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Este miércoles 9 de noviembre se cumplen cuarenta años de la primera visita del pontífice polaco a la ciudad del Apóstol // Contó con una multitudinaria misa en Lavacolla, un encuentro con las gentes del mar y el recordado mensaje al Viejo Continente ante los reyes TEXTO Arturo Reboyras

Así fue el día que el papa Juan Pablo II se dirigió a Europa desde Compostela

Han pasado ya cuatro décadas de la primera visita de un papa a Compostela. Juan Pablo II aterrizó en Barajas el 31 de octubre de 1982 para una gira de diez días por España que comenzó en Madrid y tuvo su broche de oro en Compostela. Desde la ciudad del Apóstol, donde recaló el nueve de noviembre del mismo año, lanzó un trascendental mensaje que aún hoy sigue resonando en el corazón de Europa. Luego, el obispo de Roma regresó, satisfecho, a San Pedro.

Aquella mañana del nueve de noviembre era fría y lluviosa en Galicia. A las 10.20 horas, con veinte minutos de retraso, el avión papal tomaba tierra en Lavacolla. En la explanada de la zona de estacionamiento de aeronaves, cerca de una valla metálica de seis kilómetros de longitud, esperaban al santo padre unas quinientas mil personas. El papa, que cuando se asomó a la escalerilla del avión se resvestía con una capa roja para hacer frente al frío, fue recibido en la pista por el entonces arzobispo de Santiago, monseñor Ángel Suquía Goicoechea; y su obispo auxiliar, monseñor Antonio María Rouco Varela. También fue saludado por el entonces presidente de la Xunta, Gerardo Fernández Albor, el presidente del Parlamento de Galicia, Antonio Rosón Pérez; y el alcalde de Santiago, Marcial Castro Guerra, entre otras muchas autoridades civiles, militares y eclesiásticas.

En el aeropuerto se vivía un ambiente de gran expectación, según recogía EL CORREO en las páginas de la edición especial que se publicó aquella jornada. La explanada de Lavacolla estaba abarrotada y algunas personas tuvieron que ser evacuadas al sufrir mareos o indisposiciones en medio de la multitud y de un tiempo desapacible. La presencia de Juan Pablo II en Santiago significaba un motivo de profunda emoción para toda Galicia. Monseñor Suquía declaraba entonces que “la llegada del papa al sepulcro del Apóstol y la despedida de España es un momento singularmente histórico que, además, tiene un especial sentido pastoral”.

Tras recorrer las zonas exteriores del aeropuerto, su santidad se desplazó hasta un monumental altar elevado en el centro de la pista de aterrizaje de Lavacolla, donde presidió una solemne Misa del Peregrino. En su homilía, el papa polaco se refirió al sentido evangelizador de su viaje a España, que concluía, precisamente, en el Finis Terrae y que “ahora es una ventana abierta a las nuevas tierra”, afirmó el sumo pontífice. Todos los presentes le coreaban a una sola voz: Juan Pablo II, te quiere todo el mundo; Juan Pablo , peregrino, Galicia está contigo o Totus Tuus, en referencia a su lema apostólico. Fueron las palabras que resonaron una y otra vez durante aquella visita de un día a Santiago.

VISITA A LA CATEDRAL. Una misa memorable tras la cual el papa acudió a la Catedral. Eran exactamente las 13.35 horas cuando Juan Pablo II, escoltado por el Cabildo, hacía su entrada en la Catedral compostelana por la puerta de la Azabachería. Nunca en la historia hasta ese momento un papa había entrado en la basílica. La crónica de este periódico recogía que “quizá muy pocas veces, en los mil años de historia catedralicia, un aplauso sonó tan emocionado”. Oró en la Capilla de la Comunión, luego se desplazó hasta el Pórtico de la Gloria, donde recibió una explicación por parte del canónigo Jesús Precedo Lafuente, el mismo que le describió la Capilla Mayor cuando el papa llegó al crucero de la Catedral. A continuación, visitó la Cripta. De rodillas y en silencio absoluto, veneró durante unos minutos el sepulcro del Apóstol. Luego se desplazó al Palacio Arzobispal, salió al balcón y recibió la ovación de las miles de personas que se congregaban en los exteriores de la seo.

En la residencia episcopal almorzó aquel día el romano pontífice. Las páginas de EL CORREO recogen que se trató de una comida privada, en la que solo participaron el obispo de Roma, monseñor Suquía y el nuncio apostólico en España.

Después de un pequeño descanso, y ya por la tarde, la Plaza del Obradoiro acogió otro de los actos importantes del programa de aquel día: el encuentro del papa con las gentes del mar. Llegó a la plaza en el papamóvil acristalado y allí descendió acompañado de monseñor Suquía. Entre el clamor de la gente, avanzó unos pasos con la mirada fija en la hermosa alfombra que un grupo de vecinos de Ponteareas habían tejido con flores la noche anterior. Momentos después, el santo padre recibía la Llave de Oro de la ciudad de manos del alcalde, Marcial Castro Guerra. Estaban presentes la Corporación municipal, autoridades y obispos, que también fueron testigos de cómo el papa firmó en el Libro de Oro de Santiago. Delante de la verja de la escalinata del Obradoiro se instaló un palco desde el que el papa presidió el encuentro con miles de marineros.

El obispo de Roma se dirigió a los asistentes en un castellano muy correcto, matizando en todo aquello que era la esencia viva de lo que el santo padre quería hacer llegar al corazón de aquellos pescadores a los que consideraba como de la familia de aquellos otros pescadores de la barca de San Pedro, en la que figuró entre los más abnegados el propio Apóstol Santiago. El papa polaco también sorprendía a los gallegos con unas palabras en la lengua de Rosalía: “A todas as grandes xentes de Galicia... a todos vós”. Antes de cerrarse el acto, el grupo folclórico Eidos de A Coruña interpretó una pieza de música tradicional y, tras cantarse la Salve Marinera, el vicario de Cristo impartió su bendición.

MENSAJE EUROPEÍSTA. Poco después llegó el acto, quizás, más trascendente de aquel viaje, pues Juan Pablo II se dirigió directamente a toda Europa desde Santiago. De nuevo en la Catedral y ante la presencia de los reyes de España, don Juan Carlos y doña Sofía, el sucesor de San Pedro pronunció unas palabras que todavía no han dejado de resonar: “Yo, obispo de Roma y pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades. Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Fue el broche de oro a un viaje de nueve días a España del que el papa se despidió desde el aeropuerto de Lavacolla, desde donde regresó a Roma, diciendo hasta pronto a la Tierra de María.

El rey: “Santiago fue meta en la historia y puede ser el inicio de una Europa nueva”

Santiago. “Compostela, que fue meta en la historia, puede ser ahora el principio de una Europa nueva”. Fueron las palabras pronunciadas por el rey Juan Carlos I en la Catedral antes del mensaje europeísta del papa Juan Pablo, quien habló de la división que sufría Europa en aquel momento visibilizada en el Muro de Berlín. El pontífice resaltó la necesidad de la búsqueda permanente de la verdad y del bien a través de la compresión de los hombres y mujeres; y el diálogo permanente. Así, pidió entrega y generosidad en la consolidación de un mundo mejor.

Aquel acto en la Catedral cerró las actividades programadas en Santiago y España. Galicia respondió con orgullo, alegría y emoción contenida a esta visita que concluyó a las 20.25 horas en un Boeing de Iberia llamado Navarra con rumbo a Roma. Celebrado el acto europeísta, la comitiva se dirigió a los helicópteros estacionados al lado del campo de fútbol de Santa Isabel, entre las aclamaciones del pueblo, que trasladaron al grupo al aeropuerto de Lavacolla, donde despidieron al vicario de Cristo en la Tierra los reyes de España, el presidente del Gobierno, Felipe González; el ministro de Asuntos Exteriores, así como autoridades civiles, militares y eclesiásticas. En el acto de la despedida, su santidad agradeció el calor dispensado y el cariño demostrado por el pueblo en todas sus manifestaciones con la intención de tenerle siempre presente e impartiendo su bendición.

No cabe duda de que aquel viaje con final en la ciudad del Apóstol marcó profundamente a San Juan Pablo II, pues años después, sería él mismo quien eligió Compostela para la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud de 1989. a.r.

07 nov 2022 / 01:00
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