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Castiñeiras "indujo" a blindar el Archivo y a hacer del Códice una obra inaccesible

Tras el escandaloso robo, la Catedral digitalizó las puertas, reforzó las cámaras en la zona de la caja fuerte y el personal de seguridad // En caso de incendio, se activaría un extintor sin agua

FOTO: ECG
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ARTURO REBOYRAS   | 16.05.2019 
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Tras la desaparición del Códice Calixtino en julio de 2011, que puso de manifiesto la vulnerabilidad de las medidas de seguridad de la Catedral, todo cambió en la seo compostelana. Manuel Fernández Castiñeiras, el exelectricista, demostró que acceder y robar los valiosísimos fondos que se custodian entre los sagrados muros de su Archivo no era una misión imposible. Él lo consiguió con toda la tranquilidad del mundo. Se llevó el Códice como Perico por su casa y nadie echó en falta el tomo hasta varios días después de que el ladrón asaltara la caja fuerte. Saltaron las alarmas el cinco de julio de 2011 y en ese momento se inició una investigación que tuvo como resultado el hallazgo del documento medieval un año después en un garaje de O Milladoiro y la detención de Fernández Castiñeiras, que también tenía en su poder otras obras literarias de la Catedral y 1,7 millones de euros en metálico que había sustraído de los cepillos de la Basílica.

Hoy en día, el ladrón lo tendría mucho más difícil para hacerse con su botín. Según explica Francisco Buide del Real, actual archivero de la Catedral, las medidas de seguridad en torno al tomo jacobeo han sido reforzadas considerablemente. El libro apenas sale de una cámara acorazada. "Para llegar hasta la caja fuerte desde el acceso principal del Archivo hay que pasar por delante de varios dispositivos de videovigilancia que están supervisados desde un control de seguridad permanentemente", señala, antes de indicar que en esta habitación se guardan los volúmenes medievales más valiosos, entre ellos el Códice Calixtino.

Además, también se instaló un sistema de digitalización de los accesos. Así, para abrir las puertas de las diferentes estancias es preciso, además de la llave, introducir un conjunto de claves. Por otro lado, la entrada a esta habitación siempre será con doble presencia: deben ingresar siempre dos personas, el técnico del Archivo acompañado de un agente del servicio de seguridad.

Ni siquiera los investigadores pueden tocarlo: ahora tienen que conformase con consultar la versión digitalizada, a la que pueden acceder desde la sala de estudios del Archivo catedralicio. Solo por motivos muy excepcionales, y con previa autorización de los responsables de las instalaciones, podrían los estudiosos palpar el tomo.

Cuando por alguna causa mayor es necesario trasladarlo a otro lugar, como el 3 de noviembre de 2017, cuando se llevó a la Sala Capitular con motivo de su inclusión en el Registro de la Memoria del Mundo de la Unesco, se dispone una escolta que garantice su seguridad. "Si se expone en algún espacio público, siempre estará vigilado por un guardia y en una vitrina", apunta Buide del Real.

 


TRES ALARMAS. La cámara que custodia el manuscrito medieval cuenta con un moderno sistema de control de humedad y temperatura; y también de prevención de incendios. De detectarse humo en la cápsula, saltarían hasta tres alarmas sonoras: la de la Catedral, la del Archivo y la del control de seguridad. Además, se activaría de inmediato el sistema de extinción, un mecanismo que no emplea ni agua ni vapor para evitar daños en los volúmenes. "Es el que se utiliza habitualmente en los archivos", concluye el responsable de las instalaciones de la Catedral de Santiago.