Del reflejo en el río y los cristales ahumados a las gafas homologadas: "El ser humano siempre ha sabido que mirar al Sol es peligroso"
Francisco Gómez-Ulla, profesor de la USC y director médico de Miranza Instituto Gómez-Ulla, recorre la historia de los visionados de eclipses, explicando en los métodos tradicionales para proteger la visión e incidiendo en la idea de que "oscurecer la luz no tiene nada que ver con protegerse de la radiación"

Francisco Gómez-Ulla, profesor y oftalmólogo responsable del Instituto Miranza Gómez-Ulla / RPG

Durante siglos, el ser humano levantó la vista hacia los eclipses sin conocer la retina, la radiación ultravioleta ni la palabra fototoxicidad. Sabía, sin embargo, algo esencial: mirar fijamente al Sol hacía daño. Mucho antes de que la medicina pudiera observar el fondo del ojo, distintas civilizaciones idearon formas rudimentarias de contemplar cómo el día se oscurecía durante unos minutos. Algunas reducían el riesgo; otras solo proporcionaban una falsa sensación de seguridad.
El eclipse del próximo 12 de agosto volverá a situar a Galicia ante ese impulso ancestral de mirar hacia arriba. En Santiago, el Sol quedará oculto en más de un 99%, mientras que otras zonas de la comunidad estarán dentro de la franja de totalidad. El fenómeno llegará al final de la tarde, con el astro muy bajo sobre el horizonte.

El eclipse tendrá lugar el próximo 12 de agosto / ECG
Francisco Gómez-Ulla, profesor de la USC y director médico de Miranza Instituto Gómez-Ulla, propone observar la cita desde una perspectiva que comienza mucho antes de las actuales gafas homologadas. «Los eclipses solares siempre han sido un fenómeno fascinante para todas las culturas, pero también muy peligroso para la vista», resume.
La experiencia enseñó antes que la ciencia. Según explica el oftalmólogo, en el antiguo Egipto y en Mesopotamia ya se habría recurrido a la observación indirecta, buscando la imagen del Sol reflejada en el agua o en determinadas superficies pulidas. No era necesario conocer la estructura de la mácula para comprender que sostener la mirada sobre el astro tenía consecuencias. «Las civilizaciones antiguas sabían que mirar al Sol era dañino para la vista», señala.

Eclipse total reflejado en el agua / Erez Marom
La solución más prudente consistía en no enfrentarse directamente a la luz, sino contemplar una imagen desviada o proyectada. Entre mirar al Sol y mirar su reflejo había una diferencia que entonces no podía explicarse con términos médicos, pero sí percibirse en sus efectos.
La trampa de oscurecer la luz
No todos los procedimientos tradicionales eran igual de seguros. En China, explica Gómez-Ulla, se intentó oscurecer cristales mediante humo y hollín. La idea sobrevivió durante siglos y llegó, con variaciones, hasta épocas mucho más recientes: vidrios tiznados, telas, cortinas, negativos fotográficos o placas radiográficas se utilizaron como filtros improvisados. Todos compartían el mismo atractivo: permitían ver el disco solar con menos deslumbramiento.
Ahí estaba también la trampa. «Todo lo que sea oscurecer la luz del Sol no significa protección», advierte el especialista. Reducir la claridad que percibe el ojo no equivale a bloquear las radiaciones capaces de lesionarlo. Un cristal ahumado puede hacer soportable la mirada y, precisamente por ello, prolongar una exposición peligrosa. Lo mismo sucede con una radiografía, una gasa o una cortina: atenúan la luz visible, pero no convierten la observación en segura.
La diferencia con los sistemas actuales no está únicamente en que hoy el filtro sea más oscuro, sino en que ha sido diseñado y comprobado para detener la radiación dañina. Las gafas corrientes tampoco sirven, por muy oscuras o caras que sean. «Lo único seguro son filtros que bloqueen la radiación infrarroja y ultravioleta», insiste Gómez-Ulla.
Para mirar directamente al Sol deben emplearse visores específicos, homologados y en buen estado. Las gafas de sol convencionales, con independencia de su nivel de oscurecimiento, quedan fuera de esta categoría y no sirven para observar un eclipse.
Cuando la medicina pudo mirar la retina
La medicina tardó siglos en poner nombre a las lesiones que la población ya intuía. Gómez-Ulla sitúa en el siglo XIX las primeras descripciones científicas que relacionaron la pérdida de visión central con la observación directa del Sol y de los eclipses. El avance decisivo llegó cuando fue posible mirar el interior del ojo vivo.
A mediados del siglo XIX, el desarrollo del oftalmoscopio permitió examinar la retina y abrió una nueva etapa para la oftalmología. A partir de entonces comenzaron a describirse alteraciones que antes permanecían ocultas. La vieja advertencia —no mirar al Sol— dejó de ser únicamente una conclusión popular y adquirió una explicación clínica.
Hoy se conoce como retinopatía solar o fototoxicidad retiniana. El daño se concentra especialmente en la mácula, el área central de la retina que permite fijar los objetos, leer y reconocer los detalles. Si la exposición es suficientemente intensa o prolongada, puede producirse una lesión de los fotorreceptores y de otras capas retinianas.
La propia historia de la oftalmología ofrece una comparación reveladora. Gómez-Ulla recuerda que el láser utilizado para tratar determinadas patologías también provoca quemaduras controladas en la retina, aunque aplicadas con una finalidad terapéutica y lejos de la mácula.
Una quemadura que no duele
El problema es que el organismo no activa una alarma inmediata. «La retina no tiene terminaciones nerviosas, por lo que no duele», explica Gómez-Ulla. Una persona puede permanecer mirando el eclipse sin experimentar la sensación de quemazón que le obligaría a apartarse. En la piel, el dolor avisa de una exposición excesiva; en la retina, la lesión puede avanzar en silencio.
La señal aparece al retirar la mirada. El afectado puede notar una mancha negra en el centro del campo visual, visión borrosa o una pérdida de agudeza que dificulta leer y distinguir rostros. «Cuando deja de mirar al Sol se da cuenta de que su visión ha bajado», describe. Como normalmente se observa con ambos ojos abiertos, la lesión puede además afectar a los dos.

El doctor Gómez-Ulla, en consulta / RPG
El oftalmólogo ha atendido a lo largo de su trayectoria entre veinte y treinta pacientes con distintos grados de retinopatía solar, la mayoría por mirar directamente al astro en circunstancias ajenas a un eclipse. Recuerda dos casos relacionados específicamente con eclipses, ambos de hace años. La reducción de estas consultas, considera, tiene relación con una mayor conciencia pública y con las campañas de prevención.
Ese aprendizaje colectivo resume la distancia recorrida desde las superficies de agua y los cristales cubiertos de hollín. La fascinación es la misma; lo que ha cambiado es el conocimiento de aquello que ocurre dentro del ojo y la posibilidad de evitarlo. El eclipse no debe contemplarse a través de radiografías, telas, cristales ahumados ni gafas de sol ordinarias. Los filtros certificados deben revisarse antes de usarlos y descartarse si presentan arañazos, perforaciones o deterioro.

Gafas homologadas para ver el eclipse solar del 12 de agosto / ECG
Gómez-Ulla no plantea renunciar al acontecimiento, sino disfrutarlo sin repetir errores que acompañaron durante siglos a la observación del Sol. «Hay que disfrutar del eclipse, pero con seguridad», concluye. Porque un fenómeno que quizá solo se contemple una vez en la vida no debería dejar una huella permanente en la vista: «Un momento de gozo se puede convertir en un momento de tragedia».
- Muere Manuel Peleteiro Ramos, hijo de los fundadores del Colegio Peleteiro de Santiago
- Llegan de Gran Canaria con sus dos hijos de 3 y 4 años para hacer el Camino tras una depresión y acaban siendo 'el aliento' de otros peregrinos
- Las nueve medidas con las que el candidato del PP Borja Verea quiere convertir Santiago en 'la mejor capital de Europa' para las familias
- Muere ahogado en una playa de O Grove Carlos Nieves, histórico concejal del PSOE de Santiago que estuvo 24 años en Raxoi
- El primer bar vikingo de Santiago abre con un barco a tamaño real como barra: 'Va a ser algo nuevo en la ciudad
- De perseguir autógrafos en Lavacolla a levantar la Copa del Mundo: Borja Iglesias vuelve a casa para ser homenajeado
- Muere a los 85 años de edad Hipólito Rodríguez Visos, fundador de la emblemática empresa Mármoles del Río
- Suspendido el mayor festival de música urbana de Santiago