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Arranca el Año Santo con un grito de esperanza frente a toda adversidad

La Traslación inició los actos de inauguración del jubileo en una Catedral deslumbrante y con aforo reducido por la pandemia

Arrancaron ayer con la conmemoración de la Traslación de los restos del Apóstol las celebraciones de inauguración del Año Santo compostelano, que se inicia oficialmente esta tarde con la apertura de la Puerta del Perdón. Después de dos años sin culto, la Catedral, deslumbrante tras su restauración, recobró ayer el protagonismo como principal escenario de la fiesta que recuerda el traslado del cuerpo del Zebedeo desde el puerto de Haffa (Palestina) hasta la ciudad romana de Iria Flavia; y luego a Compostela.

Desde primera hora de la mañana se congregó en la puerta de Platerías un grupo de fieles que no quería perder un asiento para seguir en directo la ceremonia. Abrió sus puertas la seo al filo de las 11.00 horas, y la mayoría, muchos después de casi dos horas de espera, quedó admirada al contemplar por primera vez los colores, dorados y luces que recobró la Catedral.

Al mismo tiempo, en la plaza del Obradoiro, el alcalde de Santiago, Xosé Sánchez Bugallo, recibía al delegado regio, en esta ocasión Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta. Tras saludar a la Corporación municipal compostelana y al resto de autoridades civiles y militares, entre las que se encontraba el presidente del Parlamento de Galicia, Miguel Santalices, el representante del rey Felipe VI pasó revista a las tropas militares que se concentraban en la emblemática explanada compostelana, en cuya escalitana, actualmente en obras, se instaló una pantalla de grandes dimensiones para seguir los actos.

A continuación, la comitiva puso rumbo hacia la Catedral, donde fue recibida por una representación del Cabildo antes de que el arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, a quien acompañó en la liturgia el cardenal Antonio María Rouco Varela; y el deán, Segundo Pérez; diese la bienvenida al delegado regio.

La ceremonia, organizada al detalle por el canónigo prefecto de ceremonias, Elisardo Temperán, comenzó con la tradicional procesión por el interior de la basílica, en la que se portó la imagen-relicario del Apóstol conocida como Coquatrix, al ritmo de las chirimías. En medio de este ritual, también se procedió a realizar la ofrenda del incienso con el vuelo del Botafumeiro, que volvió a surcar las naves del santuario después de casi dos años sin funcionar, un momento que generó gran expectación entre los participantes en la liturgia.

El momento central de la ceremonia llegó con la Ofrenda Nacional, en la que Núñez Feijóo quiso destacar el papel unificador de la Corona española; a la vez que también se refirió a la pandemia y sus graves consecuencias.

En su homilía-respuesta, el arzobispo puso la Ofrenda ante el altar, “teniendo en cuenta las intenciones de sus majestades y de la familia real”.

Las restricciones impuestas por la crisis sanitaria obligaron a reducir considerablemente el aforo en el santuario. En condiciones normales, la de ayer, víspera de la inauguración de un Año Santo, sería una celebración multitudinaria, en la que participarían, además, cientos de peregrinos llegados de los rincones más insospechados del orbe. Pero, por desgracia, no fue así. Apenas se contaban asistentes internacionales (algunos estudiantes de la USC italianos, como pudo comprobar EL CORREO); y en la ciudad tampoco se registró el movimiento propio de la inauguración de este acontecimiento de trascendencia universal.

En todo caso, monseñor Julián Barrio invitó a no perder nunca la esperanza.

Después de la misa tuvo lugar la tradicional recepción de la Corporación al delegado regio en el pazo de Raxoi.

31 dic 2020 / 00:00
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