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Rosalía de Castro

¿Cuánto dura en Lavacolla una conexión desde que se anuncia hasta que desaparece?

La vida media de las nuevas rutas en la capital gallega es de 13 meses, un dato muy similar al de Vigo

Las de Alvedro, por su parte, aguantan 37 meses, casi triplicando al los otros dos aeródromos gallegos

En Compostela, Ryanair es la compañía que más anuncios y retiradas ha efectuado

Avión de Vueling en Lavacolla

Avión de Vueling en Lavacolla / Antonio Hernández

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Eladio Lois

Eladio Lois

Santiago de Compostela

El mapa de vuelos de Lavacolla cambia mucho más de lo que parece. Actualmente, el Rosalía de Castro cuenta con 28 destinos operados por nueve compañías, pero desde 2015 ha visto nacer, desaparecer y regresar numerosas conexiones. Algunas duraron apenas un verano; otras reaparecieron años después; y unas pocas han conseguido consolidarse.

El repaso permite poner una cifra a esa inestabilidad. Entre once conexiones estrenadas desde 2015 y posteriormente desaparecidas cuya apertura y cierre pueden fecharse con precisión, la duración media ronda los 13 meses. El cálculo excluye las rutas que siguen funcionando y aquellas claramente condicionadas por la pandemia: mide cuánto sobrevivieron las nuevas apuestas que finalmente cayeron.

Detrás de esa cifra aparecen dos comportamientos distintos: Ryanair protagonizó la mayor expansión y también el mayor repliegue, mientras Vueling ha mantenido una presencia mucho más estable.

Rutas que apenas duraron un verano

En 2015, Vueling convirtió Santiago en base y abrió conexiones con Berlín, Múnich y Düsseldorf. Las dos últimas comenzaron a finales de junio y ya no regresaron el verano siguiente. Berlín aguantó algo más, pero también desapareció en 2017.

Múnich tuvo una segunda oportunidad. Lufthansa la recuperó en 2017 junto a Fráncfort, pero la conexión bávara duró casi exactamente dos años y cayó en 2019. Fráncfort, en cambio, terminó asentándose como una de las rutas internacionales más resistentes de la última década.

También hubo operaciones mucho más breves. Santander, estrenada por Air Nostrum en 2021, nació como un enlace de apenas cinco semanas y no tuvo continuidad.

Pero no todas las bajas son definitivas. Zaragoza es uno de los mejores ejemplos. Ryanair la estrenó en 2020, pero las restricciones sanitarias apenas le dieron recorrido. La recuperó en 2023 y volvió a mantenerla varias temporadas, hasta retirarla de nuevo en 2025.

Algo parecido ha ocurrido con Bolonia, Memmingen, Bruselas o Dublín, que han entrado y salido de la programación. La estacionalidad puede incluso convertirse en una forma de estabilidad: Air Nostrum abrió Melilla en 2024 durante unas semanas estivales y repitió en 2025 y 2026.

Ryanair, récord de anuncios y de recortes

Ninguna compañía explica mejor esa volatilidad que Ryanair. En el verano de 2022 alcanzó su mayor despliegue histórico en Santiago: 26 destinos y más de 110 vuelos semanales. Aquel año incorporó La Palma, Girona, Bolonia, Burdeos, Bruselas, Dublín, Edimburgo, Memmingen, Marsella y París-Beauvais.

Muchas no duraron demasiado. Burdeos y Marsella sobrevivieron alrededor de año y medio. Edimburgo, Girona y París-Beauvais tampoco regresaron en 2024. Cinco de las apuestas más llamativas de aquella expansión desaparecieron aproximadamente entre el primer y el segundo año.

Un grupo de pasajeros embarcando en un avión de Ryanair en el aeropuerto de Santiago

Un grupo de pasajeros embarcando en un avión de Ryanair en el aeropuerto de Santiago / M. G. B.

El vuelco definitivo llegó en 2025, cuando Ryanair anunció el cierre de su base en Lavacolla y retiró numerosas conexiones, entre ellas Madrid, Málaga, Palma, Gran Canaria o Zaragoza. De los 26 destinos de su momento de máxima expansión, hoy mantiene solo ocho.

Vueling cambia rutas, pero mantiene el tamaño

La evolución de Vueling ha sido distinta. También ha probado conexiones que desaparecieron y ha recuperado otras, pero su red ha mantenido una dimensión mucho más estable.

La compañía convirtió Santiago en base en 2015 con 16 destinos y actualmente opera 17. Entre ambos momentos cambió buena parte del mapa: desaparecieron Düsseldorf, Múnich o Berlín; Londres-Gatwick e Ibiza fueron retiradas y después recuperadas; y aparecieron destinos como Londres-Heathrow, Marrakech, Jerez o Ámsterdam.

El contraste es claro: Vueling cambia las piezas, pero no tanto el tamaño del tablero. Ryanair pasó de 26 destinos a ocho; Vueling se mantiene prácticamente en las mismas dimensiones que hace once años.

Una ruta fallida dura unos 13 meses: ¿es poco?

Analizando, desde 2015, la vida útil de las conexiones desde que se anuncian hasta que desparecen, la media es de unos 13 meses. No obstante, sin contexto, esta cifra dice poco. El dato cobra sentido al mirar los otros aeropuertos gallegos. Aplicando el mismo criterio —rutas estrenadas desde 2015, posteriormente desaparecidas y con fechas claras de inicio y final—, Santiago no resulta más inestable que Vigo, por ejemplo.

Vigo ofrece ejemplos muy parecidos. Ryanair inauguró Bolonia y Dublín en 2016 y añadió Milán y Edimburgo en 2017. Todas habían desaparecido al terminar 2018. Tras la pandemia hubo casos todavía más fugaces: en 2022 Air Nostrum operó Alicante durante seis semanas y Málaga y Sevilla durante unos cuatro meses.

La duración de las rutas que terminan cayendo es, por tanto, prácticamente idéntica en Santiago y Vigo: algo más de un año.

A Coruña sí introduce una diferencia. En cinco conexiones recientes ya desaparecidas y comparables, la duración media supera los 37 meses, algo más de tres años. Málaga, Valencia y Londres-Gatwick se mantuvieron prácticamente cuatro años; Bilbao, recuperada en 2021, duró hasta 2024; París-Orly fue la excepción y apenas superó el año.

Vuelo de Iberia en Alvedro.

Vuelo de Iberia en Alvedro. / CARLOS PARDELLAS

Si, del mismo modo, estableciésemos una comparativa con un aeropuerto de mayor dimensión, como puede ser el de Madrid, la comparativa dejaría de tener sentido. En un centro con más de 200 conexiones, lo normal es que se produzcan muchas más rotaciones, por lo que el dato podría inducir a error. No obstante, con el resto de aeropuertos gallegos, al contar con un número de conexiones y un contexto relativamente similar, el dato es revelador.

Por tanto, los números permiten ilustrar la situación: Lavacolla pierde pronto muchas apuestas, Vigo presenta un patrón casi idéntico y Alvedro ha conseguido recientemente que sus conexiones fallidas duren bastante más.

Los ejemplos que sí resisten

También hay rutas que demuestran que superar esos 13 meses es posible. EasyJet conserva Basilea y Ginebra, dos conexiones vinculadas a Lavacolla desde hace más de una década. Fráncfort es otro ejemplo de continuidad prolongada.

Turkish Airlines conectó Santiago con Estambul desde 2013 y llegó a ofrecer vuelos diarios, pero abandonó Lavacolla en 2016. Su marcha supuso perder además un importante enlace hacia su red internacional, ya que la llamada capital de los dos continentes es un punto estratégico como enlace a los grandes aeropuertos de Asia.

Lo difícil no es abrir, sino quedarse

El repaso desde 2015 deja dos cifras que resumen buena parte de la evolución de Lavacolla. Las nuevas rutas que terminaron desapareciendo apenas sobrevivieron unos 13 meses de media; y Ryanair pasó de 26 destinos en su máximo despliegue a los ocho actuales.

Eso no convierte a Santiago en una rareza. Vigo registra una duración prácticamente igual, alrededor de 14 meses. Lo que distingue a Lavacolla es la escala: esa misma volatilidad se produce sobre una red mucho mayor y, por tanto, el número absoluto de ciudades que entran y salen del mapa es superior. A Coruña constituye el contrapunto reciente, con más de tres años de duración media entre las conexiones desaparecidas analizadas.

La programación de 2026 incorpora además rutas demasiado recientes para juzgarlas, como Nueva York-Newark, Ámsterdam con KLM o Cork. Habrá que comprobar cuánto resisten. Porque la última década deja una idea clara: en Lavacolla abrir una ruta es relativamente frecuente; lo difícil es superar esos primeros trece meses y seguir apareciendo en las pantallas varios inviernos después.

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