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El Correo Gallego

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"El Camino nos enseña que vivimos con mucho más de lo necesario"

Estos cuatro amigos de Jaén han cumplido su sueño de peregrinar a Santiago // Se conocen de una cofradía y el viaje tiene un gran sentido religioso para ellos

Mari Carmen Bermejo, Rafael Mariscal, Francisco Gordillo y Guadalupe Cruz  - FOTO: ECG
Mari Carmen Bermejo, Rafael Mariscal, Francisco Gordillo y Guadalupe Cruz - FOTO: ECG

REDACCIÓN  | 17.09.2019 
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Mari Carmen Bermejo, Rafael Mariscal, Francisco Gordillo y Guadalupe Cruz se abrazan con sentimiento frente a la Catedral de Santiago. Por fin lo han conseguido: han culminado la Ruta Xacobea tras cinco días de peregrinación desde Sarria y, llegados al Obradoiro, no pueden contener las lágrimas. Y es que el viaje les ha dejado un poso importante: "El Camino te enseña a vivir con muy poco, con lo esencial, que es la comprensión, la solidaridad, el amor, la amistad..."

Estos cuatro peregrinos, dos matrimonios oriundos de Jaén, saben mucho de esto último: se conocen desde hace años y comparten una amistad muy especial, surgida en el seno de la cofradía de la Pasión, con la que todos los años organizan los pasos religiosos de Semana Santa. "Para nosotros la Ruta tiene un sentido espiritual. Te enseña a prescindir de lo superfluo y a valorar lo verdaderamente importante", explican los jierenses, que al llegar a cada pueblito reposaban el día en las misas preparadas para los peregrinos.

Los andaluces llevaban años queriendo hacer el Camino. "Nunca nos coindicían las fechas ni nos poníamos de acuerdo. Al final resultó que este verano, de una semana para otra, nos decidimos y nos plantamos aquí", explican. Lo que sí tenían muy claro era qué tipo de Camino querían: que no implicara grandes multitudes, que tuviera ratos de sosiego y, sobre todo, que incluyera a los cuatro amigos del alma. "Sabíamos que no queríamos ir a albergues ni a sitios muy sobrecargados de gente. Así que pernoctamos en pensiones, en los que compartimos habitación los cuatro y pasamos grandes momentos", relatan.

Durante las etapas sí interactuaron con otros peregrinos, con los que iban coincidiendo al llegar a los destinos y con los que se gestó una relación muy especial. "Lo bonito de este itinerario es que vas encontrándote siempre a la misma gente. Con muchos hemos intercambiado los teléfonos y hemos quedado en vernos", explican.

La dureza del Camino también dio lugar a situaciones difíciles, en las que la solidaridad y la empatía con el otro siempre se imponían. "En Palas de Rei nos encontramos con unas muchachas catalanas que tenían los pies destrozados de ampollas. No dudamos en curárselas y mi mujer les regaló un par de calcetines", cuenta Rafael Mariscal. Guadalupe Cruz, por su parte, relata cómo "roció de spray relajante a un chaval al que le acababa de dar un tirón", o las múltiples veces que otros peregrinos "le dieron a beber de su agua" al quedarse sin líquido en la botella.

Como anécdota del Camino, estos cuatro amigos explican que, antes de emprender su periplo, pararon en Santiago a comer y conocieron a dos amigos de Murcia que también se disponían a hacer la Ruta Xacobea. "Nos vemos en los bares", prometieron. Y así fue: durante sus cuatro paradas coincidieron con los murcianos en varios locales, donde compartieron vasos de vino y muchas risas.

Antes de emprender el viaje de vuelta a casa, los jierenses tienen dos visitas obligatorias: abrazar al Apóstol y conocer O Cebreiro, que uno de los dos matrimonios visitó hace tiempo y del que quedó prendado. "Nos vamos con ganas de más. Este viaje es para repetir. Quizá el año que viene, o para el otro...", afirman.