Entrevista | Manuel Sánchez garcía Jefe de Radiofísica y protección radiológica del CHUS
Manuel Sánchez, jefe de radiofísica del CHUS: «Lo prioritario ahora es poner en marcha con éxito el Centro de Protonterapia»
En otoño afrontará la fase más delicada de este pionero proyecto junto a un equipo que trabaja a diario para minimizar los efectos de la radiación

Manuel Sánchez García, jefe del Servicio de Radiofísica y protección radiológica del CHUS / cedida

Al frente desde marzo de un equipo de profesionales que trabaja cada día en el Servicio de Radiofísica y protección radiológica para minimizar al máximo los posibles efectos de la radiación en los diferentes ámbitos en los que se utiliza dentro del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago, el también coordinador de la puesta en marcha del Centro de Protonterapia de Galicia, Manuel Sánchez García, admite que «ahora mismo mi foco de atención está en poner en marcha el Centro de Protonterapia de manera exitosa para que se pueda empezar a tratar a los primeros pacientes». Un reto que en otoño entrará en la fase de comisionado con tres intensos meses de «jornadas a doble turno, durante 14 horas diarias».
¿En qué centra su labor el Servicio de Radiofísica y protección radiológica?
Por resumirlo de forma muy rápida, en todo aquello que tenga que ver con el uso de las radiaciones ionizantes, y eso abarca desde el diagnóstico hasta la terapia contra el cáncer o la protección de los trabajadores. Los ámbitos en los que se usa la radiación dentro de un hospital son enormes.
¿Se emplean modelos estandarizados?
Depende. En el tratamiento radiofármaco, hay una parte de mediciones en las que el médico dice lo que quiere radiar y evitar en cada paciente, y se diseña un plan de tratamiento. Y luego la máquina tiene unos controles periódicos, algunos diarios, otros semanales, en los que se comprueba que está administrando lo que realmente le pedimos. En diagnóstico, se trata de obtener información con la mínima radiación. Hay un programa de garantías de calidad y optimización de protocolos que comprueban que tu máquina rinde al máximo de su capacidad con el mínimo riesgo.
¿Cómo se protege al personal?
Con los trabajadores no es una relación entre el beneficio y el coste de la radiación. Con el cribado de mama, tú estás radiando por un principio de justificación, de que cuantos más problemas detecte, más vidas salvo, pero el personal no tiene un beneficio directo de trabajar en ese ámbito. Ahí seguimos el principio de que la radiación sea tan baja como sea razonablemente posible; es decir, intentar que los niveles de radiación nos permitan clasificar esa profesión como segura, y eso se consigue con medidas estructurales y con formación.
¿Qué les diría a usuarios y profesionales sobre esa labor de protección?
Que estén tranquilos porque hay mucha gente detrás vigilando que las cosas se hagan bien. Los profesionales están muy concienciados con hacer un uso responsable de la radiación y utilizarla allí donde sea necesaria. A los pacientes les diría que no piensen que si no se les hace una prueba es por razones económicas, a veces es porque no se considera justificada desde el punto de vista del beneficio que le va a aportar frente a posibles perjuicios.
¿Cuántas personas y de qué perfil integran el servicio?
La especialidad se llama Radiofísica hospitalaria, y pueden acceder a ella físicos, pero también desde perfiles de ingeniería. Hay que superar un examen tipo MIR para acceder a una de las 50 plazas anuales de RFIR y entras en una formación de tres años. En el servicio somos diez físicos y seis técnicos, pero estamos en un momento de crecimiento porque también llevamos la parte física de la protonterapia, y ahí se nos va a incorporar más personal.
«Usuarios y personal deben estar tranquilos porque hay mucha gente involucrada en esa protección»
¿Cuándo se incorpora ese refuerzo para protonterapia?
Tenemos ya incorporadas varias personas, dos del equipo y otras dos que ya han terminado todos los cursos de formación en el extranjero, y en junio entró otra persona de las que van a formar parte de la puesta en marcha, y todas van a estar vinculadas a la estructura interna del Servicio de Radiofísica.
¿En qué fase está ese proceso de puesta en marcha?
A finales de octubre haremos la fase de aceptación y entraremos en la de comisionado. Supone tomar un conjunto de medidas, en un proceso que llevará unos tres meses a doble turno, catorce horas al día, haciendo mediciones que nos permitan modelar la máquina instalada en nuestro sistema de cálculo, y que es lo que después utilizaremos para preparar los tratamientos de los pacientes que se va a tratar con esa máquina. Es un paso muy delicado porque el mínimo error lo arrastra todo. Hay que hacerlo con mucho cuidado y también habrá alguna auditoría externa para comprobar parámetros fundamentales.
¿Si hay un mínimo error en esa fase ya no se puede subsanar?
Sí, pero hay que pararlo todo porque el problema de la radiación es que no es visible, sus efectos pueden tardar tiempo en manifestarse. Por eso siempre digo que a la radiación no hay que tenerle miedo, pero sí respeto, y ahí es donde nos jugamos la precisión de modelado de la máquina, si bien es cierto que cada vez que hacemos algo, lo hacemos de forma redundante y le dedicamos el tiempo que necesita.
¿Cómo afrontan ese reto?
Con ganas y con ilusión. Todo el equipo va a estar al pie del cañón porque van a ser muchas horas, son muchas piezas móviles las que hay que poner en marcha, pero es un proyecto muy ilusionante y estamos deseando poder ponerlo a disposición de los pacientes, con las garantías que tiene que tener. Ahora mismo mi foco de atención está en ponerlo en marcha de forma exitosa.
¿En qué ha cambiado la especialidad desde que usted entró como primer residente del servicio en el año 2005?
En muchos aspectos. No pensábamos que pudiéramos tener un Centro de Protonterapia en Santiago, pero también ha cambiado mucho la transición hacia la radiología digital, que nos ha permitido mayor precisión. Ha habido muchísimo progreso, tanto en diagnóstico como en radioterapia, o en medicina nuclear. Hay un montón de radiofármacos nuevos y la protonterapia, aunque es una técnica conocida desde hace mucho, tiene mucho potencial de crecimiento por delante, y así se está viendo en múltiples ensayos clínicos.
¿Seguirán con esa formación?
Sí, y aunque tenemos capacidad para acoger a dos residentes por año, este año va a haber solo uno porque hay muchos cambios en el servicio, con muchas puestas en marcha, y queremos dedicarle el tiempo que requiere al residente para formarlo bien.
La protonterapia tirará de esos residentes...
Sí, es un proyecto que atrae mucho, muy bonito como físico, y hay gente que quiere venir, pero nosotros tenemos que hacer también un equilibrio porque si todo sale como esperamos, seremos el primer centro público en marcha. Y eso significa que vamos estar acompañando a los que vengan detrás, con lo que no podemos saturar el servicio.
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