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La reina de las flores: un recuerdo a María Pardo

La historiadora e investigadora de la USC Luisa Losada Sanmartín recuerda la pasión de la exconcejala de Santiago por los jardines

María Pardo Valdés (Santiago, 1968)

María Pardo Valdés (Santiago, 1968) / EFE

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Mª Luisa Losada Sanmartín

Santiago

No recuerdo la primera vez que la vi, pero supongo que fue en primavera, en el jardín en el que me crié el de mi abuela. No sabría decir por qué le gustaba tanto la peonía: quizás su aroma, quizás sus colores, quizás la organización de sus pétalos… Pero ahí estaba siempre, la reina del jardín, alter ego de mi abuela, la protagonista de los jarrones en los aparadores de la casa, de los arreglos para las mesas en las fiestas, y en el último adiós a los familiares: ese era la flor y el aroma de la casa, protagonista visible e invisible del discurrir de las vidas de todos…

El jardín y la huerta hacían del mundo un lugar mejor, más habitable. Con el paso de los años comprendí que el jardín fue para mi abuela el equivalente de la huerta para mi abuelo: su habitación propia, su refugio; y con el tiempo, yo también descubrí mi "jardín propio", alrededor de un cerezo.

María Pardo también se crió en un jardín. Y también tiene su propio jardín, su Walden. Peculiar, un refugio a su gusto, lugar de actividad y descanso a la vez, de encuentro consigo misma y con los demás, diseñado con intención hasta en los pequeños detalles, que ella luego te explica y así descubres lo insospechado… Su flor predilecta, la peonía.

Una peonía

Una peonía / Cedida

Recuerdo la primera vez que me habló de su idea: "Imagina colores en las piedras…". Difícil, le dije, poner color en esta ciudad, tan de muros e iglesias, de losas y adoquines en el suelo, Compostela de días grises y húmedos… Pero ella lo consiguió: empezó por los parterres, y continuó en los jardines de uso y disfrute públicos. ¡Cómo no compartir con los demás lo que a ella más le gustaba en el mundo!

Quienes hemos tenido la suerte de criarnos en un jardín lo echamos de menos en las ciudades. Pero María supo interpretar ese anhelo y en cuanto tuvo ocasión, hizo realidad su objetivo de convertir Compostela en un refugio floral para todos, incluso abriendo espacios verdes a la ciudadanía hasta el momento cerrados. El jardín y las plantas, el paisaje en general como lugar y como experiencia, un espacio para compartir con la naturaleza y donde conectar con los demás y con nosotros mismos, eso era lo que quería para su ciudad.

En la cultura china, la peonía es la reina de las flores: no es de extrañar, con esos colores, ese aroma y ese porte… Como María, reina entre sus flores y en su jardín, aroma invisible de su hogar, que puso color en el Mundo, y en el mundo de cada uno, para siempre: gracias.

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