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TRIBUNA LIBRE

Dios llama a las naciones

JOSÉ FERNÁNDEZ LAGO  | 25.08.2019 
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EN MUCHOS PASAJES de la Biblia aparecen "las naciones" como los enemigos del pueblo santo. A ellas hay que corregir, de modo que, asombradas por la gloria de Dios, accedan entonces al Monte de la casa del Señor. Sin embargo en otros textos, como los más recientes del libro de Isaías, esas naciones se muestran como aleccionadas por algunos miembros del pueblo creyente de Israel. Llegará un momento en que Jesús anuncie la participación de esas naciones en la gloria de la Jerusalén celestial, pues, como dirá San Pablo, "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad".

La 1ª lectura, del libro de Isaías, proclama el proyecto divino de reunir a las diversas naciones de la tierra, convocadas por la palabra de los enviados desde el pueblo elegido, el antiguo Israel, que esperaba en el Señor. Entonces, se unirán a ellos los dispersos de Israel; y, junto con los que habían permanecido en la Tierra Santa y los convocados de todas las naciones, ofrecerán al Señor en su templo una ofrenda pura. De ellos escogerá el Señor sacerdotes y levitas como servidores suyos.

El Evangelio según S. Lucas recoge una pregunta que le hacen a Jesús, sobre si serán pocos los que se salven, y en seguida la respuesta del Maestro, animando a entrar por la puerta estrecha, pues son muchos los que entran por la ancha, que conduce a la perdición. Algunos llamarán a la puerta de la vida, y, al contestarles que no los conocen, serán echados fuera, a las tinieblas. Entonces tendrán envidia de los que llegaron de Oriente y Occidente y pasaron a gozar del banquete del Reino de Dios con Abraham, Isaac y Jacob y los profetas, mientras que bastantes de ellos son rechazados. Habrá muchos últimos que estarán de primeros, y viceversa.

El autor de la Carta a los Hebreos manifiesta que el Señor corrige a los creyentes como un padre a su hijo. Eso lo hace para orientar a los hombres al bien. Así, el que está necesitado, caminará por la senda llana y logrará, con la ayuda divina, la curación de sus males.

 CANÓNIGO LECTORAL