La reacción de las diferentes especies
Mercedes Camiña, profesora de Veterinaria de la USC: "El ruido y las aglomeraciones pueden estresar más a los animales que el propio eclipse"
Las aves e insectos son las especies que pueden resultar más alteradas, mientras que los animales más grandes apenas notan los efectos

La profesora de Veterinaria de la USC, Mercedes Camiña, profundiza en los efectos que puede tener el eclipse en diferentes especies animales / USC / Elaboración propia

El eclipse del próximo 12 de agosto no será únicamente un acontecimiento para quienes levanten la vista hacia el cielo. Mientras durante unos minutos la luz disminuye de forma drástica, aves, insectos y otras especies pueden interpretar esa oscuridad como una llegada anticipada de la noche. Sin embargo, no todos los animales reaccionarán de la misma manera y, en el caso de perros y gatos, los cambios previsiblemente serán escasos.
Mercedes Camiña García (Caldas de Reis, 1972), profesora de Veterinaria en la USC, advierte de entrada de que «hay muy pocos estudios sobre el efecto de un eclipse solar total sobre el comportamiento animal», fundamentalmente por la rareza del fenómeno y porque «la fase de oscuridad total dura solamente unos poquitos minutos».
Aves e insectos, las especies más alteradas
No obstante, investigaciones existentes apuntan sobre todo hacia aves e insectos. «Para estos animales, el sol es como una especie de brújula, como un GPS», explica Camiña. Esa referencia interviene en sus ritmos biológicos y ayuda a explicar que una desaparición repentina de la luz pueda alterar temporalmente su actividad.
En las aves diurnas, por ejemplo, el eclipse puede adelantar las rutinas propias del descanso. Camiña cita investigaciones realizadas en Estados Unidos en las que, cuando la ocultación superó el 94%, «la mayoría de las especies diurnas tienden a estar calladas y se produce una disminución muy brusca de su actividad». Cuando vuelve la luz ocurre el efecto contrario: «Para muchas aves esto simula un nuevo amanecer».
Las especies nocturnas pueden recibir precisamente la señal opuesta. «El búho interpreta la oscuridad como el inicio de la jornada», señala. Algo similar ocurre entre los insectos: mientras abejas o cigarras disminuyen su actividad, grillos, luciérnagas, polillas o mosquitos pueden activarse. «Los grillos y las luciérnagas aumentan sus vocalizaciones, sus cantos», explica.

El búho, una de las especies a las que más podría afectar el eclipse / Agencias
Especialmente llamativo es el caso de las abejas. Al utilizar el sol para orientarse, «esta oscuridad las va a desorientar totalmente y retornan de nuevo hacia la colmena y dejan de recolectar el néctar y el polen».
La profesora recuerda además que no solamente cambia la luminosidad. Durante un eclipse pueden producirse descensos de temperatura y variaciones en la humedad o el viento, efectos que serán mucho más perceptibles «en los animales que viven en estado salvaje y pasan la mayor parte del tiempo al aire libre».
Duración demasiado corta para afectar a animales más grandes
En el ganado, sin embargo, las investigaciones disponibles reflejan cambios mucho menores. Un estudio realizado con doce vacas Cornualles, Inglaterra, observó que únicamente una comenzó a regresar hacia el establo durante la oscuridad. «En el resto no se vio para nada alterado ni el patrón de rumia ni de pastoreo», relata Camiña. La posible explicación es sencilla: «La duración del eclipse es demasiado corta para engañar a sus sistemas biológicos».
Tampoco se esperan grandes alteraciones en perros y gatos. Podrían aparecer episodios puntuales de estrés en animales especialmente sensibles a los cielos oscuros o las tormentas, pero «el impacto se espera que sea mínimo». De hecho, para una mascota puede resultar bastante más perturbador todo lo que rodee al fenómeno. «Muchas veces el factor estresante más importante es el entorno humano, los ruidos, las aglomeraciones, más que el propio eclipse».
Por ello, Camiña recomienda mantener sus horarios habituales de comida, paseo y juego y evitar llevarlos a zonas masificadas. Tampoco tiene sentido colocarles gafas para eclipses. «Los perros y los gatos no tienen por costumbre mirar fijamente al sol», recuerda. Y advierte: «No debemos forzarlos a mirarlo al sol para hacer un selfi y colgarlo en una red social». En ese caso, el intento de hacerlos partícipes del espectáculo podría resultar bastante más incómodo para ellos que la propia oscuridad.

Las mascotas pueden verse más afectadas por el nerviosismo de los dueños que por el eclipse en sí mismo / Santiago Esturao
Al final, el animal al que probablemente más alterará el eclipse será el ser humano. Mientras aves, insectos o mamíferos responderán durante unos minutos a una oscuridad inesperada y después retomarán sus rutinas, las personas llevamos meses esperando, calculando horarios, buscando el mejor lugar desde el que mirar al cielo y preparando cómo vivir un fenómeno excepcional. Para buena parte de la fauna será apenas una breve confusión entre el día y la noche; para nosotros, en cambio, el 12 de agosto quedará convertido en acontecimiento, recuerdo y espectáculo.
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