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El regalo de cumpleaños que le debemos

María Pardo y la ciudad a la que sirvió

María Pardo nació el 1 de septiembre de 1968. Hoy cumpliría 58 años

María Pardo.

María Pardo. / EP

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Ignacio Soto González (Arquitecto) y José Ángel Oreiro Romar (Abogado)

María Pardo nació el 1 de septiembre de 1968. Hoy cumpliría 58 años. Este es nuestro regalo.

En diciembre de 2011, durante las primeras Navidades del nuevo Gobierno municipal, la crisis había reducido a su mínima expresión la partida destinada a la decoración y organización de las fiestas. María de los Ojos Grandes Pardo Valdés, junto con otros concejales, llevó al Pazo de Raxoi adornos de su propia casa y decidió montar un árbol de Navidad en la entrada.

Una tarde, uno de nosotros la encontró arrodillada junto a una maceta, con los pantalones manchados de tierra y una pala en las manos. María lo animó a ayudarla. Él declinó la invitación con una sonrisa, excusándose en su agnosticismo. Mientras se dirigía a su despacho comprendió algo que los años posteriores no harían más que confirmar: aquella mujer había entrado en política para servir.

Las áreas más difíciles

María Pardo asumió en 2011 algunas de las responsabilidades más complejas del Ayuntamiento de Santiago: Urbanismo, Vivienda, Rehabilitación, Ciudad Histórica, Desarrollo Urbano Sostenible y Parques y Jardines. Fue también portavoz del Gobierno municipal. Tuvimos la fortuna y el honor de trabajar estrechamente con ella -uno como jefe del servicio de Planeamiento Urbanístico y otro como director del área- en un periodo difícil y convulso, pero extraordinariamente fecundo para la ciudad.

Estos días se han recordado los parques infantiles de las plazas de Galicia y de Vigo, discutidos cuando se instalaron y hoy dos de los espacios de juego más utilizados por las familias compostelanas. Pero su legado fue mucho más amplio. Buena parte de aquel trabajo permanece a la vista de todos, aunque no siempre se recuerde quién lo impulsó. Otra parte, quizá la más valiosa, quedó oculta en expedientes, negociaciones, ordenanzas y decisiones sin las cuales muchas actuaciones posteriores nunca habrían sido posibles.

A Rocha Forte

El estudio arqueológico del castillo de A Rocha Forte había comenzado años atrás y, en 2011, el Estado había consignado una subvención nominativa de un millón de euros para su recuperación. El procedimiento quedó paralizado y la financiación no llegó a abonarse. María no aceptó que aquella oportunidad se perdiese: promovió las reclamaciones ante el Ministerio, reactivó el expediente y consiguió recuperar la subvención. En 2013 se desarrolló una de las campañas arqueológicas más importantes realizadas allí. No había concebido el proyecto original, pero recibió una iniciativa bloqueada, evitó que se perdiese un millón de euros y la convirtió en una actuación ejecutada.

O Espiño y San Pedro

Algo semejante ocurrió con la Finca do Espiño. Durante más de una década, los compostelanos estuvieron privados de una zona verde de unos 18.000 metros cuadrados que debía haber sido entregada y urbanizada para la ciudad; las diferencias con la promotora y el incumplimiento de sus obligaciones mantenían cerrado aquel espacio. En agosto de 2014 la ciudad pudo acceder finalmente a uno de sus parques más singulares y a una de las mejores vistas sobre Compostela.

La reurbanización de la rúa de San Pedro respondía a la misma forma de entender la ciudad. No se trataba solo de reparar un pavimento deteriorado, sino de recuperar para el peatón la entrada histórica del Camino Francés y de acabar con un chascarrillo hoy olvidado: cada vez que se arreglaba aquella calle, al poco tiempo aparecían nuevos -o viejos- defectos. San Pedro volvió a abrirse en agosto de 2014 y así permanece a día de hoy, con idéntica fisonomía y sin más obras.

Coser la ciudad

De aquella etapa merecen recordarse también, por su singularidad y por las críticas que suscitaron entre vecinos y «opinólogos» de toda laya, la reurbanización de las rúas de Carretas y Carreira do Conde y la cafetería que preside el paseo de la Ferradura. María dejó proyectos que otros ejecutaron (Castrón Douro, Montero Ríos, avenida de Vilagarcía) y materializó otros que sus antecesores habían dejado preparados para ella (Almáciga, Caramoniña, Basquiños, Pastoriza). Y hubo decenas de actuaciones de saneamiento, pavimentación y accesibilidad en barrios y parroquias -de San Pedro a Castiñeiriño, de Vista Alegre a Meixonfrío, Fontiñas o Cancelas-, obras que resuelven problemas cotidianos y ayudan a coser una ciudad, aunque nunca basten para colmar la justa exigencia de la ciudadanía. Todavía hoy se ejecutan proyectos encargados y aprobados durante su mandato; por ejemplo, el de la rúa García Lorca, en Vite.

El perímetro azul

María entendía que agilizar las obras privadas era tan importante como ejecutar las públicas. En febrero de 2012 promovió que la Xunta delegase en el Concello la competencia para autorizar las intervenciones en el denominado perímetro azul, los barrios que circundan la ciudad histórica. En septiembre se aprobó una delegación singular y Santiago pasó a otorgar directamente licencias que antes «peregrinaban» entre distintas Administraciones. Más allá de la burocracia suprimida, aquello supuso la cesión de una competencia autonómica y un reconocimiento a la capacidad municipal -de la concejala responsable del área y de su equipo- para proteger con rigor su patrimonio. En la misma línea se reformaron las ordenanzas: se generalizaron la comunicación previa y la declaración responsable para iniciar actividades y realizar obras menores, reservando la licencia tradicional para supuestos excepcionales.

Una ciudad viva

Entonces empezó a definirse también una estrategia de ciudad inteligente con un horizonte de quince o veinte años, antecedente de lo que después se desarrollaría bajo la denominación SMARTiAGO. Su planteamiento iba mucho más allá de incorporar tecnología, pues partía de una pregunta que sigue plenamente vigente: cómo modernizar una ciudad Patrimonio de la Humanidad sin convertirla en un museo, un decorado turístico o un lugar inhabitable para sus vecinos. La respuesta de María pasaba por concebir la ciudad histórica como una ciudad viva: residencial, accesible, eficiente y capaz de conservar su patrimonio precisamente porque seguía teniendo usos y habitantes. El soterramiento de servicios en San Pedro, Carretas o Carreira do Conde y la reutilización del agua en O Espiño respondían ya a esa visión.

Angrois

Y luego llegó Angrois. En la noche del 24 de julio de 2013, María dejó a un lado cargos, competencias y protocolos y se entregó a aquello que la emergencia exigía. Participó en la coordinación de la respuesta municipal, atendió necesidades y acompañó a las familias en uno de los momentos más dolorosos de la historia reciente de Santiago. Quienes estuvimos cerca de ella sabemos cuánto la marcó aquella tragedia. María impulsó entonces un parque que rindiese homenaje permanente a los vecinos de Angrois, aquellas personas que convirtieron una noche de horror en una lección universal de humanidad.

Un legado sin placa

La ciudad está llena de obras inauguradas por quienes no las concibieron y de proyectos ideados por personas que nunca llegaron a verlos terminados. El legado de un responsable público no puede medirse únicamente por las placas, las fotografías o los actos de inauguración: también se encuentra en los expedientes rescatados, en la financiación que no se dejó perder, en las decisiones que desbloquearon problemas enquistados y en los proyectos que otros pudieron continuar.

Su etapa política terminó de una manera abrupta y profundamente injusta. Una condena posteriormente revocada, que concluyó con la absolución firme de todos los concejales afectados, truncó su trayectoria pública. Basta dejar constancia de ello, con la tristeza de saber que algunas heridas llegan demasiado tarde a ser reparadas.

Así era ella

María no era una persona perfecta, como no lo es nadie que decide, se expone y asume responsabilidades. Tenía carácter, empuje y una energía que en ocasiones podía resultar arrolladora. Pero era, sobre todo, una mujer honrada, perseverante y trabajadora. Una buena persona. Afrontaba los problemas sin esconderse, daba la cara y tenía una capacidad extraordinaria para poner al mal tiempo buena cara. Fue fuerte cuando las circunstancias exigieron fortaleza y sensible cuando quienes tenía delante necesitaban humanidad. Y es justo reconocer que trabajar con ella fue un honor.

Otro de sus proyectos duerme aún en un cajón: la demolición de la Casa da Xuventude, en la plaza do Matadoiro, que quizá algún día permita contemplar el parque de Belvís, que es el tesoro peor escondido de Compostela. Algo de su huella quedará también en esa postal, y nos acordaremos de aquella tarde de diciembre de 2011, arrodillada en la entrada del Pazo de Raxoi, con los pantalones manchados de tierra, plantando con sus propias manos un árbol que el presupuesto municipal no podía pagar. María no esperaba que nadie viniese a resolver aquello. Cogía una pala y empezaba a trabajar. Así era ella. Y así creemos que debe recordarla Santiago.

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