Hostelería
Los bares de Santiago viven un verano de sequía
El número de turistas y de compostelas entregadas baten récords, pero los negocios hosteleros de la ciudad no experimentan esta subida
Los establecimientos atienden a menos clientes que en las mismas fechas de años anteriores

Terrazas de Porta Faxeira. / Antonio Hernández / Antonio Hernández
Saínza Seoane
Este verano está marcado por olas de calor y un nuevo récord de peregrinos que llegan a Compostela. Caminando por las calles de Santiago, se podría pensar que un número más alto de turistas viene de la mano de un mayor consumo en los establecimientos, pero según muestran muchos hosteleros, la realidad es diferente. Lois Lopes, presidente da asociación Hostalaria.gal, aclara que no puede trasladar ningún dato oficial, pero que los hosteleros sí que perciben una reducción del consumo en general. Para él, la causa principal de la bajada es la pérdida de poder adquisitivo: "A xente non consome porque non ten". Aun así, Lois Lopes deja claro que, aunque años atrás el verano era la época de actividad más fuerte del año, esta diferencia tan marcada se ha desdibujado y meses como mayo han cobrado protagonismo.
Bares de Santiago, tanto de la zona vieja como del Ensanche, califican este verano como "un año un poco raro". Algunos responsables no saben a qué se puede deber esta bajada, mientras que otros lo achacan a "un cambio en la forma de funcionar de los clientes". Para Martiño, camarero del bar Riquela desde hace 7 años, uno de los principales problemas es la falta de clientes de diario: "Na zona vella xa non vive xente, estamos plagados de pisos turísticos. Entón claro que hai clientes, pero son de paso". Esta nueva forma de vivir la ciudad provoca que los establecimientos dependan del turista y, como consecuencia, se tengan que adaptar a sus formas de funcionar.
A Casa das Crechas ya es un clásico santiagués por todos los años que lleva en activo y está viviendo en sus propias carnes el cambio de dinámicas de consumo, pero también los hay que ya comenzaron a trabajar con esta nueva forma de funcionar. Los propietarios de La Garita abrieron las puertas del local a finales de mayo del año pasado y, pese a ser nuevos en el gremio, también han notado variación. Después de algo más de un año en funcionamiento, La Garita ya comenzó a tener clientes habituales con los que el año pasado no contaba, pero aun así también son conscientes del descenso de consumidores extranjeros.

Totty Neira junto a un empleado de La Garita. / Jesús Prieto
Totty Neira, responsable de La Garita, reconoce que desde el comienzo de la temporada ven a menos turista por la calle: "Junio y julio del año pasado fueron dos meses muy fuertes para nosotros, pero los de este año no los igualaron". El propietario del establecimiento asegura que, entre otras cosas, una de las razones del cambio fue el cierre del aeropuerto de Lavacolla durante el mes de mayo. Aun así, los meses de verano siguen siendo las semanas fuertes de La Garita. Durante el invierno, de lunes a jueves son días más tranquilos y el fin de semana es cuando hay más afluencia, mientras que en el verano, el día de la semana no define tan bruscamente cuántos clientes van a pasar por el local: "Un jueves puede ser más fuerte que un sábado".
Los hosteleros de la zona vieja viven unos veranos completamente diferentes a los de la zona nueva. Los del Ensanche tienen una forma diferente de funcionar durante junio y julio, pero coinciden con sus compañeros de zona vieja en que hay menos gente que otros años. "Se nota bajón, sobre todo en las fiestas", dice Moncho, camarero del bar Milay. Durante la semana del Apóstol, el trabajador ha notado "mucha menos gente en Santiago en general". Como algunos de sus compañeros de profesión, el camarero del Milay no sabe a qué se debe esta bajada; para ellos, tal vez sea por un cartel de fiestas poco atractivo o por un cambio en las dinámicas de consumo.
El verano está siendo atípico en varios sentidos. El Mundial de fútbol ayudó a la hostelería a sobrellevar mejor la caída del consumo. Mientras que algunos establecimientos notaban que sus mesas quedaban vacías más tiempo de lo previsto, los días de partido ayudaban a compensar las jornadas de mayor inactividad. El domingo de la final del mundial fue uno de los días del verano en los que más facturaron bares como el Milay. El camarero del bar de plaza roja recuerda el día 19 como "todo un escándalo". Ese día la plaza se llenó como nunca y vendieron mucho más que normalmente y, como consecuencia, "los bolsillos de nuestros clientes lo notaron mucho". Para Moncho, esto puede explicar por qué estos días el bar está más vacío.

Moncho, camarero del bar Milay. / Saínza Seoane
Una calle más abajo, en Frey Rosendo Salvado, el bar Estudio 34 vive una situación similar a la del Milay. Adrián, camarero del establecimiento, reconoce que el ritmo de los últimos días es bajo, sobre todo durante la última semana. El trabajador cuenta que, respecto a otros años, percibe un cambio en el perfil de consumidor que llega al bar. Adrián cuenta que ahora mismo hay más clientes santiagueses mientras que antes predominaban los turistas. "Lo que vi estos dos años trabajando aquí es que el número de turistas bajó mucho", cuenta Adrián. Aun así, la situación de este bar es excepcional en cuanto al contexto del Ensanche, ya que en la calle Frey Rosendo Salvado hay varias viviendas turísticas y por eso tienen más clientes extranjeros que otros establecimientos de la zona nueva.
La zona del Ensanche vive de los vecinos de Santiago y, sobre todo, de los estudiantes, por eso los meses de verano se convierten en los más duros. Con la llegada de septiembre, Moncho y Adrián esperan que la situación remonte y sea como los inicios de curso anteriores, terrazas llenas y estudiantes rotando constantemente por sus mesas. Pero todavía queda por delante el mes más duro del verano para la hostelería del Ensanche santiagués. Algunos bares como el Milay optan por cerrar la primera quincena de agosto, pero otros, como el Estudio 34 permanecerán abiertos. Adrián, el camarero de este bar, es optimista cuando habla del próximo mes: "Hay que esperar a ver cómo es agosto, pero el año pasado se trabajó muy bien".
Indistintamente de la situación de este año, la hostelería santiaguesa espera que el verano que viene el volumen de clientes aumente considerablemente. Los responsables de los establecimientos aguardan que con el Xacobeo 2027 y la posible visita del Papa a Santiago, el número de turistas remonte y que la situación de los pocos clientes del verano de 2026 quede en anécdota.
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