con algunos de los que llegan al bar. Según Valeria, a cierta hora de la noche, algunos de los que llegan al bar últimamente son "difíciles de tratar". Cuando van bebidos, varios clientes se vuelven impacientes y exigen rapidez a la hora de ser atendidos. Desde la piel de una joven camarera como Valeria, confiesa que a veces se hace complicado: "Estás trabajando y no de fiesta, la gente eso no lo tiene en cuenta".
Valeria Estévez espera el Apóstol de 2026 diferente a los anteriores: "No sabemos qué está pasando, pero últimamente hay menos gente". Durante algunas noches del verano la carga de trabajo es mucho menor que en las mismas fechas en años anteriores, y, aunque haya más extranjeros, su consumo no sustituye al de los santiagueses que antes iban a los bares. La realidad de la Policía Nacional es completamente distinta. No prevén un descenso en el número de personas que van a vivir las fiestas; más o menos esperan el mismo número que el año anterior y, en caso de cambio, suponen que sea a la inversa que en la hostelería, es decir, un aumento. Los cuerpos de seguridad lo deducen por el aumento de peregrinos en Compostela.
Pese a que los trabajos de Valeria y de Santiago sean completamente diferentes, ambos coinciden en una cosa. Cuando los dos trabajadores piensan en el día del Apóstol, lo primero que se les viene a la cabeza es el estrés y la carga de trabajo. Ellos son solamente dos de las personas que trabajan para que otros disfruten, pero son cientos los santiagueses para los que el Apóstol no es sinónimo de disfrute y familia.
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