Galicia, escenario de un fenómeno único
El físico y catedrático de la USC Jorge Mira explica por qué nos sigue emocionando un eclipse si sabemos cuándo va a ocurrir
El eclipse ya ha pasado, pero nos deja preguntas. ¿Por qué nos sigue impresionando un fenómeno que la ciencia puede calcular con una precisión casi absoluta? El catedrático de la USC Jorge Mira analiza qué ocurre cuando la Luna se cruza con el Sol

El prestigioso científico gallego Jorge Mira, con el sol de fondo. / ECG

Jorge Mira, catedrático de Electromagnetismo de la Universidade de Santiago de Compostela (USC), nos ayuda a entender qué queda en el aire cuando la sombra del eclipse se retira.
«La puesta de la Luna completa delante del Sol ha sido, yo creo, totalmente espectacular. Sobre todo, el momento cuando te quitas las gafas, porque dejas de ver cualquier cosa, y te aparece de sorpresa esa bola que viste tantas veces. La diferencia de ver este fenómeno en fotos y verlo en persona es como hacer una foto de algo carnal o sexual y practicarlo», decía el catedrático ayer después del eclipse en Televisión de Galicia.
La ciudad frente al horizonte
Uno de los grandes retos de este eclipse en la capital gallega y en las ciudades de Galicia fue la baja altura del Sol sobre el horizonte. Mientras que en los espacios abiertos del rural la visión era privilegiada, la fisonomía de Compostela, A Coruña o Vigo impuso sus propias reglas. Jorge Mira destaca que un Sol tan bajo implica que cualquier obstáculo de cierta altura impide la visión directa.
«Se ha visto que este eclipse era una oportunidad para la España rural porque la España urbana, por esa escasa altura, tiene muchísimas zonas vedadas», comenta Mira.
En este sentido, la propia arquitectura y la vida en las ciudades condicionan excesivamente la experiencia de observación. Según el catedrático, en puntos específicos como el centro de Santiago, la visión quedó muy acotada porque los edificios llegaban a tapar el fenómeno. Esta circunstancia convirtió al evento en una reivindicación del campo frente a la urbe: «Las zonas rurales son mucho mejores que las urbanas para observar estos fenómenos», destaca.
Pese a ello, el ambiente en las calles de Santiago fue de una expectación casi mística, demostrando que el cielo sigue ejerciendo un magnetismo irresistible.

Imagen del eclipse solar en Santiago de Compostela / Santiago Esturao
La precisión de un reloj suizo
Muchos ciudadanos se preguntaron ayer cómo es posible que la ciencia sepa con exactitud milimétrica cuándo ocurrirá un eclipse dentro de siglos y, sin embargo, a menudo no sepamos si lloverá el próximo fin de semana.
Jorge Mira explica que para predecir un fenómeno físico se necesitan dos ingredientes: la fórmula matemática que describa ese hecho o fenómeno y los datos precisos que permitan aplicar esas fórmulas a ese problema. En el caso del Sistema Solar, las leyes que rigen el movimiento de los astros están muy bien comprendidas y los datos de las posiciones de la Luna, el Sol y la Tierra se pueden describir con gran exactitud.
Esa misma precisión que necesita para realizar las fórmulas matemáticas es la que permite hoy hitos como los viajes de naves espaciales aprovechando las atracciones gravitatorias de distintos cuerpos celestes.
Sin embargo, el catedrático de Electromagnetismo advierte que la atmósfera es una historia distinta, un sistema mucho más complejo, en el que pequeños errores en los datos iniciales pueden alterar completamente el resultado.
Por eso, aunque dominamos la coreografía de los planetas, todavía no podemos predecir con antelación, por ejemplo, cuándo el Sol emitirá una tormenta solar de partículas que podría causar problemas en la Tierra. «Se puede hacer un aviso con cierta antelación, pero no se puede predecir», puntualiza el físico.
De Einstein a la «ciencia pequeña»
Históricamente, los eclipses fueron el escenario de grandes revoluciones científicas. Desde la época griega, cuando permitieron medir el tamaño y la distancia de la Luna, hasta el siglo XIX, cuando se descubrió el helio antes en el sol que en la Tierra. Fue también durante un eclipse donde se pudo confirmar la teoría de la relatividad de Einstein. Sin embargo, hoy en día, con naves espaciales estudiando la corona solar constantemente, estos eventos ya no tienen la relevancia de antaño para la gran física.
Aun así, Jorge Mira defiende que sigue existiendo una «ciencia pequeña» sumamente valiosa que solo puede realizarse durante estos momentos. Se trata de microexperimentos que estudian cómo varía el microclima o cómo se comportan algunos animales ante los cambios repentinos de luminosidad. «Ya son matices y cada vez matices más ricos, pero ya no son experimentos como los que se hacían antaño», señala el catedrático de la USC, que defiende que, pese al progresivo avance científico, eventos tan periódicos como un eclipse continúan constituyendo «un laboratorio vivo para la biología o la meteorología local».
La emoción de la «carambola» celeste
¿Por qué nos sigue conmoviendo un fenómeno que ya sabíamos que iba a ocurrir al segundo? Para Jorge Mira, la respuesta está en la conciencia de la dificultad. Un eclipse es una «carambola», un alineamiento muy poco frecuente que ocurre, con suerte, una vez en la vida de una persona en un lugar determinado. El catedrático lo compara con el nacimiento de un hijo: sabes que va a nacer a los nueve meses, pero la emoción al verlo plasmado por fin es inevitable.
Además, nuestra forma de mirar al cielo ha evolucionado. Hace apenas un siglo, se pensaba que el universo entero se limitaba a la Vía Láctea, hasta que en 1924 se descubrió que solo somos una galaxia entre miles de millones. Esta revelación ha hecho que nuestra sensación de pequeñez sea mucho mayor. «Nos sentimos mucho más raquíticos en el Universo y, por lo tanto, la fascinación aumenta porque el tamaño del cielo se nos ha agrandado a medida que lo hemos conocido», asevera Mira.
El cielo de hace diez siglos era simple; el de hoy es complejo, inabarcable y, por ello, mucho más fascinante. Ayer, bajo la luz atenuada en Galicia, esa fascinación volvió a unirnos a todos frente al horizonte gallego.
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