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El sacrificio de dos compostelanas para conseguir la plaza de maestra tras años de preparación: «É pechar unha etapa que ten detrás moitísimo esforzo»

Cristina Mourelos e Marta Vieiro relatan a EL CORREO GALLEGO cómo vivieron el estudio para las oposiciones de Primaria y Música, los momentos de desánimo y la emoción de saber que el próximo curso estarán por primera vez al frente de un aula.

Cristina Mourelos Jurjo, a la izquierda, y Marta Vieiro Abraldes.

Cristina Mourelos Jurjo, a la izquierda, y Marta Vieiro Abraldes. / ECG

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Lorena Rey

Lorena Rey

Santiago

Conseguir una plaza de maestra después de años de preparación, intentos fallidos y muchas horas de estudio es el punto en común de Cristina Mourelos Jurjo y Marta Vieiro Abraldes. Las dos compostelanas llevan varios años preparando unas oposiciones que este verano, en las especialidades de Primaria y Música, por fin les han permitido alcanzar su objetivo. Ahora cuentan a EL CORREO GALLEGO cómo ha sido el camino hasta lograrlo y los momentos más duros de la preparación. El próximo martes, 1 de septiembre, comenzará para ambas una nueva etapa como profesoras.

Cristina Mourelos: «Para mí la oposición era mi prioridad por encima de mi familia, mi pareja y el ocio»

Cristina Mourelos tiene 30 años y siempre tuvo claro que quería ser profesora. «De pequeña jugaba a ser profe, a imitar a las que me daban clase», recuerda. Le gustaba especialmente el inglés y durante años pensó que acabaría dando esa asignatura. Sin embargo, cuando estaba en Bachillerato, una profesora que acudía a su casa para ayudarla —y que era filóloga inglesa— le explicó en qué consistían esos estudios. «Vi todo lo que tenía que estudiar todo y no me convencía», cuenta. Fue entonces cuando tuvo claro que quería estudiar Magisterio de Primaria.

Después de Selectividad, puso Primaria como primera opción en las tres universidades gallegas y finalmente consiguió plaza en Santiago. Cursó la carrera entre 2014 y 2018 y después decidió hacer un máster. No quería comenzar demasiado pronto con las oposiciones porque sabía que iba a ser «muy duro».

Comenzó a prepararlas en Premir en el curso 2019-2020, aunque en 2020 la llamaron para trabajar en un colegio concertado. Las oposiciones quedaron entonces aparcadas hasta 2022. Durante ese tiempo también recibió llamadas de otros centros de la enseñanza pública y trabajó con contratos en Tui, Cariño, Vigo o A Coruña, aunque las estancias no superaban los cuatro meses.

En el 2022 decidió volver a centrarse en la oposición. Además, tenía el ejemplo cercano de su hermana, que había hecho el doble grado y el máster y que también se había puesto con las oposiciones. Así, le recomendaron la Academia Janza, en Caldas, y retomó la preparación.

«Empecé con la idea de que había que intentarlo, pero sin pensar que iba a sacar la plaza», reconoce. El primer año que se presentó, en 2021-2022, no consiguió pasar de fase. Aun así, el resultado no acabó con su motivación porque era su primer intento. En 2023 no hubo oposiciones y se tomó aquel año «de desconexión». Al siguiente consiguió pasar de fase y obtuvo buenas notas en la segunda parte, pero los interinos acabaron pasando por delante y no logró plaza. En 2025 no consiguió superar la primera fase.

Hasta ocho horas de estudio al día en la biblioteca

Este año decidió centrarse por completo en conseguir su objetivo. «Ver que una hermana pequeña saca una plaza antes que tú, y a la segunda...», también fue un estímulo para ella. Su hermana había conseguido la plaza el curso anterior y durante este proceso se convirtió además en una de sus principales apoyos.

«Para mí la oposición era mi prioridad por encima de mi familia, mi pareja y el ocio», admite. De lunes a viernes acudía a la biblioteca Concepción Arenal de Santiago. Podía llegar sobre las nueve y pasar allí toda la mañana. Después se iba a comer y regresaba por la tarde.

Las primeras horas las dedicaba a estudiar y repasar los temas y después se centraba en la legislación, que le facilitaba su preparador. La programación la dejó para junio porque ya la tenía preparada de otros años. En abril empezó además a incorporar los sábados a la rutina, aunque mantuvo siempre libres los domingos. «Si no, me estallaba la cabeza», explica. Cuando no estaba trabajando podía dedicar unas siete u ocho horas al estudio. Si estaba en un colegio, las mañanas ya estaban comprometidas, por lo que al principio intentaba «darle más caña» al estudio, sabiendo que después no dispondría de tanto tiempo.

Comenzó el primer año de manera presencial en la academia de Caldas, pero, cuando ya sabía cómo funcionaba todo, optó por las clases online. Se trataba de un día a la semana durante toda la tarde.

La preparación en las últimas semanas no se limitaba al estudio. También tenía que practicar las defensas sin saber todavía si conseguiría pasar de fase. "Por las mañanas repasaba la programación y estudiaba los discursos para después practicarlos con mi hermana o con mi pareja", comenta.

«Entré y vi mi nombre en los aprobados.Empecé a gritar»

Expuso en la segunda semana de julio. «Iba con miedo», reconoce. Después llegó otra de las partes más difíciles del proceso: la espera.

Durante la semana siguiente entraba cada día en la página de la Xunta para comprobar si ya habían salido las notas. Sabía por la experiencia de su hermana que, cuando llegaban, también podía recibir un mensaje en el móvil con el aviso: «Xa ten unha conta de EduXunta. Prema aquí para activala». Eso en el caso de lograr plaza.

Finalmente vio que habían salido las notas de la segunda prueba y recibió el esperado mensaje. «Entré y vi mi nombre en los aprobados. Empecé a gritar», recuerda. Aun así, siguió entrando todas las mañanas para comprobar que su nombre continuaba allí porque no terminaba de creérselo.

La alegría llegaba después de cuatro años marcados por una misma rutina. «Por fin iba a tener unos niños para mí», dice. La espera hasta conocer el resultado, reconoce, fue especialmente dura. "Intentaba desconectar, pero la oposición volvía una y otra vez a mi cabeza", comenta.

No hubo una gran celebración. «Simplemente quería estar en paz después de tanta presión», cuenta. Sí recibió, en cambio, «muchísimas flores» de sus amigos.

Su primer destino, Rianxo

El próximo curso comenzará una nueva etapa en Rianxo, en el CEIP Alfonso D. Rodríguez Castelao. «Me esperaba algo más cerca», reconoce.

Su primer día será el 1 de septiembre, cuando acudirá al Claustro y conocerá el curso en el que impartirá docencia. Tiene preferencia por los cursos más bajos, de primero a tercero, aunque afronta con ilusión la etapa que comienza, sea cual sea el nivel que le corresponda. Este primer año espera, sobre todo, «aprender de todos los profesores y de los niños con los que trabaje».

Marta Vieiro: «Tiña moi claro que o meu futuro tiña que ser nun colexio, pero costoume»

Marta Vieiro tiene 26 años y acaba de conseguir una plaza como maestra de Educación Primaria después de presentarse a tres convocatorias de oposiciones. Estudió el grado en Maestra de Educación Primaria entre 2018 y 2022 e hizo la mención en Música. También cuenta con el Grado Profesional de Música, en la especialidad de trompeta, cursado en el Conservatorio de Santiago.

Desde pequeña tuvo claro que quería ser maestra, aunque durante un tiempo dudó entre Primaria y Música. «Infantil estaba descartado», cuenta entre risas. No había ningún músico en la familia, pero sí una fuerte relación con ella. «O meu avó cantaba as 24 horas do día e miña nai sempre me poñía moitos CDs na radiocasete», recuerda.

Después llegaron las actividades extraescolares en el colegio y su paso por el Conservatorio, donde estuvo diez años y descubrió «un mundo paralelo».

El camino hasta la plaza no fue sencillo. «A preparación das oposicións foi dura», reconoce. Se presentó a tres convocatorias y admite que, en su caso, la motivación fue decreciendo con el paso de los años. «Implica moitísimo esforzo, moitas horas de traballo e rexeitar moitos plans», asegura. Para ella, una de las claves está en la constancia.

En la especialidad de Música, además del desarrollo del tema, el supuesto práctico y la defensa de las unidades didácticas, los aspirantes tienen que acudir un día más para tocar y solfear algún instrumento.

El segundo año logró la nota más alta de Santiago en la programación y en las unidades, pero no consiguió plaza

En su primera convocatoria no consiguió superar el corte. El problema estuvo en el temario. El segundo año logró en la programación y en las unidades la nota más alta de Santiago, un 9,7, pero tampoco consiguió la plaza. «Foi un golpe moi duro», asegura. Una parte de la explicación estaba en el baremo: un tercio de la nota corresponde a los méritos, de modo que otros opositores acabaron pasando por delante. Por eso le costó especialmente volver a ponerse a estudiar este año. «Non é que o quixera deixar porque eu tiña moi claro que o meu futuro tiña que ser nun colexio e quería ser mestra para incidir na realidade dos centros, pero a verdade é que me costou moito», reconoce.

«Ter un preparador co que esteas cómoda é fundamental»

Durante los dos últimos años se preparó en la Academia Nós Oposicións, donde estaba «encantada» con su preparadora, Lidia. «Creo que ter un preparador co que esteas cómoda é fundamental. Cada vez que lle dicía que non podía, ela dicíame que tirara para adiante», explica. Las clases eran los viernes por la tarde, durante cuatro horas. Al principio acudía de forma presencial y después pasó a hacerlas online.

El año pasado, desde septiembre, dedicó más horas a la preparación: unas cuatro por las mañanas y las tardes las ocupaba dando clases particulares. Los sábados también solía estudiar y dejaba libres los domingos.

Este año, sin embargo, no consiguió ponerse en serio hasta enero. Entre febrero y junio trabajó como profesora en A Barrela, en Lugo. La experiencia le sirvió también para comprobar algunas de las dificultades que supone enfrentarse por primera vez a la realidad de un colegio. «Non sabía utilizar os programas informáticos», explica. También fue tutora y tuvo que poner las notas. Durante esos meses, toda su atención estaba centrada en el colegio, por lo que algunas tardes solo podía dedicar una o dos horas a la oposición.

Aun así, salió satisfecha del examen de este año, tanto con el tema como con la parte práctica. Después, las comparaciones con otros opositores hicieron que apareciesen las dudas. «Cando lin o temario como que tiven un bo feedback co tribunal, pero ata que chegan as notas non sabes», cuenta. Ese mismo día que acudió a leer la parte práctica también tuvo que tocar el instrumento. En su caso fue la trompeta.

El 17 de julio, una fecha que nunca olvidará

El recuerdo del 17 de julio está ligado a un plan que tenía para ese día: acudir al festival BigSound de Pontevedra. Sin embargo, durante toda la mañana estuvo pendiente de la página donde se publicaban los resultados, recargándola continuamente.

Finalmente vio su nombre entre las personas aprobadas, aunque todavía no sabía qué iba a ocurrir con el baremo. «Eses minutos son horribles», recuerda. Más tarde comprobó, en un documento posterior, que una de las plazas era para ella. «Choraba a mares, e miña nai igual. E miña avoa dicíanos que non entendía porque chorabamos», relata. Después llamó a sus amigas. Estaba muy emocionada. «É pechar unha etapa que ten detrás moitísimo esforzo», menciona.

A un colegio rural de Vilasantar con el objetivo de «aprender moitísimo e facelo ben»

Su primer destino será el CEIP de Présaras, en Vilasantar, a unos 55 kilómetros de su casa. Su intención es ir y volver cada día, ya que calcula que el trayecto supone unos cuarenta minutos. Si durante el invierno la situación se complica, podría plantearse buscar un alquiler por la zona.

Por el momento sabe que se trata de un colegio rural con apenas unos 60 alumnos. Ya ha contactado con la directora, que le explicó que estaban pendientes de nuevas matrículas y que todavía no sabía si finalmente habría cuatro o cinco unidades de Educación Primaria. Esto hará que haya cursos agrupados.

Ante esta nueva etapa, sus expectativas son altas. «Espero poñer en práctica todo o que sei, aprender moitísimo e facelo ben. Teño unhas expectativas moi altas en min mesma e gustaríame cumprilas», señala.

Su deseo pasa por que sus alumnos guarden un buen recuerdo de ella. «Gustaríame rematar nese cole e que os nenos digan: “Canto aprendín coa profe Marta e que ben me sentín nas súas clases»".

Aunque todavía no ha comenzado el curso, ya está pensando en cómo será su llegada al aula. «Son un cú inquieto e necesito facer algo aproveitable», dice entre risas. Por eso, ya está preparando dinámicas para cuando comiencen las clases el próximo 9 de septiembre.

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