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viernes, 28 enero 2022
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Clara Campoamor, balcón de la ciudad

SÁNCHEZ-AGUSTINO y

ARQUITECTOS ASOCIADOS

En el desarrollo y avance de las ciudades, la convergencia del planeamiento y la conquista de ámbitos físicos todavía no desarrollados, generan espacios urbanos que tratados convenientemente pueden aprovecharse para uso y disfrute del ciudadano.

La actuación en el entorno de la estación del ferrocarril de Santiago de Compostela, con la incorporación de la estación de autobuses y la reurbanización del vial Clara Campoamor, frontera con las Brañas de Sar y el barrio de Pontepedriña, ha querido dar respuesta a una antigua ambición de la ciudad de contar con una estación intermodal que responda al intensísimo flujo de viajeros que mueve la capital de Galicia y lograr al tiempo, una pacífica transición entre el viejo Ensanche y la expansión de la ciudad cara al sur, de la que antes carecía.

Gracias a todo ello, hoy podemos coincidir en que el vial Clara Campoamor además de servir a las necesidades del transporte público y de drenaje circulatorio de Restollal, se ha convertido es un novedoso balcón de la ciudad que destaca por la escala de su amplitud y su apertura visual, que ha retirado el telón al Gaias, que allí ahora emerge para contemplación del ciudadano. Estamos pues ante nuevo espacio público que como otros, en muchas ocasiones, por espontánea decisión popular, se convierten en lugar de encuentro o puntos emblemáticos de la ciudad. Los fuegos artificiales del pasado 31 de julio, han confirmado que este ámbito urbano va camino de convertirse en uno de los favoritos de los santiagueses.

El poder contar con renovados espacios públicos de calidad en las urbes, es un derecho cívico, que democratiza la vida urbana y que rehabilita la interacción social que desgraciadamente las redes sociales han ido arrinconando. La madurez, conciencia y lucidez urbana de una metrópoli, es directamente proporcional a la cantidad y calidad de sus espacios públicos. En esto coincidimos todos que Santiago de Compostela disfruta de unos altos niveles en este sentido.

Es por eso que lejos de contentarnos y autocomplacernos con lo hecho, resulta oportuno introducir el debate de nuevas mejoras que suavicen la actuación propiamente urbana del vial Clara Campoamor, con el propósito de evitar que en si mismo, pueda convertirse en otra frontera difícil de traspasar en nuestro camino a las Brañas de Sar, el Gaias, Pontepedriña y el Parque Eugenio Granel. No existe desatino urbano mayor que un espacio público vea dificultado, por las razones que sean, su uso público.

Precisamente la intermodalidad al combinar diferentes medios de transporte, favorece que el desplazamiento de un lugar a otro se pueda realizar de una manera cómoda y eficaz, lo que supone una innegable mejora en lo social y en la calidad de vida de los ciudadanos, reduciendo costes y rentabilizando los recursos dedicados al transporte. Y es así que las nuevas actuaciones que nuestro estudio propone, contemplen dulcificar el interfaz del ciudadano entre un espacio duro y otro verde que mejore la transición entre ambos.

No basta la introducción de alcorques, carriles-bicis sin continuidad, setos etc., es necesario jugar con las cotas de todos estos elementos de modo que todos ellos consigan su integración frente al ciudadano, algo en lo que actualmente es deficiente el vial Clara Campoamor. Así, la cota de acera y vial debe ajustarse, para que ambos logren una continuidad en una transición permanente en toda su longitud hacia las Brañas de Sar, conectando ambos espacios, generando dinamismo entre los diferentes planos naturales a distintas cotas, con nuevas tribunas ligeras y no intrusivas, en los que hacer algo tan simple como sentarse y contemplar las vistas o los fuegos del Apóstol, y que permitiría en un circuito de subidas y bajas, entradas y salidas a diferentes niveles, difuminar la frontera que separa, todavía de forma demasiado evidente, a la calzada y acera, de los espacios verdes, resultando todo ello una ganancia para la “intermodalidad” del ciudadano en su versión de peatón, caminante o ciclista.

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