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Decenas de pisos desalojados en el inicio de las fiestas estudiantiles

La madrugada del jueves fue muy ruidosa y la Policía solo pudo sacar tres patrullas // Cientos de universitarios preparaban ayer un gran movidón para la noche

FOTO: ECG
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A. CORDERO   | 14.09.2018 
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El inicio del curso universitario ha arrancado con fuerza, y no solo en las aulas. El ambiente nocturno ha recuperado el pulso y las noches de juerga recuerdan a la movida de los años noventa. El miércoles, los estudiantes celebraron el retorno a las clases con más fuerza que nunca y acabaron con las existencias de alcohol en los supermercados y abarrotaron pubs y discotecas de toda la ciudad. El epicentro de la movida, como es habitual, se situó en los pisos de estudiantes. Según fuentes de la Policía Local se desalojaron cerca de treinta viviendas.

Aunque no hubo que lamentar incidentes graves, la noche no fue sencilla para los agentes del cuerpo local. La escasez de efectivos y la ausencia de un operativo especial propició que solo tres patrullas -seis agentes- estuvieran de servicio durante la noche del miércoles. Un número que parece ridículo si se tienen en cuenta los miles de universitarios que tomaron las calles y que los efectivos tuvieron que atender las peticiones de particulares, vigilar que no se hicieran botellones en la vía pública y controlar que todos los locales cumplieran con la normativa.

Pese a haber sobrevivido a la noche del miércoles, ayer todo parecía indicar que de madrugada la situación empeoraría todavía más. Los supermercados volvieron a hacer muy buenas ventas de alcohol y desde primera hora de la tarde se pudo ver a decenas de jóvenes cargados con bolsas de cerveza, refrescos y otras bebidas alcohólicas. Normalmente, desde el cuartelillo de Santiago se diseña un dispositivo especial en el que a un turno normal se incrementan entre tres y cuatro patrullas. Sin embargo, ayer solo seis agentes -tres patrullas- de la Policía Local velaron por la seguridad de la capital gallega. Parece imposible que un número tan limitado de efectivos pueda controlar una noche de juerga, que por lo general incluye desde fiestas en decenas de pisos, botellones en la zona del Campus y posibles peleas o accidentes de tráfico. "Es imposible de controlar", manifestaba uno de los agentes, que, por razones obvias, prefiere quedar en el anonimato.

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