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{RESEÑA MUSICAL}

Compostela Organum Festival

JOSÉ RAMÓN BALADO  | 26.08.2010 
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EL CANTO compendia en entrada y clausura del Compostela Organum Festival tras su despedida en las Vísperas para la Natividad de Nuestra Señora, solemnidad perteneciente a las Clarisas de Carrión de los Condes para llegar a manos de Bruno Forst, quien se interesaría por su recuperación, confiada en lo interpretativo a la 'Capilla de Extravagantes' y un apoyo instrumental de arpa, vihuela y bajón. Labor ampliada sobre la reconstitución de Viana Cadenas, con resultados sometidos a esa austeridad obligada en un 'Oficio' destinado a voces femeninas. San Paio disfrutó en esa obra reducida a la serie de Salmos un Himno Ave María Stella, un Magnificat y el Benedicamus dominio. Sobrecogedora lectura de un trabajo que invita a posteriores ejecuciones y la necesidad de su registro fonográfico. Intenciones similares, pudimos seguir en As Ánimas, en la presentación del ciclo estival, gracias a la Capela Compostelana de Miro Moreira con J. De Vaquedano como proa: tránsito de lo profano a lo divino, entre villancicos como Luces y cariños o Que le diré a esta bella zagala? y la Misa a 4 en lo que venía a ser su primera lectura pública; Hispaniae Lux sería el punto de apoyo, tomado de un motete de H. Bildstein.

En Santa Clara, Juan de la Rubia elaboraría sus improvisaciones en formas diversas. No faltaría así las imponentes 'batallas' de tempetuosa de atronadora evidencia. Obligado sería el órgano histórico ibérico e incluso, a mayores, una antífona Salve Regina, procedente de las américas; también Bach, con motivos de su Cantata BWV 140, Wachet auf, ruft uns die stimme y una solicitud de las monjas en la pieza Tota Pulchra est Maria. En pareja y en S.M. De Agros, la soprano Rosana Marreco, pondría colorido vocal asistida por el organista Marco Brescia; repertorio sacro luso-brasileño sujeto a la impronta de la influencia europeizante, desde barroquismos italianizantes al clasicismo vienés, observable en Baldi, Lobo de mesquita o Marcos Portugal. Una cantante de virtuosas coloraturas para cerrar en bís con una pieza sacra en su texto y sobre la cavatina de la celebérrima Una voce poco fa' de 'Il barbiere rossiniano. El fasto resonante en la Catedral, se le otorgaría al joven ruso Volostnov: la fina tracería en la fuga de la sonata de J. Rheinberger, daría paso al romanticismo del Andante de la Quinta de Tchaikowski , en una calibrad transcripción, puente directo a las renovadoras actitudes en el 'Perpetuum mobile'del contemporáneo Daivar Dianov.