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Un investigador de la USC logra un prestigioso premio europeo por su estudio sobre biomoléculas

Adrián Sánchez Fernández del CiQUS recibe este reconocimiento por una investigación centrada en reducir el impacto de los disolventes

Adrián Sánchez Fernández, Premio María Miguel 2026 da ECIS.

Adrián Sánchez Fernández, Premio María Miguel 2026 da ECIS. / CiQUS

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Pablo Vázquez

Santiago

El investigador del CiQUS (Centro Singular de Investigación en Química Biolóxica e Materiais Moleculares) de la USC, Adrián Sánchez Fernández, acaba de recibir el Premio María Miguel 2026, otorgado por la European Colloid and Interface Society (ECIS). Este galardón premia cada año a un único investigador joven en Europa en el ámbito de la química de coloides e interfaces.

Adrián se graduó en Ingeniería Química por la USC y se doctoró en el extranjero, concretamente en la Universidad de Bath (Reino Unido), donde comenzó a investigar los disolventes eutécticos. Su etapa postdoctoral también se desarrolló fuera, concretamente en la Universidad de Lund (Suecia), centrada en proteínas y ensamblaje molecular. En 2022 regresó a Santiago gracias a una beca Marie Skłodowska-Curie y desde 2023 es investigador Ramón y Cajal y dirige su propio grupo de investigación.

Su trabajo se centra en entender y controlar cómo se comportan las biomoléculas (proteínas y ácidos nucleicos) en disolventes eutécticos profundos (DES), una alternativa más sostenible a los disolventes tradicionales.

La idea principal de su investigación es sacar a las biomoléculas de su entorno habitual, el agua, y conseguir que funcionen en otros medios. Esto abriría camino a toda una serie de nuevas posibilidades relacionadas con el diseño de materiales y aplicaciones biotecnológicas.

Entrevista con Adrián Sánchez Fernández, Premio María Miguel 2026

¿Qué significa para usted, tanto a nivel personal como profesional, ser galardonado con el Premio María Miguel 2026 de la ECIS?

Fue una excelente noticia. A nivel personal, tras el esfuerzo de tantos años de trabajo, este premio reconoce la constancia y la motivación. A nivel profesional, lo considero un reconocimiento muy importante para el trabajo que desarrollamos tanto yo como mi grupo. Valida que estamos en la dirección correcta, apostando por líneas de investigación novedosas y disruptivas que pueden tener un impacto real en la economía y en la sociedad.

El comité destacó su autonomía científica y su capacidad para construir una línea de investigación propia. ¿Cómo fue ese proceso?

Para establecerse como investigador independiente hay dos aspectos que son esenciales: la motivación intrínseca —esas ganas de querer hacer algo distinto— y estar en el entorno adecuado. Tuve la suerte de trabajar con supervisores que siempre me dieron libertad para desarrollar mis propias ideas. Esa confianza fue la que me permitió, gradualmente, consolidar mi propia carrera independiente.

Su trayectoria lo llevó por la Universidad de Bath, la Universidad de Lund y ahora de vuelta a Santiago. ¿Qué aprendizajes le dejaron esas experiencias internacionales?

La internacionalización juega un papel esencial en la formación de investigadores. Te enfrentas a retos culturales y lingüísticos que te hacen crecer. A nivel profesional, aprendes formas de trabajar muy diversas: en el Reino Unido, profundicé en el valor de la ciencia fundamental, un enfoque que sigue siendo la base de nuestras líneas de investigación. En Suecia, el grupo tenía un perfil más tecnológico y orientado a productos, lo que me enseñó a valorar el impacto a medio y largo plazo de la ciencia en la sociedad. En Santiago, estamos intentando integrar lo mejor de ambos mundos.

Su investigación conecta con múltiples disciplinas como la química, la biología y la ciencia de materiales. ¿Cree que el futuro de la investigación pasa por esa colaboración entre disciplinas?

Es fundamental. Aunque algunas ramas de la ciencia requieren de compartimentación, para avanzar en la ciencia que nosotros hacemos no podemos quedar estancados en un solo campo. Si queremos, por ejemplo, desarrollar tecnologías para la administración de fármacos, no basta con la química; debemos entender cómo interactúan esos compuestos con entidades biológicas. Por eso, en mi grupo apostamos por un equipo multidisciplinar formado por químicos, biólogos e ingenieros químicos: el cúmulo de esos conocimientos diversos es lo que nos permite hacer ciencia de vanguardia.

Para el público no especializado, ¿podría explicar qué son los disolventes eutécticos profundos y por qué son fundamentales para la sostenibilidad?

Se trata de un sistema descubierto hace unos 25 años que revolucionó la química. Nos permiten desarrollar disolventes a partir de compuestos naturales y bioderivados, como ácidos grasos o moléculas orgánicas simples, lo que los hace realmente sostenibles. La clave en la formación de estos sistemas reside en las interacciones moleculares entre los precursores sólidos. Al mezclarlos, se genera una nueva fase líquida. Lo más interesante es que podemos modificar esos componentes para diseñar disolventes con propiedades a medida para cada aplicación.

Una de sus líneas de investigación busca que las biomoléculas funcionen fuera del agua. ¿Qué aplicaciones prácticas tendrá esto?

El objetivo es la estabilización de biomoléculas. Estos compuestos se degradan fácilmente, a menudo por procesos de hidrólisis donde el agua rompe los enlaces químicos. Si eliminamos el agua, evitamos esa degradación. Esto tiene aplicaciones obvias en la estabilización de compuestos lábiles, como los ácidos nucleicos utilizados en vacunas o proteínas en medicamentos. Además, nos permite realizar reacciones enzimáticas fuera del medio acuoso, que abre nuevas posibilidades relacionadas con la síntesis de compuestos nuevos.

Como investigador Ramón y Cajal, ¿cuáles son sus grandes retos para los próximos años?

Mi objetivo principal es seguir creciendo profesionalmente, formando investigadores y atrayendo talento al grupo, transmitiendo mi manera de entender la ciencia. Paralelamente, el reto es lograr financiación competitiva a nivel internacional para proyectos más ambiciosos.

¿Cree que hay una carencia de financiación científica en España?

Es una pregunta compleja, ya que la situación varía según el ámbito científico. Mientras que los proyectos galardonados a nivel europeo cuentan con una financiación muy competitiva que facilita recursos y contratación de personal, las ayudas del Plan Nacional suelen ser más modestas, lo que a veces limita la ambición de los proyectos. No obstante, estas ayudas nos han permitido progresar, y el objetivo debe ser seguir incrementando la competitividad de la financiación nacional para elevar aún más el nivel de nuestra ciencia.

Este premio le permite impartir una conferencia plenaria ante investigadores de toda Europa. ¿Qué supone para usted presentar allí el trabajo que desarrolla en el CiQUS y la USC?

Es una gran oportunidad, pero a la vez una gran responsabilidad. El CiQUS es un centro de investigación excepcional donde se hace ciencia excelente y mi deber es estar a la altura para transmitir esa calidad. Estoy muy motivado; me encanta participar en congresos y dar charlas, y, al tratarse de mi primera ponencia plenaria, quiero aprovechar para dejar claro que, aunque el premio lleve mi nombre, es el fruto del trabajo de un grupo de jóvenes investigadores que están cada día en el laboratorio. Quiero demostrar que la ciencia de vanguardia es el resultado de la creatividad, la motivación y el esfuerzo colectivo de todo el equipo, y que detrás de cada logro individual hay un trabajo compartido. 

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